Y Dios salvó la radio

Las emisoras cristianas en la banda AM

Las emisoras cristianas en la banda AM (Impresa)

Solo en la banda AM de Bogotá hay 18 emisoras cristianas. Los contenidos son anticuados, sofocantes, machistas y excluyentes. Por otro lado, en Colombia existe la libertad de culto y expresión. ¿Qué hacer? ?El diablo nos ronda, señores.

Por: Lina Vargas

Fue en la noche del 24 de diciembre de 1906. Reginal Fessenden, prodigio en matemáticas, profesor de ingeniería y antiguo colaborador de Thomas Alva Edison, se encontraba en la estación de Brand Rock, en Massachusetts, cuando logró, a través de un transmisor de alta frecuencia, emitir la voz humana por radio. Aunque sin duda las predilecciones del profesor Fessenden se inclinaban hacia la ciencia –trabajaba para el Servicio Meteorológico de Estados Unidos y acababa de desarrollar el principio heterodino para producir audios– lo único que se le ocurrió en aquella ocasión, quizás llevado por los tiempos navideños, fue interpretar en su violín la cándida Noche de Paz mientras leía en la Biblia un pasaje del evangelio según Lucas. ¿Qué llevó al afamado inventor a convertir uno de los días más importantes de la radiodifusión en una prédica religiosa? ¿Acaso el espíritu decembrino? Como fuera, el episodio pasó a la historia como el primero de una larga serie de amoríos entre la radio y la palabra de Dios.

Un siglo después, una porción considerable de la radio colombiana pareciera acoger con firmeza la lección de Fessenden y dedicar gran parte de su espacio a la lectura de la Biblia, la sanación, los sermones y la promoción de valores que, incluso para comienzos del siglo xx, habrían resultado de un conservadurismo desmesurado. Tan solo en Bogotá, de las 30 frecuencias que existen en AM, 18 transmiten algún tipo de contenido religioso, casi siempre cristiano. A emisoras como Radio Auténtica, Red de Radiodifusión Bíblica, Vida AM, Radio Manantial, Radio Mundial, Nuevo Continente, JC Radio, MCI Radio y Dios es amor, se suman cadenas de reconocida trayectoria como Todelar y Radio Súper, que alquilan espacios a pastores y congregaciones religiosas en un negocio que les permite a los primeros salvarse de la quiebra y a los segundos, aumentar el número de seguidores.

Cualquier día de la semana, a cualquier hora, alguien puede sintonizar Radio Auténtica (540 AM) y escuchar declaraciones al estilo de: “Que nunca, Señor, el diablo nos vaya a confundir. Que nunca hagamos caso de un hereje. Por eso, necesitamos que el espíritu de Dios nos sature. Por eso la iglesia está abierta 24 horas. Por eso estamos de día y de noche a través de la radio y la televisión”. Si cambia el dial a Ecos de Colombia (1160 AM) entonces sufrirá con esta dura sentencia: “En cualquier debilidad, el enemigo dentra en el momento en que el hombre y la mujer pequen. La carne es débil y el diablo sabe hacernos caer. Él mira a esa mujer hermosa y no le importa que esté casada y se acuesta con ella. La mujer queda en su inmundicia. Se dejó llevar por la carne”. Y, como si todo hiciera parte de un mismo paquete, emisoras como Todelar mezclan la prédica con sesiones de esoterismo que venden por igual números de lotería y bebedizos para evitar enfermedades físicas y espirituales.

Las preguntas son evidentes. ¿Qué reflejan estos contenidos que, a todas luces, perpetúan una cultura de sometimiento, culpa y pecado? ¿Quiénes son esos casi 230.000 oyentes de emisoras cristianas en Bogotá –según el último Estudio General de Medios (EGM)– que, en pleno siglo xxi, sienten miedo a la anticuada figura del diablo? ¿Es un problema de educación? ¿No fue el papa Juan Pablo ii quien dijo que Satán estaba definitivamente vencido y que el cielo y el infierno eran estados del alma?

Luis Daniel Vega, periodista radial, lo define como una obsesión por afirmar que todos vivimos en pecado. “No hay una reflexión más profunda sobre los comportamientos humanos –dice Vega–. Es muy primitivo y apela a la ignorancia popular: ¿cómo salvarse? ¿Qué hacer para no morir en el infierno? Los contenidos son pobres, pero muy fuertes”.

Para Florence Thomas, coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad Nacional, este tipo de mensajes reafirman estereotipos tradicionales y manipulan a la población. Pero, más allá, lo que queda en entredicho es la laicidad del Estado colombiano, promulgada en la Constitución de 1991. “No hemos podido asumir nuestra laicidad y continuamos usando fórmulas religiosas como “Gracias a Dios” o “Si Dios quiere”. Por eso es tan complicado lograr un cambio cultural. Nos enseñan un pensamiento que no es crítico ni autónomo y en esas condiciones ¿cómo podemos hablar, por ejemplo, de derechos sexuales o reproductivos?”.

Paradójicamente, son esos derechos –también consignados en la Constitución– los que permiten casi cualquier contenido radial en nombre de las libertades de expresión y culto. Gabriel Gómez, periodista y antiguo subgerente de Radio de la RTVC, asegura: “Prefiero que haya basura a censura” y advierte que no podemos volver a los tiempos en que el Estado intervenía en la programación. “La oferta es abierta. La religión es un derecho y, si yo no lo comparto, nadie me obliga a oír esas emisoras”.

La palabra

Y, sin embargo, hay algo misterioso, una capacidad secreta que tienen los pastores para captar oyentes, incluso personas que no pertenecen a sus congregaciones. “Fuera de cualquier convicción religiosa, uno se engancha –dice Vega–. La sensación es extrañísima. Ellos parecen estrellas de rock y logran hipnotizar. Son unos oradores impresionantes. Saben cuándo subir el tono, cuándo bajar y cuándo gritar”.

Radio Auténtica hace parte de una de las cadenas cristianas más consolidadas del país, la Cadena Auténtica, con nueve emisoras y un canal de televisión que, a su vez, pertenece al Centro Misionero Bethesda, una congregación evangélica que cuenta con cerca de 140 sedes en Colombia y unos 200.000 fieles. Todo empezó en los años ochenta cuando el pastor Jorge Enrique Gómez, líder de Bethesda, antiguo practicante del ocultismo en su natal Ubaté y ex senador del partido Colombia Viva, compró la emisora Bogotá FM Estéreo 90.9 (hoy La Mega) a Efraím Páez Espitia. Unos años después, el pastor Gómez cedió su frecuencia a RCN a cambio de cuatro emisoras de AM, dos en Bogotá, una en Cali y otra en Medellín (aún hoy se desconocen los motivos que lo llevaron a aceptar una transacción tan poco rentable).

El pastor Gómez conduce el programa de oración Aposento Alto y su emisora, 540 AM, recibe pauta publicitaria de la DIAN, la Alcaldía de Bogotá, las secretarias del Distrito y Comcel. Además está la contribución de los fieles –que en una sola reunión de culto alcanzan los 18.000, cada uno con su diezmo– y el alquiler de espacios que como mínimo cuesta un millón y medio de pesos por media hora.

Otro de los emporios radiales pertenece al Sistema Vida Internacional de la iglesia Manantial, liderada por el pastor Luis Eduardo Cañas –locutor del programa El devocional– que en Bogotá tiene tres emisoras, un canal de televisión y un periódico. JC Radio, por ejemplo, está dirigida al público joven. Por las tardes transmite El parche que, al mejor estilo de Los 40 principales, cuenta con locutores jóvenes y frescos que, no obstante, difunden con fervor mensajes moralistas como: “El hombre que se acuesta con dos mujeres terminará durmiendo en una cama con los pies fríos”.

Contenidos en efecto pobres –pero dichos a gritos– sobre los que es difícil establecer un mecanismo de control –las sanciones del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones son usualmente técnicas o monetarias– lo cual, aunque es un avance en términos de represión y censura, deja irresueltas varias inquietudes. ¿Dónde está el equilibrio en el mercado radial colombiano? ¿Qué franjas se perjudican con este monopolio religioso? ¿Qué pasa con la radio informativa y de opinión? ¿Y con la diversidad cultural?

La agonía de AM

El auge de las emisoras cristianas tiene mucho que ver con la decadencia de AM, que pareciera ser tierra de nadie. Gabriel Gómez explica que hace cerca de 15 años comenzó la caída de AM, considerada una banda envejecida, con poca audiencia y altos costos. “Su tecnología no ha evolucionado –dice Gómez–, transmite en frecuencias muy altas y con mucha potencia. Y entre mayor potencia, mayor costo porque hay más gasto de energía”. Pequeños propietarios, pocas licitaciones y una competencia insostenible con las grandes emisoras de FM enturbian el futuro de AM.

Entonces, como caídos del cielo, los grupos cristianos tratan de salvarla. Y lo hacen con dos ases bajo la manga: dinero y audiencia. Carlos Ardila, periodista y locutor comenta: “Una frecuencia en AM debe rondar los 2.500 millones de pesos, así que para comprar dos frecuencias se necesitarían 5.000 millones. Para un grupo económico que requiere generar utilidades y presentar un delicado plan de negocio a sus accionistas, sería una jugada arriesgada. En cambio, para los cristianos se reduce a conseguir 50.000 personas que aporten 10.000 pesos mensuales durante un año”. Tarea fácil para las iglesias cristianas que mueven al menos un billón de pesos anualmente.

En cuanto a la audiencia, el EGM del año pasado registra que, mientras la emisora FM de mayor audiencia en Bogotá es Oxígeno con 641.000 oyentes, la emisora cristiana con mayor sintonía es Vida AM con apenas 49.000. Una diferencia considerable que no preocupa demasiado a la radio cristiana porque con ella funciona la llamada audiencia cautiva. “La emisora lleva a la feligresía al culto, el culto da oyentes a la emisora y crecen conjuntamente”, explica el periodista y ex senador Édgar Artunduaga.

De todas formas, los 230.000 oyentes sorprenden –eso sin contar las cadenas que alquilan espacios y dejando por fuera frecuencias católicas como el Minuto de Dios–. ¿Qué motiva a la audiencia? La respuesta tendría que ver con el carácter oral, didáctico y cercano de la radio que va muy en sintonía con la predicación de los evangelios, pero también con algo más profundo que define Gabriel Gómez como el miedo a la soledad: los cristianos ofrecen compañía a través de la idea de comunidad.

¿Por estar destinada al olvido, nadie controla la radio AM colombiana? Todo indica que no. Quizás, lo único que queda es la indignación ante programas como Mujer virtuosa, transmitido por 1160 AM y animado por dos pastoras. Al escucharlo uno se pregunta si hay alguna diferencia con las normas de comportamiento femenino del franquismo español. “La cabeza de nuestra familia debe ser el esposo y de él debe venir toda autoridad (…) El hombre que cuida su casa es el primero en diezmar (…) El hombre es la cabeza de la mujer (…) Nosotras no somos la autoridad, pero somos la cabeza espiritual de Dios”. Uno se pregunta si, en últimas, no hubiera sido mejor que a Reginal Fessenden nunca se le hubiera ocurrido transmitir Noche de paz.

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