Luz Mary Giraldo, Eduardo García Aguilar, y Piedad Bonnett

3 voces sobre Mutis

Piedad Bonnett, Eduardo García Aguilar, y Luz Mary Giraldo hablan sobre la importancia de la obra literaria del escritor colombano que murió a los 90 años en México.

2013/09/24

Por RevistaArcadia.com

Piedad Bonnett

Para mí lo más significativo de la obra de Mutis es su poesía, y dentro  de ella el  particular universo de las tierras cálidas, el trópico exuberante  que lleva en su interior una pulsión de deterioro y muerte. También la mítica figura de Maqroll, por supuesto. Y a mí me seducen poéticamente dos cosas: las atmósferas rancias, degradadas, y las extrañas señales que parecieran emanar de los objetos y las situaciones más cotidianas.

Mutis creó un mundo autónomo, original, sin equivalencia, así podamos señalar sus filiaciones. Y lo hizo con una palabra abundante pero no retórica, acorde a la realidad tropical que nombra, dándole un giro muy propio a la poesía de fuente surrealista que se estaba haciendo en América Latina. Todo esto es valioso.  Pero, sobre todo, su densidad y complejidad son inagotables.

Diría que su aporte más importante es la frontera en que se mueve, entre la poesía y la prosa narrativa, y la construcción de ese sugestivo personaje que es Maqroll el gaviero. Y me llama la atención que ese personaje exitoso y vital que fue Mutis escriba sobre un mundo que oculta un sentido trágico de la existencia,  vidas corroídas por el gusano de la enfermedad y la muerte.

Luz Mary Giraldo

Ya desde mediados de la década de los cuarenta y con la poesía, Mutis crea el tono poético cuyo tenor definitivamente narrativo se sostiene en toda su obra (poesía y prosa), así como el mundo que habrá de caracterizarlo siempre con la desesperanza y ciertos paisajes del trópico.

De la misma manera anticipa  a Maqroll el Gaviero, su alter ego, el  personaje que también sale de la poesía y vive en sus novelas, con el que se le identifica y sirve de puente entre el héroe moderno y sus aventuras,  y el antihéroe de la modernidad, peregrino infatigable sujeto a destinos menos felices y no representativos de las aventuras épicas.

Retomando tópicos de la literatura universal, sobresale el  arquetipo del Puer Aeternus (joven eterno) asociado a la aventura, al carácter lúdico y al vagabundeo de su personaje, cierta mitología nórdica y romántica que se percibe en la fascinación por buques fantasmas y situaciones misteriosas, así como la literatura de viajes y el diario de a bordo, además del clásico recurso del manuscrito hallado en una botella. En todos ellos muerte,  locura y erotismo están en juego,  y más allá de las aventuras y viaje por distintos lugares, se trata de búsquedas espirituales realizadas en un arduo y escéptico peregrinar.

En Mutis poesía y prosa van de la mano (hay poemas que prefiguran novelas o personajes de éstas): no hay frontera entre los dos géneros, pues no pasa de una forma a otra sino la una contiene a la otra. En ellas expresa al personaje y a los escenarios con los que ambienta el trópico que corresponde al sopor de una tierra y a ese particular lugar exuberante con platanales, cafetales y mujeres exuberantes de sus vacaciones de infancia, escenario y atmósfera que asocia a la posguerra y que define desde la desesperanza. Poco tiene que ver con nuestra historia de Colombia o de América latina, pues es más producto de la experiencia existencial europea y de las lecturas de sus autores de cabecera.

La desesperanza, fue definida por Mutis como una cierta lucidez con la que se acepta lo transitorio y lo intrascendente, ese “no esperar nada”, que caracteriza a Maqroll, el personaje que se le impuso como exigiéndole que lo dejara existir para  configurarse de una obra a otra hasta que escribe el ciclo y la saga, donde incluye además a su magnífico aliado Abdul Bashur y su hermana Warda y a su amiga Ilona.

Es importante destacar, también, el valor que le dio a aquello que deja constancia de la vida: eso que muestra las huellas por donde la vida misma ha ocurrido o ha pasado, la experiencia de deteriorarse y corroerse, de naufragar,  de ser “una fértil miseria”, asunto que lo hermana con su contemporáneo Héctor Rojas Herazo, quien se refirió a ella como “una solemne podredumbre”. Basta detenerse en uno de sus primeros poemas: La creciente, para ver la fuerza de la vida arrastrada por la potencia de la destrucción y la muerte. En ese poema ya está anunciado todo su mundo literario.

La obra de Mutis está remitida a la vida como lectura y a la lectura como forma de vida. De alguna manera, está relacionada con el sentido de El quijote: el lector que hace de la literatura su propia aventura y de la vida su propia lectura. Si bien su literatura está entre la tradición clásica y el pensamiento moderno, cabe decir que desde el punto de vista del estilo, tanto su gran poesía como sus novelas, muestran dominio del idioma, de la estructura, del lenguaje poético y de sus formas cada vez menos líricas, así como de las formas de la narración en las que el dominio del lenguaje y la concentración de los temas  aportan a los temas y problemas universales de la tradición moderna. Un riguroso dominio del lenguaje español y de los materiales literarios se entrecruza de una obra a otra como una red de relaciones en las que subyace el constante lector de obras y de la vida misma. Como Maqroll.

Eduardo García Aguilar.

"Su obra toda es un tratado de preparación a la enfermedad, la podredumbre y la muerte"

Bebedor de buenos whiskies, vodka, gin y explosivos cocteles, descreído de la humanidad, cultor de la "desesperanza", Maqroll el Gaviero, su personaje central, estaba siempre dispuesto a emprender con los hombres las más inverosímiles y peligrosas aventuras, en el límite de la ilegalidad, el deseo y la muerte, pero siempre protegido por mujeres halladas en el camino como Ilona, Flor Eztévez, Doña Empera y Amparo María.

A Mutis lo conocí en México cuando estaba a punto de jubilarse hace ya más de tres décadas y emprendía con el ímpetu de un joven la obra narrativa que lo catapultaría a la fama y lo llevaría al Premio Cervantes.

Alto, fuerte, de cejas pobladas de levantino y vozarrón de locutor que llegó a ser el relator de la serie Los intocables, era de una fuerza inagotable como sus ancestros, los Mutis de Cádiz y los Jaramillo de Manizales.

Una tras otra, desde su biblioteca en la casona de San Jerónimo, al sur de la capital mexicana, salieron La nieve del almirante, Un bel morir, Ilona llega con la lluvia y otras obras de la saga Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, ante el estupor de sus amigos, entre ellos su casi hermano y vecino Gabriel García Márquez.

Durante años, al calor de los whiskies en el estudio gobernado por fotos de Felipe II, Baudelaire, Proust, Luis Cardoza y Aragón, Joseph Conrad y una estatuilla del capitán Cuttle de Dickens, entre otros fetiches, aprendí a conocer a esa fuerza de la naturaleza, un "roble" que sabía "el fin ineluctable" y cuya obra toda es un tratado de preparación a la enfermedad, la podredumbre y la muerte. De esas conversaciones con él salió Celebraciones y otros fantasmas. Una biografía intelectual de Alvaro Mutis. (TM editores 1993).

Como locutor, funcionario de terreno de aerolíneas, empresas petroleras o multinacionales cinematográficas, su vida fue un viaje sin fin de hotel en hotel y de avión en avión, con una sucesión de amigos a los que fue leal.

Por eso dijo que "la única manera de vencer el tiempo y lograr vivir un mundo válido es preservando la niñez. La amistad es la prolongación de esa disponibilidad de la infancia". Fue un gran amigo de sus viejos amigos y muy generoso con los escritores jóvenes, a quienes trataba bajo la pasión literaria como si no los separaran décadas de tiempo.

Ahora que sigue su viaje en otras naves y otros mares, sus lectores y amigos lo seguirán buscando en sus libros, pero ya no escucharán su voz inolvidable llamándolos desde la otra esquina para invitarlos a soñar en barcos, mares y reinos perdidos.

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