Adios a un ídolo

Adios a Cerati

El ídolo de millones de latinoamericanos, de dos generaciones que crecieron oyendo su voz singular y única, murió esta mañana en Buenos Aires tras cuatro años en estado de coma.

2014/09/04

Por RevistaArcadia.com

Si alguien escuchó su voz por primera vez en los años ochenta podrá estar de acuerdo en que Gustavo Adrián Cerati Clarck (Buenos Aires 11 de agosto de 1959- 4 de septiembre de 2014) era una de las más singulares de la historia del rock en español. Soda Stereo fue una irrupción extraña en medio de una rica tradición rockera como la argentina, que ya tenía entonces entre sus ídolos a Charly García y Luis Alberto Spinetta. La banda se adelantó a movidas que, con los años, se convertirían en ley: el synth pop, el post punk. Era evidente la influencia de grupos como The Police, The Clash y el glam de la década anterior, pero cantada en español, por un Cerati –en compañía de Charly Alberti y Zeta Bosio—convencido de que su generación estaba ansiosa de revulsivos.

 Corría 1982, el punk había muerto, y Argentina se enfrentaba a un tenso momento tras una dictadura militar que la ahogaba. Cerati estudiaba publicidad en la Universidad del Salvador, al tiempo que buscaba alternar con bandas como The Morgan, Stress, Sandra Baylac, o el proyector Erekto, en compañía de Andrés Calamaro. Para entonces aparecerían sus dos colegas con quien conformó en principio una banda llamada Los estereotipos. Cerati desde entonces era un hombre inquieto, más que un tipo con influencias anglófonas y raros peinados nuevos. Era un lector que confiaba en que la potencia de su música podía estar acompañada de buenas letras, hecho que comenzó a destacarlo por encima de los demás. En 1984 grabaría con Soda Stereo su primer disco titulado de manera homónima. Se trató de un trabajo repentista, que además de temas que se convertirían en himnos sentimentales de una generación como “Trátame suavemente”, tenía humor y cierta inocencia y una evidente dosis naif en canciones como “¿Por qué no puedo ser del JetSet?” o “Te hacen falta vitaminas”.

Eduardo Arias, músico  y periodista, cree que Cerati fue “uno de los primeros guitarristas en el ámbito latinoamericano que empezó a aprovechar los efectos de los pedales; hacía pausas largas y producía atmósferas, era un tipo muy hábil que usaba el virtuosismo solo para lo necesario. A partir de Signos, su tercer álbum, probó que era experimental de verdad: tenía una vida paralela muy interesante: de gran público con Soda por un lado, y por el otro apoyando grupos underground como Fricción y movidas electrónicas”.

Tras dos álbumes que, al decir de Arias “no soportaron el paso del tiempo” –el mencionado Soda Stereo y Nada personal--, Signos supuso un antes y un después para todo un movimiento con grupos más comerciales o famosos como Los Toreros muertos o Los prisioneros. “Cerati y Soda le abrieron la tierra a mucha gente, sin Soda no hubieran existido un montón de cosas en Colombia. El público rockero entendió que si se podía, que Soda Stereo mostraba que se podía hablar de lo sencillo a pesar de lo enredado de sus letras. Influyó a mucha gente en este país como a Compañía ilimitada u Hora Local. Soda trajo a The Cure, y a The Police a América Latina”.

Líricas algo crípticas, paisajes mentales, imágenes que probablemente venían más de la literatura alucinada que de la denuncia social comenzaron a poblar las preocupaciones de un Cerati que sería definitivo en la concepción de un grupo que haría historia en América Latina. Álbumes como Doble vida (1988), Canción animal (1990), Dynamo (1992) y Sueño Stéreo (1995) siempre lo mostraron como un pionero; como alguien que entendía la música más allá de las modas pasajeras.

Quizá por ello, el sueño estéreo de Cerati, Alberti y Bossio, terminó con dos conciertos históricos en el Monumental de Buenos Aires, que resumen la historia de uno de los más grandes grupos del rock en español. Con todo, la voz de Cerati siguió siendo asociada a la banda cuando emprendió sus proyectos en solitario. Aunque había hecho un receso en paralelo con Soda, llamado Amor amarillo, en compañía de Daniel Melero, desde mediados de los noventa su talento se probó en diversas versiones: de lo electrónico a lo sinfónico.

A los cincuenta años, Gustavo Cerati estaba en un momento de plenitud vital y musical único y entonces padeció un terrible accidente cerebro-vascular que lo dejó en estado de coma, en un concierto en 2010, en caracas. Había regresado con Soda tres años antes, en 2007, en una gira exitosa para hacer las paces con el pasado. Ganador de numerosos premios, padre de familia, hizo lo que cualquier músico hubiera soñado: entender que un artista es la conciencia incómoda de una época. Hoy, millones de sus seguidores lo recuerdan. Y se vienen a la cabeza fragmentos de sus letras que fueron el testimonio de un hombre que vivió a profundidad cada uno de los segundos de su vida: “Mar de fondo, no caeré en la trampa. Llámame pronto, acertijos bajo el agua. Si algo cedes, calmaré tu histeria. Con los dientes rasgaré tus medias”.

 "Signos" . Álbum Signos, 1986.

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