Manuel Marulanda recorriendo las calles de San Vicente del Caguán. Foto: León Darío Peláez

La historia de las FARC, en canciones

El disquero santandereano Alirio Castillo recorrió las zonas más afectadas por el conflicto armado para el más reciente volumen de su antología musical ‘Corridos prohibidos’. A diferencia de sus demás compilaciones, en esta solo hay un protagonista: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

2016/07/13

Por Christopher Tibble

Corría 1996 cuando, durante un viaje en carro a Chinauta, Cundinamarca, el disquero Alirio Castillo escuchó por primera vez la canción ‘Cruz de marihuana’, del grupo Los Exterminadores. Se trataba de un narcocorrido, aquel género que se popularizó en México en los años ochenta y en el que se cantan las hazañas de narcotraficantes, con sus lujos y riesgos, su atractivo criminal, su resistencia al Estado de derecho.

“Mi amigo sacó una cantidad de casetes, empecé a colocar canciones y de repente sonó esa, muy distinta a las de Los Tigres del Norte. De una vez llamé a Los Ángeles y compré los derechos por cinco mil dólares. Saqué la canción  en mi primer álbum como disquero independiente, y así me encarrilé en el proyecto de los corridos”, dice por teléfono Alirio, quien desde entonces ha publicado 16 volúmenes de se su ya famosa antología ‘Corridos Peligrosos‘. Su último volumen, lanzado hace pocos días, se concentra en la historia de las FARC.

Por la coyuntura que atraviesa el país, a punto de firmar el acuerdo de paz con la guerrilla, la temática elegida para su última recopilación ha causado cierta polémica. Y Alirio es consciente de eso. “Son temas delicados los que trato, pero no tomo partido en el conflicto. Eso sería un error. En cuanto a las FARC, hablo de ellos, pero los trato como criminales, porque lo son”. Para el disquero, quien compone las canciones a cuatro manos con los artistas que las interpretan, los corridos peligrosos no pretenden hacer una apología de los criminales, sino contar la verdad. “A la gente de los pueblos les gustan estas canciones porque no tienen otra manera de expresar lo que piensan, lo que saben, y por eso se sienten identificados”, dice.

Y es justamente en los pueblos donde Alirio ha hecho carrera. Desde hace por lo menos 25 años recorre los departamentos del país como un pararrayos, atento a lo que circula, dispuesto a canalizarlo en sus canciones. Sus recorridos -en flotas, colectivos, chalupas y ahora en un carro modelo 96- comenzaron en el Caquetá, “el más complicado”. Luego el disquero empezó a viajar por el Huila, el Tolima, y así lentamente conoció todas las regiones del país. En cada pueblo, según su costumbre, busca la estación de radio y en caso de que no haya una se dirige a la miscelánea, donde siempre le compran discos.

“Los pueblos son mi fortín. A ellos les debo el éxito de los corridos y de todo lo que me he inventado, que no es mucho pero sí efectivo. Resulta que las compañías disqueras se acostumbraron a promocionar su material en ciudades, pero si uno va a trabajar música popular tiene que hacerlo desde afuera hacia adentro, de los pueblos a las ciudades”, dice. En todos estos años, y sin importar la afiliación política de la región donde se encuentre, Alirio nunca ha tenido problemas serios, si bien una vez fue amenazado por las autodefensas. Que no haya sufrido ningún percance se debe más su meticulosa rutina que al contenido de sus canciones: el disquero llega a los pueblos sin anunciarse, nunca menciona cuál será su próxima parada, no permanece demasiado tiempo y evita llamar la atención. “No hay que dar papaya”, dice.

Alirio Castillo. Foto: Guillermo Torres.

Según Alirio, este volumen, que incluye canciones dedicadas tanto al Monojojoy como a algunas de las atrocidades que ha cometido las FARC, ha suscitado dos reacciones: “Cuando salió, hace como unos 20 días, fui al Magdalena Medio para medir el pulso de la reacción. Percibí que las canciones generaban sobretodo temor y respeto, pero cuando le explicaba a la gente de qué trataba, la cosa cambiaba. Se mostraban más frescos, incluso dispuestos a entrevistarme, así no difundieran las canciones”.

Que lo rechacen de vez en cuando, sin embargo, no lo molesta, pues está convencido de que su más reciente trabajo es la banda sonora del conflicto armado. Como le dijo a la revista Semana, “a un país que sufre de amnesia es bueno recordarle qué hizo esa organización criminal”.

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