Teatro Libre de Bogotá. Foto: Daniel Mendoza

Los teatreros se alzan en almas

¿Qué hay detrás de la iniciativa de 68 teatros para reunir los recursos que no recibirán este año dos de los teatros emblemáticos del país? Arcadia conversó con tres de los involucrados en la discusión.

2016/06/08

Por RevistaArcadia.com

Salas Concertadas es el programa mediante el cual el Ministerio de Cultura apoya al teatro nacional. Bajo una serie de categorías y mediciones, el Estado reparte montos de hasta 33 millones de pesos. Este año, el Teatro Libre de Bogotá y el Teatro La Candelaria, ambos considerados históricos, quedaron por fuera de la convocatoria. Sus documentos de aplicación fueron rechazados por falta de firmas en algunos documentos.

‘Alzados en Almas y Desconcertados’ es una iniciativa que alude al malestar que ha generado entre los teatreros el impasse burocrático. Conformada por 68 teatros, busca reunir los recursos que este año dejarán de recibir dos de los teatros más relevantes del país. El 30 de junio, los adheridos realizarán una función pública para destinar el 100% de la taquilla al Libre y a La Candelaria, este último que además celebra sus 50 años.

El martes 7 de junio, en el marco del Foro de la Cultura organizado por la revista Semana, Sergio Restrepo, director del teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín, repartió la misiva que expone la iniciativa de Alzados en Almas, que por redes se mueve con el hashtag #AlzadosEnAlmas.

Se lee en la misiva: “Pedimos al Ministerio de Cultura, a su Dirección de Artes y al Área de Teatro y Circo compensar de alguna manera económica este recurso a los grupos, y reconsiderar la necesidad de que estos grupos históricos tengan que presentarse cada año a las convocatorias para acceder a los recursos, que por historia y derecho ya deberían ser suyos con una validación y revisión en períodos no menores a 4 años”.

Restrepo no considera que haya un trasfondo de mala voluntad por parte del ministerio: “las normas son las normas y hay que cumplirlas. Aceptamos que el ministerio nos excluya, pero no puede ser que un teatro de 50 años y otro de 43 se queden por fuera del subsidio por falta de una firma y que cada año se tengan que presentar por un monto de 33 millones de pesos”.

María Beatriz Canal Acero, vocera y directora ejecutiva del Teatro Libre de Bogotá, coincide en algunos puntos con Restrepo, pero mantiene una posición enfática respecto a la forma en que se reparten los subsidios de la cartera de cultura.

Sobre la controversia que rodea al Teatro Libre al quedarse por fuera  del estímulo de Salas concertadas, Canal considera que es un simple error procedimental. “El ministerio determinó los procedimientos y creo que hay que cumplirlos. Ellos evaluaron que no habíamos cumplido, pues el documento aparece sin firma, y yo personalmente vi la carpeta sin las firmas. Estamos muy agradecidos con toda la solidaridad que hemos recibido de las demás salas. Simplemente no queremos cuestionar al ministerio, porque no tenemos elementos para hacerlo. La falta de una firma puede parecer poco trascendental, pero en el caso de La Candelaria y el Libre lo que faltó fue la firma del contrato y eso está catalogado por los reglamentos del Ministerio como causal de rechazo”, concluye.

¿Debería existir algún tipo de deferencia para los teatros que cumplen con ciertas características de relevancia histórica?

Canal considera que podría ser una medida arriesgada: “Estamos hablando de recursos públicos y tal vez mi experiencia en este sector (como secretaria general del Ministerio de Cultura durante el gobierno de Uribe) me permite hablar con conocimiento. El presupuesto de todas las entidades públicas es anual y debe ser adjudicado o distribuido de manera transparente en el que tiene que mediar un proceso de selección. Siempre. No tengo nada en contra de este modelo, porque modificarlo sería modificar la ley general de presupuesto. Antiguamente, antes de que este modelo existiera, los recursos se entregaban a dedo. Y no había recursos para salas concertadas”.

César Badillo, del Teatro la Candelaria, opina diferente: “El gobierno financia el 30 por ciento de nuestro grupo, y eso tiene que ser así. El otro 70 por ciento lo tenemos que buscar por otro lado. La Candelaria gasta 350 millones de pesos al año. La ayuda de Salas Concertadas es una parte que nos impulsa a buscar el resto que sale de taquilla, venta de funciones en el exterior y a nivel nacional. Dentro de la ayuda del Estado también esta lo que Idartes aporta acá en Bogotá, unos 82 millones. O sea que entre Idartes y el Ministerio de Cultura aportan un 30% fundamental que este año está en riesgo”.

Badillo considera que sí debería existir algún tipo de deferencia con los teatros históricos, como que por lo menos no tengan que aplicar cada año para recibir el apoyo del Estado.

La cultura en tiempos de paz

La discusión trasciende el tema de las firmas y deja en evidencia una preocupación mayor sobre el tema del presupuesto asignado a la cultura y cómo se verá afectado por el proceso de paz y su urgente necesidad de recursos. En 2015, por ejemplo, por primera vez en la historia de Colombia el Ministerio de Educación tuvo más presupuesto que el de Defensa. La cartera de cultura, sin embargo, no solo ocupa el último puesto entre los ministerios en materia de presupuesto, sino que además sufrió un recorte del 13 por ciento este año.

Canal habla con temor de una nueva posible reducción del presupuesto de cultura para el próximo año: “Eso fue lo que me expresaron en el ministerio, que habría reducción en 2017 porque los acuerdos de paz demandaban demasiados recursos del Estado. Los que le asignan al Ministerio de Cultura tienen varios destinos: para infraestructura, construcción, reconstrucción, remodelación, que son completamente distintos a estos de las salas concertadas. Digamos que la gama del sector cultural es demasiado amplia, entonces cualquier peso es muchísimo. Cualquier recorte o peso adicional tiene un impacto muy grande”.

 

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