Ángel Loochkartt en su estudio

“Cada una de mis obras nace como un Big Bang”

El artista Ángel Loochkartt es un hombre sensato. Frente a la polémica con su exposición en el MAMBO, que se inaugura hoy, prefiere la compostura. Pero frente a su arte, o a los hechos coyunturales, sus palabras adoptan el peso de alguien con una profunda convicción.

2016/08/25

Por Santiago Serna Duque

¿Es verdad que el culpable de su viaje a Italia para estudiar pintura es su dedo?

Eso es verdad. Cuando le dije a mi padre que quería estudiar pintura, él me respondió: "no te vayas a quedar pintando casas", así que cogió un mapamundi, lo giró, y me dijo: "pon el dedo", y ajá, pues el dedo escogió a Roma. En la Academia de Bellas Artes de Roma presenté un examen muy riguroso de psicología, psiquiatra y finalmente de habilidad. La que me examinó, tras ver los resultados, me dijo: "usted no está bien para hacer cursos, por sus virtudes prepárese para entrar a un postgrado". Tras unos meses en la academia, el maestro Ferruccio Ferrazzi encontró fallas en el dinamismo de mi trabajo, así que me puso como tarea pintar diariamente animales en el zoológico. Gracias a eso mejoré mi trazo.

Fueron 6 años itinerantes entre Italia y Colombia, ¿porque decidió transportarse en barco y no en avión?

Escogí el barco semicarguero porque estaba obligado a parar en varias ciudades antes de llegar al destino. En esos parajes yo me bajaba y aprovechaba para conocer los museos. Para mí los museos son el gran maestro, pues es el lugar donde me involucro directamente con cada pintor descubriendo la luminosidad, la opacidad, la atmósfera, la textura, la composición, la transparencia y tantos elementos de cada uno. Cuando hay un elemento correspondiente a esos pintores que se enuncia en mi obra, no tengo problema en mencionar su influencia. Además, disfrutaba mucho de buscar a Venus en las noches estrelladas mientras el barco cabeceaba de popa a proa, de babor a estribor, debido a la feroz marea.

¿Esa vida errante entre ciudades interfería su pintura?

Sí, claro. En el caminar por esas calles y puertos hallaba elementos de confrontación, de referencia que avivaban mi intuición. Creo que soy más intuitivo que inteligente, por eso en algunos ciclos de mi pintura me inspiraba en hechos mundanos como las mujeres que se dejaban el copete de Alf en los años ochenta, o aquellas que se sentaban mal cuando utilizaban falda. Siempre me ha gustado explorar actos al parecer intrascendentes.

Después de formarse académicamente en Europa, usted alega que su verdadera esencia es la del sur desmesurado, ¿a qué se refiere con eso? 

Yo verdaderamente he repetido muchas veces que no tengo norte, mi esencia es el sur, y con sur me refiero a Latinoamérica. En este espacio orbital somos afines en muchas cosas, entre ellas, el pensamiento poético que nos une, alejado del pragmatismo del norte, más frio y calculado. Mi mirada está aquí, enclavada en las etnias y las costumbres populares como el Carnaval de Barranquilla, donde se refleja la identidad y la pureza del ser latinoamericano. Yo al carnaval lo elegí como la paleta cromática más grande que hay.  

Y con esas ideas claras en su cabeza, ¿qué pasa cuando se sienta frente al lienzo en blanco?

Cada obra nace como un Big Bang. No pinto bocetos. Primero veo una mancha donde no se ve nada, después se van aproximando formas, valores, conjuntos, integrándose hasta formar las relaciones compositivas, donde finalmente la entidad de los elementos emerge hacia el plano visual. Esa vaina es como un milagro, como una epifanía.

En la obra de Alberto Giacomentti, por ejemplo, el cuerpo es reinterpretado con extrema delgadez. ¿Cómo interpreta la potencia física humana en su obra?

Los artistas exploran un elemento que les interese, y en mi caso es la figura humana. Para mí, uno es quien da la pauta al contexto en el que se mueve. Te pongo un ejemplo. Cuando Oscar Figueroa levantaba las pesas yo me enfocaba, más allá de la medalla, en la corporeidad de su organismo: el peso, el volumen, las inserciones, las articulaciones, la armonía, la estatura, el carácter. Eso me cautivó. Es así como por medio de la observación cada individuo le da un significado a su espacio y se aproxima a nuevas lecturas. 

Pasando a la polémica con el MAMBO, ¿no cree que el último piso de este edifico es un espacio insuficiente para exponer su obra?

(Risas). Bueno, ellos también tienen unos compromisos con otros artistas y pensaron que para una exposición antológica era espacio suficiente, pero mi obra abarca mucho más que las pinturas del Carnaval de Barranquilla. 

En uno de sus ciclos usted retrató a la comunidad transexual. ¿Qué opinión tiene sobre la marcha en contra de los supuestos folletos homosexuales entregados en instituciones educativas por el Ministerio de Educación?

A mí me parece que la educación depende de los parámetros familiares. Cuando el muchacho va formándose hay un despertar en la pubertad, él tiene ciertas tendencias y necesita un guía familiar entendido o un profesional para que enrumbe la naturaleza de este niño o niña.

¿Pero usted cree que se puede aprender a ser homosexual?

Es una tendencia que se puede dar y puede contagiarse, porque a veces el muchacho no puede definir qué comportamiento tiene. Tú eres hombre porque verdaderamente tienes un órgano sexual que te define. Ahora, como dice el Papa, quien soy yo para reprochar una tendencia sexual. Ese tipo es un sabio.   

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