Morales ha ganado el premio Simón Bolívar, el India Catalina, el Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá y el premio nacional de cuento. Foto: Diana Rey.

“La única respuesta del uribismo al humor es la calumnia y el insulto”

A propósito de su participación en Indignados Social Club, una nueva sátira a medio camino entre una obra de teatro y un stand-up, hablamos con Antonio Morales, quien se consagró en la cima del humor político colombiano como el libretista de Jaime Garzón en el noticiero Quac.

2017/02/07

Por Daniela Hernández

Antropólogo y periodista, Antonio Morales se ha dedicado por más de cuarenta años a narrar el país desde un humor mordaz. Con el poder como objeto de sus dardos satíricos, el creador y libretista de Gordofredo Cínico Caspa marcó un hito en la historia de la televisión colombiana junto a Jaime Garzón, excepcional intérprete de sus personajes. Su crítica áspera ha dejado rastro en crónicas, columnas, cuentos y noticieros de los medios más importantes del país.

Este 8 de febrero, en el Teatro Cafam de Bellas Artes, el periodista debutará como maestro de ceremonias en Indignados Social Club, un formato que reúne elementos dramáticos del teatro y del stand up comedy para hacer “una sátira con mucho humor y sin rodeos”, sobre los arquetipos de seres humanos en nuestra sociedad. La inclusión de Antonio Morales en la obra busca dar un tinte político.

Con sus posturas innegociables, una de las mentes más ácidas del humor político en Colombia se refirió a la necesidad actual de democratizar la prensa. Además, a partir de su experiencia como YouTuber desde mediados del año pasado, habló con nosotros sobre los peligros de una era información frágil y excesos de opinión: “No creo que la abundancia y la capacidad de influencia de las redes conduzca a nada distinto que la ignorancia”.

¿En Indignados Social Club evitan hacer acusaciones directas a personajes de la escena política colombiana?

Si uno puede decir que el mayor fanático que hay en Colombia es Alejandro Ordóñez, el exprocurador, yo lo digo abiertamente y lo sostengo. Sin embargo, hay una especie de blindaje ante las posibilidades de censura o acciones judiciales sobre el texto, pero en el fondo no creo que a la mamadera de gallo, que es ficción, le vayan a poner una demanda. Sí han matado en Colombia por mamar gallo, pero no creo que este sea el caso.

El tono contestatario y crítico, siempre hilado desde el humor, ha sido una constante en su ejercicio periodístico, ¿cómo define ese estilo?

Durante los primeros veinte años de trabajo la crónica fue mi género y mi estilo. Posteriormente entré en un universo totalmente distinto, el de la televisión. Mi estilo en ese momento pretendía ampliar la democracia informativa en Colombia. Digo pretender porque eso no lo hemos logrado. Ahora, lo que pretendo es visibilizar procesos que no son visibles por la prensa y abrir espacios para que haya más voces de expresión democrática en el espectro de la información en Colombia.

La realidad social y política de Colombia es desconcertante y, en general, los medios le dan un tratamiento en que que se impone la seriedad, pero usted decide abordarla desde la comedia. ¿Qué licencias periodísticas le da el humor?

Las licencias que tenemos en un programa como el que hago en YouTube, Café picante, o acá, en Indignados Social Club, son de la ficción. Es decir, teóricamente esto no existe, nadie te puede pedir que rectifiques un texto. Guardadas las proporciones, sería como rectificar El Quijote porque es una creación literaria, dramática y escénica.

Los dardos y las flechas que puede producir el humor en todas sus versiones, en la caricatura, la paradoja, la exageración o la sátira tienen la fortaleza de la risa. Cuando tú expresas una idea por el camino de la seriedad, se fija al entendimiento y a la conciencia de otras personas. Pero cuando a la misma idea le agregas el contenido subjetivo de la risotada, es un golpe directo a la memoria y a la conciencia. El humor político tiene esa ventaja: que sintetiza las realidades sobre las que uno puede ser crítico pero les manda un impulso grandísimo al mensaje porque te produce risa, y la risa es un elemento fundamental de la existencia.

¿Se construye haciendo humor?

Pienso que el humor político y el de opinión, en una inmensa proporción, tienen que ser profundamente destructivos. En general, en la caricatura y en la sátira es muy difícil hacer construcciones, es más fácil hacer desagregamientos. El humor es vergajo, pero es constructivo en un único sentido: el entendimiento y la identidad con determinadas posibilidades de humor político generan conciencia, y evidentemente, el ladrillo fundamental de la construcción es la conciencia, tanto individual como colectiva. Solo así se construye desde el humor, al quitar velos, al quitar telones.

¿Hay censura en el humor político?

Sí, he tenido momentos de censura. Yo trabajaba como libretista en Los Reencauchados, de Caracol, y me censuraron. Me dijeron que no escribiera lo que yo libremente quería escribir porque había que favorecer al señor Álvaro Uribe, entonces yo qué hice: pues renuncié.  El director de ese programa quería que yo escribiera como él entiende la política y no como yo quería hacer la crítica, entonces sí hay censura. En YouTube no. Ahí tú dices lo que se te da la gana.  Me imagino que si te pasas de revoluciones te cierran el canal, pero no creo. Y en esta obra no, porque todos tenemos un tipo de espíritu crítico similar, sin habernos conocido antes.

A lo largo de su ejercicio periodístico usted se vio enfrentado a amenazas graves a causa de su posición crítica. En YouTube, si bien no hay censura, ¿han continuado esas amenazas?

Siempre las hacen. Como he asumido unas posiciones críticas y soy un periodista independiente con respecto a eso que llaman la prensa hegemónica, siempre me han agredido e insultado. Ahora las amenazas de muerte son muy relativas: por ahí locos en Twitter que te amenazan y entonces toca llamar a la fiscalía.

Lo que sí me parece indignante  es la capacidad de insulto y la ausencia absoluta de argumentación de algunos sectores de la vida política nacional frente a los cuales yo soy antagonista: la extrema derecha colombiana y el uribismo, cuyas únicas respuestas son la calumnia y el insulto. Uno trata de argumentar con esa gente, y en un momento dado vienen las groserías y la amenaza.

¿Cuál es la proporción de amenazas que recibía cuando estaba en canales abiertos, frente a las que recibe ahora por medio de estas plataformas digitales?

Son menos, sensiblemente menos. Tal vez por una razón: la penetración mediática de un canal abierto de televisión, a pesar de la evolución del internet, sigue siendo muy grande.Un Youtuber llega a tener 250.000 visualizaciones en un video, mientras que un noticiero de televisión con diez puntos de raiting tiene cuatro millones de televidentes. En 1999, cuando más fui víctima de amenazas de muerte y me tocó irme del país tras el asesinato de Garzón, mi amigo, yo trabajaba en Caracol Televisión haciendo una serie de documentales. No solamente eran amenazas. Había estructuras que estaban en torno a mí que me iban a joder, entonces me fui.

¿Por qué siguió en el periodismo a pesar de tener que abandonar el país para salvar su vida cuando tocó fibras sensibles del poder?

Primero por necesidades de sobrevivencia económica. Yo no sé hacer nada distinto a hacer televisión y escribir. También seguí porque estaba picado por quienes pretendían silenciarme, a veces por amenazas y a veces por otro tipo de prácticas; y sigo en la medida que tengo la necesidad de expresarme y confontar. No solo he sido víctima de amenazas sino de calumnias, de falsas denuncias, de injurias profundas durante meses y ahí estoy. Generalmente salgo renovado e inocente de todas las culpas que se me pretendían echar, como también soy inocente de lo que me acusaban quienes me perseguían de ser miembros de los grupos terroristas, o de la insurgencia. Yo lo fui pero en otras épocas, claro que eso también se lo cobran a uno.

En muchas ocasiones usted se ha referido a la manipulación informativa que hay en los medios actuales a causa de los intereses personales de sus dueños. ¿YouTube puede ser la salvación para esos males que padece el periodismo actual?

Sí y no. YouTube y otros fenómenos de internet son vehículos sobre los cuales se puede construir, a veces dentro de la marginalidad y a veces dentro de la eficiencia y el profesionalismo. Lo que a mí me parece es que debe haber una evolución, no de la propiedad de los medios de comunicación en Colombia, sino de la posibilidad de existencia de medios de comunicación en los que quienes tengan la capacidad de expresarse y asumir posiciones no sean exclusivamente los cuatro grupos que manejan fundamentalmente la economía y el destino del país.

¿Cómo lograr una apertura mediática como la que plantea?

Eso implica una democratización de los medios de comunicación, lo cual no quiere decir que uno pretenda establecer leyes de prensa como las que hay en Ecuador. El Estado colombiano debería garantizarle acceso a unos sectores que nunca han tenido la posibilidad de tener la propiedad de medios de información, y de medios de general. Esta garantía se da mediante la apertura de más canales de televisión y, sobre todo, con la financiación para la perdurabilidad de esos medios a través de la pauta oficial.

Si los principales medios del país se sostienen, en gran medida, gracias a los grupos económicos que nombra ¿Cómo garantizar la sostenibilidad de medios emergentes?

Eso lo puede reglamentar el estado con sus propios recursos. No sé cuántos centenares de miles de millones de pesos invirtió el gobierno de Santos en la propaganda del proceso de paz y de la prosperidad democrática, que no critico. Se entregaron solamente a unos medios porque no existen otros.

El compromiso sería que se funden medios de comunicación competitivos; nada de marginalidad y paginitas por ahí. ¡No, noticiero de televisión!, que es de lo que más presencia tiene. Y que el estado garantice publicidad para eso con comerciales, así como se la garantiza a los otros. Uno no se puede meter con la empresa privada, pero el estado sí tiene  una obligación de ampliar la democracia informativa, sin eso no va a haber paz.

¿Ser un youtuber es rentable?

YouTube es un negociazo para sus dueños porque finalmente uno marca, marca y marca y después de doscientas o cuatrocientas mil visualizaciones le salen con cien dólares, y ello sí meten la publicidad.

¿Qué oportunidades encuentran las nuevas generaciones de periodistas en estas plataformas?

La cuestión es más compleja: es tan amplio el universo de oportunidades que ya no se necesita ser periodista para poder hacer periodismo en YouTube, y mucho menos opinión. Los políticos opinan, los toreros opinan, todo el mundo opina.

¿Qué implica este exceso de opinión?

Es un claro problema pero no se puede censurar ni criticar. Entre más libre y amplia sea la información, mejor. Sí necesitamos una información independiente y crítica de mucho más corpus informativo, de mucho más volumen; mucho menos frívola y menos dedicada al enfoque de la crónica roja, como los noticieros de televisión, y muchísimo menos dedicada a la  manipulación política que se hace desde los medios electrónicos.

Es el medioevo, de alguna manera. Estamos entrando a una época de oscuridad en medio del mayor brillo comunicativo. Es tan frágil la buena información, que tiende a desaparecer. Cuando desaparecen los libros, como en el medioevo, porque se quemaron, como lo haría Ordoñez; desaparece la cultura. Soy hiperpesimista. No creo que la abundancia y la capacidad de influencia de las redes conduzca a nada distinto que la ignorancia.

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