Artistas en la exhibición: Klee, Beckmann, Dix, Kirchner y Ernst

Arte degenerado: por qué Hitler odiaba el modernismo

La semana pasada se reveló el hallazgo de más de 1.000 obras de arte moderno en un apartamento de Múnich. Muchas de estas obras eran consideradas "degeneradas" por los nazis, que organizaron una exposición especial para ridiculizarlas. ¿Por qué Hitler odiaba tanto el arte abstracto?

2013/11/12

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BBC

En julio de 1937, cuatro años después de su llegada al poder, el Partido Nazi inauguró dos exposiciones de arte en Múnich.

La Gran Exposición de Arte Alemán fue diseñada para mostrar obras que contaban con la aprobación de Hitler: desnudos de rubias esculturales junto con soldados y paisajes idealizados.

La segunda exposición, en la misma calle, mostraba la otra cara del arte alemán: moderna, abstracta, no figurativa o, como los nazis la calificaban, "degenerada".

Poster de la exhibiciónLa Exhibición de Arte Degenerado incluía obras de algunos de los grandes nombres internacionales, como Paul Klee, Wassily Kandinsky y Oskar Kokoschka, junto con famosos artistas alemanes de la época, entre ellos Max Beckmann, Emil Nolde y Georg Grosz.

El catálogo de esta exposición explicaba que el objetivo era "revelar las metas y las intenciones detrás de este movimiento filosófico, político, racial y moral, y las fuerzas motrices de la corrupción que les motivaban".

Las obras se incluían "si eran abstractas o expresionistas, pero también, en algunos casos, si el trabajo era obra de un artista judío", le cuenta a la BBC Jonathan Petropoulos, profesor de historia europea en el Claremont McKenna College, en California, y autor de varios libros sobre arte y política en el Tercer Reich.

Petropoulos señala que la exposición se presentó con la intención deliberada de provocar una reacción negativa. "Colgaron los cuadros torcidos, había grafiti en las paredes que insultaba a las obras y a los artistas e hicieron que este arte pareciera extraño y ridículo".

El artista británico Robert Medley fue a ver la exhibición.

"Era enorme, llena de gente y todos los cuadros colgaban como una especie de sala de subastas de provincia, donde todo había sido simplemente pegado a la pared para crear el efecto de que se trataba de cosas sin valor", recuerda, en conversación con la BBC.

Hitler había sido un artista antes de convertirse en político, pero las pinturas realistas de edificios y paisajes que él prefería habían sido desestimadas por la cúpula artística que se decantaba por los estilos abstractos y modernos.

Pintura hecha por Hitler en 1914.

La Exhibición de Arte Degenerado fue el momento en el que se vengó.

Había pronunciado un discurso sobre el tema ese verano, diciendo que "las obras de arte que no pueden ser entendidas por sí solas, sino que necesitaban de un libro con instrucciones pretenciosas para justificar su existencia, nunca más le llegarán al pueblo alemán".

Los nazis alegaban que el arte degenerado era el producto de judíos y bolcheviques, a pesar de que sólo seis de los 112 artistas expuestos eran judíos.

Las obras estaban divididas en diferentes salones por categorías: arte que era blasfemo, obras de artistas judíos o comunistas, arte que criticaba a los soldados alemanes, arte que ofendía el honor de las alemanas.

Una de las salas mostraba sólo pinturas abstractas y se llamaba "la sala de la locura".

"En las pinturas y dibujos de esta cámara de los horrores no hay forma de entrever qué tenían en sus mentes enfermas quienes empuñaron el pincel o el lápiz", decía el catálogo de la exposición.

La idea de esta muestra no era sólo burlarse del arte moderno sino alentar a los visitantes a verlo como un síntoma de una conspiración malévola contra los alemanes.

Los curadores se esforzaron en comunicar ese mensaje, contratando actores para que se mezclaran entre la multitud y criticaran las obras.

La Exhibición de Arte Degenerado en Múnich atrajo más de un millón de visitantes, tres veces más que la oficial Gran Exhibición de Arte Alemán.

Algunos acudieron pues se dieron cuenta que esa podría ser su última oportunidad de ver este tipo de arte en Alemania mientras que otros respaldaban las opiniones de Hitler. Mucha gente también fue debido al escándalo que causó.

Pero los simpatizantes de los nazis no eran los únicos a los que no les gustaba esta corriente artística.

Fritz Lustig era un joven aprendiz judío que fue a la exposición y dice que "no parecían tener mucho significado. Si eran retratos, parecía que distorsionaban los rostros... si eran cosas, se veían muy distintas a como realmente son. Es decir, la palabra 'degenerado' me pareció acertada".

La exhibición fue llevada en una gira por toda Alemania, donde fue vista por otro millón de personas.

Los nazis quemaron algunas de las obras más tarde, y para muchos de los artistas este fue sólo el principio de los muy difíciles tiempos que estaban por venir.

No obstante, Petropoulos señala que para algunos, haber sido vetados por los nazis tuvo un aspecto positivo.

"La obra artística se volvió más atractiva en el extranjero, ciertamente en los círculos antinazis cobró valor. Además, pienso que en el largo plazo fue bueno para el arte moderno haber sido visto como algo que los nazis detestaban y odiaban".

 Tríptico de Max Beckmann cuando fue colgado en Londres en julio de 1938.


Algunos de los artistas incluidos en la exhibición hoy en día son considerados unos de los grandes del arte moderno.

Lustig, quien más tarde se escapó de los nazis y se fue a Inglaterra, ahora disfruta del arte que en ese entonces consideró degenerado.

"Crecí. Era muy joven y no había visto mucho arte. Cambié de opinión desde entonces", le dice a la BBC.

"Puedo apreciar el arte moderno mucho mejor que en esa época. No intenta ser hermoso, ¿cierto?".


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