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"Barranquilla merece tener un evento cultural de carácter internacional": Fiorillo

Heriberto Fiorillo es escritor y director de cine.

Entrevista

Como preámbulo a la VII edición del Carnaval de las Artes (24 al 27 de enero) hablamos con su director, Heriberto Fiorillo.

Por: RevistaArcadia.com

Publicado el: 2013-01-08

Heriberto Fiorillo ha logrado posicionar el Carnaval Internacional de las Artes como un complemento al Carnaval de Barranquilla. Desde su primera edición en 2006, el Carnaval ha visto pasar a figuras de la talla de Roberto Fontanarrosa, Pedro Lemebel, Fernando Vallejo, o Jon Lee Anderson. En conversación con Arcadia, hace un balance del evento que se ha establecido como uno de los eventos culturales más importantes de Barranquilla y que cada año es más reconocido en el resto del páís.

Siete años son suficientes para hacer un balance de lo que ha sido empezar, desde cero, una empresa cultural como el Carnaval de las Artes. ¿Cómo calificaría el camino recorrido?

Duro, aleccionador, sorprendente, divertido.

¿Puede hacer una suerte de ‘top 5’ de eventos del Carnaval?

Hago un top 7 y corro, como siempre, el nada elegante riesgo de ser injusto con los demás: Roberto Fontanarrosa, Fernando Vallejo, Leo Bassi, La Tongolele, Sylvia Kristel (mito), Khalid K (creador de atmósferas sonoras) y Seres de Luz (comedia).

¿De quién fue la idea de crear el Carnaval de las Artes? ¿Cómo nació el proyecto?

Nació de la fusión de dos ideas. Una, que el Carnaval de Barranquilla debe ser pensado de modo permanente por los barranquilleros, como lo hicimos en 2001, con el estímulo de Juan Luis Mejía, entonces Ministro de Cultura. Dos, que Barranquilla merece tener un evento cultural de carácter internacional, como lo dijera una tarde el empresario Antonio Celia Martínez - Aparicio en Cartagena. De ahí, de esas dos ideas salió.

A futuro, ¿cuál es el principal desafío para el Carnaval de las Artes?

Garantizar cada año su supervivencia. Se trata de un esfuerzo colectivo por amor a la ciudad. Una fiesta del pensamiento, sin negocios ni contratos, sólo posible porque artistas, intelectuales, periodistas, productores y empresarios se comprometen y hacen su aporte.

Este año, en las mismas fechas (del 24 al 27 de enero) se celebrará en Cartagena el Hay Festival… ¿no es contraproducente competir en tiempo y espacio con el Hay?

El Hay es en Cartagena, el Carnaval de las Artes es en Barranquilla. Se trata de dos eventos cada vez más distintos. El  calendario del Carnaval de Barranquilla, y el de las Artes, dependen precisamente de las calendas romanas, de la semana santa católica, que no siempre coincide con las fechas del Hay. Ocurre a veces y no pasa nada. Nuestro diseño es festivo, a colores, para los jóvenes y las familias de Barranquilla. El del Hay es punta en blanco, para turistas del interior. Por el contrario, en ocasiones, la coincidencia de fechas se presta para compartir uno que otro invitado ilustre, como es el caso este año de Leonardo Padura, el magnífico escritor cubano. Ahora, ¿se imagina usted a Barranquilla preguntándose siempre qué está pasando en Cartagena para poder programar sus eventos culturales locales? Le propongo imaginarse lo contrario.

De todos los invitados que han pasado por Barranquilla en estos seis años, ¿quién ha sido el más ‘taquillero’?

La entrada a las sesiones del Carnaval de las Artes ha sido siempre libre pero Piero, Cuco Valoy y Omara Portuondo agotaron localidades y dejaron mucha gente sin poder entrar.

Desde su primera edición, el Carnaval ha tenido una presencia importante de reconocidas figuras del periodismo, tanto de acá, como de fuera  (Jon Lee Anderson, Angela Patricia Janiot, Carlos Monsivais, Daniel Coronell, Maria Jimena Duzán, Alberto Salcedo…), ¿cómo se inscribe el periodismo en la reflexión en torno al arte?

El formato conversacional exige gran calidad en ambos interlocutores. Un buen periodista es un preguntador curioso e implacable que conocerá a fondo el personaje y no dejará preguntas en el tintero. Los mejores frente los mejores, ojalá, para beneficio del público. Aparte, el periodismo personal o literario es también una disciplina de creación.

¿Cuál es (cuál debe ser) el papel del periodismo en la reflexión sobre la cultura?

Da para un ensayo pero hoy me conformo con una cita de mi maestro Tomás Eloy Martínez: “La misión del periodista coincide con la del artista: revelar las luces y los abismos más secretos del hombre, agitar las aguas, estimular la imaginación, provocar el cambio, luchar sin sosiego para que las perezas y los conformismos que adormecen la inteligencia sean derribados”.

¿Es cierto que el Carnaval de 2008 dio pie a la reconciliación entre Héctor Abad y Fernando Vallejo?

Si eso ocurrió, no fue en el escenario. Yo ignoraba que estaban peleados.

¿La reflexión no es lo contrario al espectáculo?

Ambos términos vienen de “espejo” pero son distintos , lo que permite la ironía. ¿Qué tal “el espectáculo como reflexión”?  Una frase válida con otra significación.

Música, arte, literatura, periodismo, teatro, cine…¿Cómo armar el listado de invitados para este 2013 en el que se incluyen personajes tan disímiles como Armand Mattelart, Henry Fiol y Astrid Hadad?

Es como hacer una revista. Puede diseñarse sólo sobre autos o sobre todo lo que existe en ruedas. La creación y la comunicación parecen unir a nuestros invitados. La improvisación es elemento importante del mejor jazz y nos sentimos amparados por la caótica noción de “carnaval”.

¿Cómo ha sido la recepción de este espacio cultural en Barranquilla? ¿y en el resto del país?

No nos quejamos. Nos regocijamos. Acuden jóvenes de toda la región Caribe y pueden verse familias enteras en los jardines y salones del Amira de la Rosa, en La Cueva y en la Cinemateca. El formato que mezcla el performance con el conversatorio tiene su público. De Cartagena viene mucha gente, gente de allá, que no son turistas.

¿A quien le gustaría invitar en 2014?

A Umberto Eco y a Mónica Bellucci, no necesariamente en la misma sesión.

¿Qué novedades podemos esperar de esta séptima edición?

Lo novedoso es siempre inesperado. Sugiero dejarse sorprender.