Kevin Kline es Mathias en Mi bella (y vieja) dama.Fotograma de la película cortesía de Media Cohen Group.

Los prejuicios del cine

Un elenco de renombre dirigido por un completo desconocido. ‘Mi bella (y vieja) dama’ mezcla humor, drama y romance pero no es nada de lo que promete. Estreno nacional el 22 de octubre.

2015/10/23

Por Laura Martínez Duque

Maggie Smith es una de esas actrices entrañables, pero seguramente pocos puedan nombrar las películas por las que resultó ganadora de dos premios Óscar, tres Globos de Oro, tres Emmy, un Tony y un SAG. Serán los seguidores de Downton Abbey, la serie británica en la que Smith se ha lucido desde el 2010, quienes reconozcan el nombre de la actriz en este nuevo papel.

La misma dinámica puede aplicarse para el resto del elenco, Kevin Kline y Kristin Scott Thomas. Los espectadores saben que los han visto en varias películas, pero es difícil decir en cuáles. Quizás alguna generación recuerde haberla visto en El señor de los caballos junto a Robert Redford y una muy joven Scarlett Johansson. Pero seguramente no es la misma generación que vio El Paciente Inglés, la película por la que Scott Thomas fue nominada al Oscar. Kevin Kline tiene un premio de la Academia que ganó como mejor actor de reparto por Un pez llamado Wanda, una comedia británica de principios de los años 80.

Un elenco que no emociona demasiado desde el cartel, un título con una infortunada traducción al español, un póster tan genérico y falto de identidad estética que lleva a pensar que la película es perfecta para una tarde de domingo con madres, tías y abuelas. El auspicio de The Tea House en el estreno de la película, con mesa de té y canapés, tampoco ayuda. En conclusión, es fácil entrar a ver Mi bella (y vieja) dama con varios prejuicios encima.

Sin embargo, la película comienza desplegando un buen ritmo de comedia cuando Mathias (Kevin Kline) llega a Paris para reclamar la única herencia que recibió de su padre. Un caserón enorme en un privilegiado sector de la capital francesa y se encuentra con una sorpresa que habita la casa: Matilda (Maggie Smith). Mathias tenía planeado vender la casa y volver a su natal Nueva York con una millonaria fortuna pero se entera de que en Francia existe una particular figura comercial conocida como venta de renta vitalicia y básicamente hasta que Matilda no muera él no podrá vender su mansión.

La primera parte de la película está sostenida con ingenio y buenos diálogos. Kline y Smith tienen química y consiguen varias risas genuinas en un espectador que seguramente se acomodará feliz en su butaca. Seguro de haber ingresado a una comedia de enredos con finos toques de humor inglés, cortesía de Smith.

De forma intempestiva, entra Kristin Scott Thomas interpretando a Chloé, la hija de Matilda. El encuentro entre este personaje y Mathias responde a la vieja fórmula “del odio al amor….”. Chloé y Mathias chocan porque ella quiere evitar que el heredero venda la casa, su madre y ella terminen en la calle y algún constructor imagine un centro comercial sobre tan cotizados cimientos. A Mathias solo le importa el dinero, pero parece tan obvio que entre ambos va a ocurrir algo que el espectador probablemente se acomodará en su silla por segunda vez, creyendo que además de las buenas risas, está a punto de disfrutar una linda historia de amor.

Hacia una tercera parte de la película –un tercer acto- Mi bella (y vieja) dama da un fuerte volantazo. No se trata de un punto de giro necesario para poner un poco de conflicto y hacer que los personajes y la historia avancen. Es un cambio tan desconcertante que el espectador tendrá que ver cómo sentarse y acomodarse frente a lo que pasa delante de sus ojos.

Lo que parecía una comedia de enredos, cándida y predecible, muta violentamente en una suerte de tragedia griega al mejor estilo de El luto le sienta a Electra de Eugene O’Neill o cualquier adaptación contemporánea de una obra griega. De esas que contienen las historias que más tarde fueron las delicias del psicoanálisis. Esto es, básicamente, todos los complejos y patologías derivadas de las relaciones siempre funestas entre padres e hijos.

La alusión al género no es casual. Esta es la ópera prima de Israel Horovitz, un dramaturgo que a sus 76 años y con una importante trayectoria en teatro, quiso hacer cine. Y en esta película su impronta teatral se nota y se luce. Como también se lucen los tres actores que actúan como si no tuvieran nada que perder. Soberbios, tranquilos. Sus carreras ya son lo que son y actúan con un distinguido placer.

Actúan como si estuvieran sobre un escenario y son guiados por un hombre que viene del teatro y seguramente concibe el trabajo con el actor en otros términos. Hay una enorme diferencia entre actuar en cine y actuar en teatro. Entre el actor que se arroja a una energía que explota y muere ahí mismo en las tablas frente a sus espectadores y el actor de cine siempre subordinado a la cámara. El actor de cine que debe interrumpir su texto y frenarse si el director decide hacer un cambio de plano, que debe esperar a que sonido y cámara estén listos primero que él. Y que finalmente su trabajo –inmortalizado para siempre- depende del trabajo de muchos otros en una larga cadena de procesos.

Mi bella( y vieja) dama es una película muy interesante. Prueba que es imposible ir al cine libre de prejuicios. Pero que a veces esas ideas cristalizadas se quiebran ante una película genuina. No es una obra perfecta o inolvidable. Es la película que hizo alguien a los 76 años permitiéndose todas las licencias y caprichos. Quizás el título se le olvide a los espectadores y en un par de años sean pocos los que recuerden dónde vieron a Kevin Kline, Maggie Smith y Kristin Scott Thomas. Pero durante 107 minutos Israel Horovitz los invitó a jugar en su obra. Y gracias al cine, quedó registrado para siempre.

 


Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com