Reda Kateb interpreta a Django Reinhardt.

Django Reinhardt contra los nazis

La edición 67 del Festival Internacional del Cine de Berlín inició con una película sobre el papel que desempeñó el famoso músico francés de origen romaní durante la Segunda Guerra Mundial.

2017/02/10

Por Carolina Betancourt

Muchos conocen a Django Reinhardt como el precursor del Jazz Manouche o Gipsy Jazz, ese estilo que enloqueció a París en los años treinta y cuarenta. Por otra parte, Woody Allen lo ha referenciado múltiples veces en sus películas, particularmente en Sweet and Lowdown, en la que retrata a un músico obsesionado con el artista. Django, también, es el debut del director francés Etienne Comar, donde conocemos una faceta desconocida del francés de origen romaní de la cual poco se sabe. El largometraje es una mirada a la vida del artista entre 1943 y 1945, periodo en el que tuvo que enfrentar la disyuntiva de entretener a los nazis o buscar refugio ante la persecución del pueblo romaní.

La película abre en algún bosque del norte de Europa. Un hombre gitano ciego canta y toca la guitarra, su voz es penetrante y la música invade la sala de cine. Cerca del lugar niños juegan y gente participa de la fiesta. De repente, una amenaza cuyo origen se desconoce, irrumpe en la escena. Poco después, pasamos a París, donde nos enteramos que Django, quien es interpretado de manera excepcional por el francés de origen marroquí Reda Kateb, es buscado para hacer un tour en Alemania. Su vida y la de su familia estará a salvo siempre y cuando se mantenga dentro de los parámetros permitidos por el régimen: “Usted tendrá que disciplinarse. No tocará el blues, ni allegros y sus solos no podrán durar más de cinco segundos”, le ordena un oficial alemán. Frente a esto, Django permanece imperturbado, pues sabe que al final del día, su música será su gran acto de resistencia.

“Siempre amé la libertad que tienen los músicos para abstraerse de la vida que les rodea, para permanecer en su universo”, afirma Comar, quien insiste en que su película, más que una biografía, es un elogio de esa libertad. Y es a través de ella que el director logra su segunda gran intención con Django: gracias al papel que juega el jazz manouche en la obra, entramos en un microcosmos romaní donde la música, que parece ser el sentido mismo de la existencia de este pueblo, se convierte en el vehículo para visibilizar a las casi 500.000 víctimas romaní del régimen nazi que parecen haber sido olvidadas por la historia.

Sin ser la película más esperada o reunir la mayor atención de la prensa, queda claro por qué, en Berlín, Django fue la escogida para abrir el festival. Su trama es atemporal, pues muchos de sus momentos se ven reflejados en la situación actual del mundo y sólo por eso vale la pena verla.

Para más cubrimiento de la Berlinale 2017 haga clic aquí.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.