El director Argentino Juan José Campanella. El afiche de Metegol.

Campanella se mete en el terreno de Pixar

La nueva película del director argentino Juan José Campanella (El secreto de sus ojos) es una cinta animada inspirada en un cuento de Roberto Fontanarrosa. Lo entrevistamos antes de su estreno en el país.

2013/11/07

Por Ricardo Castro

 

Después de la extraordinaria El secreto de sus ojos (2009), que recibió el Óscar a la Mejor Película Extranjera, y el éxito crítico y comercial, su director Juan José Campanella recibió muchas propuestas de proyectos.

Sin embargo, la idea para su más reciente realización ‘Metegol’, precede al reconocimiento de El secreto. Su origen se remonta a un cuento de 1985 del escritor y caricaturista argentino Roberto Fontanarrosa: Memorias de un wing derecho.  Un relato en primera persona cuyo narrador es un delantero de futbolín que hace un recuento de su ‘carrera’.

(…“arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada...”)

Fue durante la producción de la memorable secuencia del estadio de esa película cuando a Campanella le empezó la curiosidad por la animación. “Justamente para esa escena (la del estadio, abajo) habíamos armado un mini grupo de efectos visuales y empezamos con la idea de hacer una cosa de animación” – recuerda Campanella minutos después de ser atendido de forma apresurada por un médico: después de la rueda de prensa de presentación de Metegol en Bogotá, se mareó y sintió que se iba a desmayar.

 

 

“En eso estábamos cuando apareció Gastón Gorali (un productor argentino) con esta idea sobre ese cuento, que me pareció mucho mejor que la que estábamos trabajando. Así que nos metimos de lleno en hacer un demo de cinco minutos. Entre ese demo y el primer boceto de guión estuvimos dos años”.

La producción empezó en 2010, unos meses después de recibir el Óscar y se extendió hasta julio de 2013, a escasos días de la fecha de su estreno en Argentina. Allí, Metegol superó a El secreto de sus ojos, como la cinta más exitosa en la historia del país.

La película ha recibió elogiosas críticas en España, donde inauguró el Festival de Cine de San Sebastián, y en Inglaterra, en dónde en su doblaje participó Rupert Grint (Harry Potter) y los comentaristas de futbol de la BBC.  

¿Qué posibilidades encontró en la animación?

-    Lo que pensaba que me iba a ofrecer la animación, me lo ofreció: la posibilidad de contar una historia fantástica que parezca real. La animación por computadora no es como la animación en 2D en que podés hacer lo que querás: que la boca se les caiga hasta el suelo, o que los personajes se estiren y vuelen y todo… No. Acá una vez diseñas los personajes, estos tienen las mismas reglas físicas que un ser humano. Incluso hay una toma en la película en la que la boca se les estira: ¡Me la pelearon seis meses! ‘que eso no se puede hacer, que cómo iba a poder una persona estirar la boca así‘. ‘¡Pero si es un dibujo animado!’ ‘Pero no se puede’, decían. Un lío. Es mucho más complicado de lo que pensaba.

¿Cómo vivió el cambio de formato y las posibilidades a la hora de crear con computadores?

-    Debo decir que las computadoras no facilitaron nada, simplemente agregaron posibilidades. Pero son muy difíciles. Es muy difícil tecnológicamente hacer una película de animación. La animación te da la posibilidad actuaciones sutiles y humanas, pero eso hace que el animador tenga que trabajar mucho más. No es que lo haga más fácil. Este es el mito que tienen las computadoras: que hacen las cosas más fáciles, cuando en realidad lo que hacen es abrirnos posibilidades que antes teníamos vedadas pero que son igualmente difíciles.

Ha dicho que Metegol no es una película sobre el fútbol ¿es una película para niños?

-    Diría que es una película que también pueden disfrutar los chicos. Esa fue la idea. No es una película infantil en el sentido de que no la disfrutan los grandes. De hecho hay momentos en que las únicas carcajadas que se oyen son de los grandes, hay momentos en que se ríen todos, hay momentos en que se ríen los chicos… En ese sentido hay un poco para todos, pero sí tuve que pensar en los chicos. Es importante el público familiar porque el mensaje principalmente quería ir a los chicos como mi hijo, que tiene seis años. Quería hacer una película para él y los chicos y chicas como él. Ahora, es una película en la que está el contexto del fútbol, pero el tema no es el fútbol, como en Casablanca está el contexto de la guerra, pero no es una película de la guerra.

¿Qué tanto queda del cuento de Fontanarrosa en la película?

-    Poco. Aunque en la película hay mucho diálogo que es muy del estilo de Fontanarrosa. Y obviamente el hecho de la existencia de los personajes que fue inspirado por un cuento suyo. Pero hay también un mundo Sacheri muy fuerte en la película. Si a alguien le gustan los cuentos de fútbol, tiene que leer los relatos de Sacheri.


¿Cuándo era niño soñaba que los muñecos de futbolín o sus juguetes cobraban vida?

-    No. Los héroes de mi infancia eran “humanos”. Eran: el príncipe valiente, Superman, y el hombre araña. Nunca tuve esa fantasía, incluso nunca fui de tener muñecos, era más de esos juegos de construir que de jugar con muñecos.


Campanella y la crítica

Cuando su segunda película, Love Walked In, se estrenó en los Estados Unidos, Campanella se quedó despierto hasta la madrugada en espera de los periódicos para leer las críticas. Se vio tan afectado por las malas reseñas que fue de puerta en puerta retirando periódicos para que sus vecinos no pudieran leerlas. “Había una reseña en partícular, en el New York Post, que la destruyó a la película y decía que yo era un estúpido, era terrible. Terrible, terrible, terrible. Entonces fui por todo mi piso, que tenía como 15 departamentos y me los fui robando todos para que no lo leyeran”.

Más allá de esa anécdota la crítica no molesta a Campanella. En parte porque sus películas suelen agradar a la mayoría de críticos, pero también porque entiende que es parte de la industria cinematográfica.

“La única vez que perdí la paciencia fue hace poquito en España, con un crítico que me criticó a mí como persona. Dijo una opinión sobre mí y esa es una frontera que no tiene que cruzar nadie.”

El crítico era Carlos Boyero, el soberbio crítico del diario El País, quien sugirió que Campanella se habría metido al cine de animación por negocio, porque esas cintas son las que generan más ingresos. El argentino no se cortó para responderle “Yo le diría a Boyero que se vaya a la reverenda concha de su madre. ¿Quién es Boyero? No lo conozco, nunca oí hablar de él en mi vida”.

Un par de meses después de esa respuesta, piensa lo mismo.

-    “Vos podés decir lo que quieras de la película, pero decir que alguien la hace por dinero es un insulto. Especialmente en esta película en la que tuvimos que luchar contra un montón de cosas.

- Para hacer la película tuvieron que construir un estudio de animación de mil metros cuadrados en Buenos Aires, para luego empezar a seducir a animadores para que trabajaran por salarios menores a los de grandes estudios como Dreamworks o Pixar. (Para hacerlo -según cuenta un reciente artículo en el Newyorker- vendieron la imagen de Campanella como un autor a-la-Woody Allen al tiempo que destacaban a Buenos Aires como ciudad creativa).

"Es una locura invertir en esta película, fue un acto de fe para todo el mundo. Entonces, ante esa acusación tengo menos paciencia... Y le hubiera respondido lo mismo al rey de España si me lo hubiera dicho".


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