Andrés Caicedo nació el 29 de septiembre de 1951.

Las hermanas de Andrés Caicedo responden

Esta es la carta que Pilar y María Victoria Caicedo le mandaron a Arcadia por el reportaje sobre cómo ellas habrían impedido a última hora la publicación de la correspondencia de Andrés Caicedo.

2017/08/28

Por Revista Arcadia

Correspondencia de Andrés Caicedo se iba a publicar el 17 de mayo de 2017. Pero el libro no se materializó porque la sociedad que maneja los derechos del escritor, a cargo de dos de sus hermanas, vetó su publicación. Arcadia quiso indagar en el tema y publicó un reportaje al respecto en la edición impresa no. 142.

El texto produjo una variedad de reacciones, entre ellas la respuesta de las hermanas, Pilar y María Victoria Caicedo, publicada en la edición que ahora circula, la 143. Esta es la carta:

Por muchos años, nosotras, María Victoria y yo, habíamos decidido no hablar ni responder a las múltiples comunicaciones respecto a la vida y obra de nuestro hermano Andrés Caicedo, más bien nos hemos dedicado a difundir su obra. Para celebrar los 40 años de publicación de ¡Que viva la música! planeamos y realizamos con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Cali un concurso de cuento para jóvenes, que lleva su nombre. Sin embargo, al leer lo que ustedes publican, consideramos que es el momento de romper el silencio para contar cómo sucedieron las cosas.

Cuando Andrés se suicidó, algo que todos suponíamos que iba a suceder –hubo dos intentos anteriores–, no fue fácil seguir viviendo y, menos aún, seguir manteniendo en pie una familia atravesada por el dolor.

Inmediatamente después de su muerte, llegaron las primeras solicitudes de edición de ¡Que viva la música! Mis padres, sumergidos en su pena, llevaban el dolor como podían. En los años siguientes, se publicó la novela en distintas editoriales, proceso en el cual María Victoria siempre acompañó a nuestro papá y fue su mano derecha en todos los procesos. Por eso nos llama la atención ver la forma como se nos califica como personas ignorantes y ajenas a la obra de Andrés.

Cuando ya habíamos llegado al que consideramos puerto seguro –la Editorial Norma–, surgió la idea de publicar más cosas. Luis Ospina y Sandro Romero se acercaron a mi padre y fueron elegidos y contratados por la familia como editores para esta labor. Entre nosotras está claro su valioso aporte a la obra de Andrés a lo largo de todos estos años, hecho que hemos destacado en toda y cada una de las oportunidades en que hemos tenido eventos sobre su obra. De allí a decir que eran ellos quienes “tácitamente” representaban a nuestro hermano hay una diferencia muy grande. Nunca fue ni ha sido así, y estamos seguras de que tuvo que ser un error de ellos o del periodista. Los derechos de la obra de Andrés Caicedo siempre han estado en cabeza de la familia y hoy de Caitela SAS, sociedad conformada por los miembros de esta.

Durante 30 años leímos y releímos todo lo que nuestro hermano dejó, en parte tratando de entender la tragedia que nos separó de Andrés. Con claro conocimiento de la importancia que este conjunto de obras significa, tomamos la decisión, las tres hermanas con nuestro padre, de donar el archivo de Andrés a la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República (2007), donde cada uno de los documentos que lo integran puede consultarse sin costo alguno. La mayor parte de las cartas que nosotras supuestamente estamos censurando están allí disponibles. Gracias a esta donación, la memoria escrita de Andrés Caicedo hace parte de una de las bibliotecas públicas más importantes del idioma español.

Respecto al libro de Correspondencia, queremos decir que tenemos gran aprecio y respeto por el Fondo de Cultura Económica (FCE), editorial emblemática del idioma. Cuando nos contactaron con la idea de hacerlo, dijimos que sí –ya en 2005 el FCE había incluido “El atravesado” en una antología de cuentos colombianos–. A partir de agosto de 2016 empezamos a hablar sobre el proyecto Correspondencia, nos reunimos varias veces, planeamos el libro, los eventos que podrían hacerse, etc. Lo que nunca conseguimos, a pesar de haberlo solicitado en múltiples ocasiones, fue que su editor –Mario Jursich– nos entregara el contenido propuesto. En múltiples correos y reuniones insistimos en que nos brindaran esta información. Nuestra agente literaria, Andrea Montejo, también solicitó la información del contenido del libro y el respectivo contrato de derechos de autor, sin que nada de esto nos llegara de parte del FCE. Finalmente, luego de insistir y ante la cercanía de la fecha planeada para lanzar el libro, el 17 de mayo de 2017, nos hicieron llegar un índice de las cartas propuestas para esta edición, pidiendo de nuevo excusas por las constantes dilaciones. Al revisar el índice, vimos que se incluían varias cartas que, a nuestro criterio, no aportan a la obra literaria de Andrés, ya que son cartas de la esfera privada. Por esta razón no estuvimos de acuerdo con que se publicaran como parte de Correspondencia. A nosotras nos parece que la esencia de la obra de Andrés se refleja en sus cuentos, sus obras de teatro, su crítica de cine y su novela, por ello es la correspondencia relacionada con estos temas la que consideramos prioritario publicar.

Sabemos que hay opiniones encontradas en este sentido, respetables todas, como cualquier opinión. Nosotras tenemos la nuestra, y reiteramos: no estamos de acuerdo con publicar algunas de las cartas elegidas para el libro de Correspondencia, el cual, por cierto, se preparó sin el acompañamiento que habíamos acordado. Aquí no ha habido ninguna censura, lo que hubo fue una selección del material del autor. Vamos a publicar un libro de Correspondencia pero no en las condiciones y con el contenido que nos enviaron del FCE. Recibimos solo un índice, después de más de seis meses de proceso. Somos perfectamente conscientes de la importancia del género epistolar en la obra de Andrés, pero sabemos que no todo lo que escribió, lo escribió pensando en que fuera publicado. Un último punto, doloroso para nosotras, es leer que otros pongan en boca de nuestro padre verdades que no son “verdades” y que inventan sin que él pueda contestar pues también está muerto. Luego del suicidio de Andrés nuestro padre siempre nos consultó todos y cada uno de los pasos que daba. Ahora, como sus legatarias, hacemos entre nosotras lo mismo.

Reciba un cordial saludo y gracias por la difusión que le dé a esta información.

María Victoria y Pilar Caicedo Estela

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Esta es otra de las reflexiones que ha suscitado todo el episodio, que el crítico de cine de Arcadia, Pedro Adrián Zuluaga, publicó en su página de Facebook:

Cualquiera que haya leído una carta de Andrés Caicedo (gracias a la publicación de los dos volúmenes de "Cartas de un cinéfilo" en los Cuadernos de Cine Colombiano, o al uso que hace de ellas Alberto Fuguet en "Mi cuerpo es una celda", a las publicaciones de El Malpensante o a su relectura en los documentales sobre el escritor), cualquiera, digo, sabe que esas cartas, si bien revelan una psicología sinuosa y torturada, superan siempre lo confesional o lo autobiográfico. Que son un valioso reguero de referencias (y ansiedades) culturales, la cartografía de un tiempo. Porque en un escritor importante -y Caicedo lo era, más allá de la frivolidad de palabras como "genio precoz" o "poeta maldito"- cristaliza una sensibilidad que no es en absoluto privada, pues está hecha del ruido de su época. Por eso es que esas obras (y el género epistolar es, a no dudarlo, parte del tronco central de la literatura) deben volver a esa esfera pública que las determinó y salir del cerrojo donde se guardan los secreticos familiares, casi siempre vinculados al sexo y los pánicos que genera. El secretico de la homofobia, el incesto o la pederastia, vectores centrales de aquello que las élites conservadoras no pueden asimilar. Asuntos -ay- que si se ventilaran más nos mejorarían como lectores del mundo y su complejidad, es decir, nos mejorarían como sociedad. Así que la discusión sobre las cartas de Andrés Caicedo va mucho más allá de él mismo, es sobre la noción misma de patrimonio literario y cultural, de acceso a la historia y la memoria. Es decir, no es una contienda entre las hermanas del escritor y los editores -Mario Jursich Durán, Sandro Romero Rey o Luis Ospina-, sino un asunto que nos compete a todos. Es sobre el interés privado, suyo o mío, que como dijo Hannah Arendt, es lo "único común que nos queda". 

Pedro Adrián Zuluaga

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