Café San Moritz.

“Esto es un llamado de atención para los funcionarios”

El mítico café San Moritz de Bogotá cierra sus puertas tras más de 80 años de historia. Hablamos con Alberto Escovar, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, sobre el pasado y futuro de los cafés del centro.

2017/09/18

Por Ana Gutiérrez

Desde su posisción privilegiada en el centro de Bogotá, el café San Moritz fue testigo de casi cien años de historia colombiana. Abrió sus puertas en 1937, le sirvió café a figuras como León de Greiff y Jorge Eliécer Gaitán, sobrevivió al Bogotazo y hasta participó en el desarrollo de la cultura LGBT del país. El local se resistió durante años a desaparecer, luchando contra el desarrollo urbano y los estragos de la modernidad. Pero la semana pasada Semana publicó una nota para despedir al café San Moritz, porque los propietarios no pudieron recaudar los fondos necesarios para reparar el inmueble. Hablamos con  Alberto Escovar, director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, para entender qué pasó con el mítico lugar y qué le depara el futuro a este tipo de establecimientos en el centro de la ciudad.

Escovar frecuentaba el café, desde hace unos veinte años según su cálculo. Recuerda con afecto el lugar, que también servía cerveza, tenía mesas de billar y era famoso por el hecho de que el orinal era abierto, sin puerta, pues originalmente era un local exclusivamente masculino. “Bogotá, por lo menos hacia la década de los cuarenta, fue una ciudad que la gente reconocía por sus cafés. Están vinculados a la historia política y cultural de la ciudad. Al San Moritz iban los políticos, iban los escritores, iban los poetas y así. Pero lamentablemente en los últimos 20-30 años muchos de esos cafés empezaron a desaparecer y sin duda el San Moritz era un referente en el centro porque era uno de los últimos cafés que se mantenía. Hay otra serie de cafés que han ido apareciendo en el centro pero que ya no son herederos de esa antigua tradición”.

A pesar de que otros locales, como el Café Pasaje, siguen funcionando, Escovar señala que parte de la razón del cierre es que “el público cambió. La gente hoy en día va más a cafés más modernos. La clientela de San Moritz tenía entre 70 y 80 años. Entonces se fue perdiendo y aunque al café lo usaban para hacer películas o grabar cosas de televisión, se fue quedando sin clientes".

Los problemas del café ya se conocían hace tiempo. No era muy fácil de encontrar desde la calle y justo enfrente montaron un café nuevo. Hace unos tres o cuatro años el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural hizo una campaña para recuperar los cafés. Esa campaña proponía una guía por los cafés, buscaba llamar la atención en este patrimonio cultural y material de la ciudad. Como parte del esfuerzo se hizo el libro El impúdico brebaje. Los cafés de Bogotá 1866-2015, de Mario Jursich (editor) pero este tuvo un tiraje de apenas 450 ejemplares. "Una de las dificultades que existe desde el sector público en estos casos es que no se puede invertir dinero en un negocio privado y en un inmueble privado. En buena medida los esfuerzos de las instituciones que defienden el patrimonio se han concentrado más en la defensa de los inmuebles y los temas físicos que ciertos usos inmateriales que son representativos para la ciudad. Esto es un llamado de atención para aquellos funcionarios, como yo, que trabajamos en esas instituciones para que pensemos en incentivos, tributarios o de alguna índole, que se le puedan dar a este tipo de negocios para tratar de hacerles la vida más fácil y para lograr que permanezcan en el centro. Este tipo de negosios y de servicios hacen que el centro de Bogotá no se parezca a cualquier otro”.

Si Escovar pudiera armar un plan para recuperar estos espacios emblemáticos de la ciudad, propondría lo siguiente: "Se necesitaría visibilizar esos oficios y deberían ser tributariamente iguales que los comercios nuevos. Trataría de que efectivamente tuvieran algún tipo de beneficios que los hicieran más competitivos frente a esos nuevos cafés. Adicionalmente trataría de incluirlos en circuitos turísticos explicando que alguien que no conoce Bogotá, y quiere tener una experiencia única y diferente en un café tradicional de la ciudad, puede ir a un lugar como el San Moritz".

Aún así, y a pesar de la tristeza que siente con el cierre del café, Escobar se muestra sobre todo optimista sobre el futuro del centro histórico de Bogotá. Una serie de extensos proyectos, la ampliación del teatro Colón, la transformación del borde del centro que da hacia parque del tercer milenio, la peatonalización de la séptima hasta la calle 26 y el regreso al centro de varios ministerios que se habían trasladado durante la década de los años cincuenta van a traer consigo un nuevo aliento al barrio. "Se siguen haciendo proyectos de vivienda de gente interesada en vivir en el centro y están cambiando los usos del espacio. El centro va a vivir lo que han vivido otras ciudades: va a terminar convertido no solo en el lugar para mostrar, sino que la gente va a querer vivir ahí. Esa tendenciadel siglo XXI de huir del centro histórico y vivir cada vez más en la periferia se va a revertir y la gente va a querer vivir más en lugares céntricos que tienen una infraestructura que antes no tenían: zonas verdes, espacios públicos, actividades culturales más accesibles”, dice Escovar, y suma colegios, jardines infantiles y tiendas de esquina.

También, a pesar de los beneficios que ha señalado del turismo, explica que también es un riesgo. "Lo que nunca se puede olvidar del centro de Bogotá es que tiene que ser habitado por residentes, no por turistas. Va a enfrentarse a otra serie de dificultades, como limitar el número de hoteles y de albergues y ojalá incentivar cada vez más a los residentes. Ellos son los que permiten que un centro sea vivo todo el tiempo no únicamente en unos horarios para los turistas o con usos para turistas".  

*Al cierre esta nota Angélica Vásquez, parte de la familia que es dueña del café San Moritz hace unos 50 años, contactó a esta redacción para aclarar que "nosotros alquilamos el local. Toda la casona es de Héctor Hoyos Mesa. Él no invirtió el dinero para hacer el mantenimiento necesario para evitar el concepto de amenaza de ruina a pesar de que se le dijo. Por eso cerró el lugar. Supimos que el viernes hizo una solicitud a patrimonio para demoler el edificio". Se desconoce hasta el momento el resultado de la petición. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.