Omar Rincón

Colombia como miscelánea

El crítico de televisión y periodista, Omar Rincón, estuvo al frente del capítulo sobre Colombia de la serie Los latinoamericanos, lo hizo a partir de un conjunto de realidades que conviven sin mezclarse: una muestra visual de un país culturalmente fragmentado

2014/02/16

Por RevistaArcadia.com

La red de televisión TAL creó una seria con contenidos originales sobre las identidades de los latinoamericanos. En cada país escogieron a un realizador para que plasmara su visión sobre la identidad cultural de su país. El capítulo sobre Colombia, Los colombianos - Un documental de 47 minutos- fue encargado al periodista y crítico de medios, Omar Rincón. 

Le dieron vía libre para que plasmara su visión sobre Colombia con autonomía y libertad creativa. "La única regla, era que tenía que hablar desde perspectivas de identidades culturales -cuanta Rincón- En mi caso, por ejemplo, tenía que hablar desde la cultura sobre cómo está constituida la nación. La instrucción fundamental era: cuéntele a América Latina cómo está constituida la nación de la que usted hace parte. 

Para hacerlo, Rincón decidió apostar por lo que llama TV ensayo. Un formato que apuesta por el valor de comunicación que tienen las imágenes y la estética audiovisual. El resultado es un documental por fragmentos que le da voz a distintas realidades de un solo país. Mundos que comparten un territorio, pero que sin embargo están muy alejados entre sí. (El capítulo sobre Colombia - Los colombianos-, de la serie Los latinoamericanos, se emite este domingo a las 8:30 p.m. por Señal Colombia).

"Yo jodí mucho para que pensáramos en hacer cosas distintas y que no fuera el típico documental" asegura Rincón, y explica que no se trataba de contar una historia. "Quise pensar a Colombia a través de imágenes"


¿Cómo dar cuenta de un país tan diverso como Colombia en un documental?

Decidí hacer un programa por fragmentos, que en sí mismo incorporaba comerciales, llamados, y capítulos sueltos. Luego decidí que cada fragmento tuviera una estética propia para que no fuera uniforme, porque la colombianidad está hecha de diversidad y lo narrativo también tiene que dar cuenta de eso. 

Usted habla de TV ensayo, ¿parte de una hipótesis narrativa?  

El argumento era que Colombia es como una miscelánea donde todo está junto pero no revuelto. O sea, la diversidad colombiana existe, pero no alcanza a ser un sancocho porque no nos mezclamos. Estamos pegados como en una miscelánea. Los afro, los indígenas, los mestizos, los blancos, los migrantes… Es un país que no se mezcla, sino que convive junto. Por eso esa narrativa en la que ninguna historia se mezcla con la otra, sino que existen independientemente de las demás. 

¿Por qué hay esas segmentos de imágenes de las grandes ciudades entre cada fragmento?

Lo que hicimos con los ‘comerciales’ fue hacer clips de algunas ciudades. Al hacerlo así estoy diciendo que es lo más ‘fashion’ que tenemos, pero que no tiene ningún arraigo en la identidad, porque seguimos siendo otras cosa. Las ciudades las presento como una cosa casi que totalmente publicitaria, como un comercial, porque no lograban contar todo lo que éramos en Colombia.

También aparecen otros cortes con algunos elementos tradicionales o típicos ¿qué hay detrás de esa selección?

Colombia está llena de orgullos débiles, de identidades efímeras y leves, y pocas identidades fuertes, simbólicamente hablando. Entonces hicimos una seria de spots sobre esas identidades débiles: la panela, la mochila, el divino niño… todas esas cosas que nos entusiasman y hacen parte de nuestra identidad pero que son muy débiles. 

¿Por qué quiso arriesgar con este formato en el que no hay un hilo narrativo identificable?


Creo que a la televisión le ha pasado algo muy grave y es que a nivel de formatos, ha sido conquistada por los Estados Unidos: por formatos como los de natgeo, dicovery, o los noticieros tipo CNN. Estamos siguiendo una escuela que piensa que las estéticas no piensan, sino lo único que piensa es el contenido. Yo no estoy de acuerdo con eso. Las imágenes, los formatos y las estéticas también cuentan. El programa fragmentado me permitía rebelarme contra la narrativa institucional tipo Colombia es pasión, o viaja por Colombia, que me molestan mucho porque intentan crear un discurso donde no hay nada. Y arman una narrativa fashion y cool pensada para los ejecutivos. Quería llevar a una reflexión para pensarnos como país. 

¿Cómo pensar en una idea de nación que pueda aglutinar esos universos disimiles que conviven en un mismo territorio?

Colombia no tiene mitos fundadores. No tenemos un relato fundacional. Eso no es tan malo, pero lo grave es que tampoco tenemos un relato hacia el futuro. Por eso es tan difícil el proceso de paz: porque el país de los negociadores no se parece al de las FARC, ni se parece al de Uribe, ni tampoco se parece el país de los medios de comunicación... Todos tenemos una visión de país, pero no se parece a la del otro. Eso es lo complicado, porque la violencia surge cuando se impone un país sobre otro.


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