Gisa Klönne (derecha)

Crímenes literarios

En la jornada del martes la alemana Gisa Klönne charló, ante un público alambrado con auriculares con traducción simultánea, sobre sus novelas criminales y otros temas.

2014/09/17

Por RevistaArcadia.com

En un evento literario como la Fiesta del libro de Medellín, dominado por escritores e invitados latinoamericanos y españoles, una autora alemana se constituía en una novedad. Además, lo suyo eran esos temas que atraen a lo fanáticos y cultores de género: la obra de Klönne encaja dentro de lo que, en nuestro país, estamos acostumbrados a llamar novela negra. Aunque ella misma, en una concepción tal vez un poco más amplia, defina sus libros como novelas de crimen, o, para usar la traducción directa desde el inglés en que habló, como ficción de crimen.

El truco no es sólo una sutileza semántica derivada del anglicismo.  Incluirse a sí misma dentro del género crime fiction le permite desmarcarse del asunto detectivesco clásico –aunque mucho y muy bien lo haga– y explorar conflictos más amplios. Para empezar: en algunas de sus novelas ni siquiera hay crímenes sangrientos, o ni siquiera hay crímenes en propiedad. En cambio trabaja conflictos como las prostitutas adolescentes traídas a Europa occidental desde los viejos países de la caída cortina de hierro, o el matoneo escolar, que prueba ser una temática lo suficientemente perturbadora como para enganchar a lectores de género, quienes siempre son tan exigentes con los autores.

Los suyos son insumos dramáticos muy actuales. Incluso admite que un stalker (para continuar con los anglicismos, se trata de un término intraducible que define a alguien que espía compulsivamente a otro) puede ser el punto de partida para una trama de novela.  Lo fundamental, para una autora como ella, es entender qué motiva a la gente a aceptar de manera voluntaria sumirse en una lectura mortificante y angustiante. Según sus propias palabras –leídas al principio de la charla en una suerte de disertación– todo se explica porque, al final de cuentas, los lectores saben que sólo se trata de una historia y nada malo les pude pasar. A pesar de que en el proceso de lectura a menudo cierren la puerta con llave o brinquen del susto cuando el teléfono suena de repente, “saben que al final hay justicia. Un final feliz. Una especie de justicia poética”.

Con tal claridad sobre el género que trabaja, esta escritora ha confeccionado una obra literaria que se sostiene sobre bases muy actuales. Además cuenta con una ventaja: el clima mental de sus personajes brota de la compleja psiquis alemana, que carga con el lastre de dos grandes guerras. Aunque, insiste, “hay personas a quienes no les gustan mis libros porque no son sangrientos”.

¿Qué configura entonces una novela de crimen o novela negra? Sobre eso, en buena medida, versó la nuez de esta charla titulada “El lado oscuro de la sociedad contemporánea”. Más allá de un detective más o menos atormentado, más o menos bueno, más o menos ortodoxo, más o menos dispuesto a permanecer siempre del lado de los justos y en las últimas páginas desenredar el nudo gordiano, las ficciones sobre crimen deben transportarnos hacia las esquinas menos iluminadas de nuestra imaginación; allí donde se embosca lo que nos perturba. Para amarrarlo a la temática general de esta feria literaria: debe ayudarnos a cruzar la frontera hacia estados mentales donde nos sentimos más vulnerables. Pero con la certeza que, cuando cerremos la tapa, estaremos de vuelta en nuestra zona de confort.

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