Coutinho nació el 11 de mayo de 1933.

El método de Eduardo Coutinho

En el homenaje 'Filmar las palabras' João Moreira Salles, amigo y productor de Coutinho, y María Campaña Ramía, conocedora de su obra, presentaron los rasgos que definen el cine de este director brasilero, a quien está dedicada una de las retrospectivas del FICCI. Presentamos seis principios fundamentales que determinaron su producción cinematográfica.

2017/03/06

Por Sara Malagón Llano

A pesar de que en Colombia la obra de Eduardo Coutinho no es muy conocida, el brasilero es considerado una figura determinante del género documental. Dirigió más de treinta películas y fue guionista, productor, actor y reportero de varios medios brasileros.

En su retrospectiva del FICCI se presentan siete de sus películas, un filme póstumo que João Moreira Salles terminó y el documental Eduardo Coutinho, 7 de octubre, del director Carlos Nader, en el que Coutinho aparece por primera vez ya no en el rol de entrevistador que asumía en sus películas, sino en el del entrevistado. En esa larga conversación vuelta película, Coutinho habla de su trabajo, de su relación con las personas que se convirtieron en los personajes de sus documentales y de los principios formales y filosóficos que están detrás de su obra cinematográfica, vista como un todo coherente.

En la charla Filmar las palabras: un homenaje a Eduardo Coutinho João Moreira Salles y María Campaña Ramía hicieron un paneo de la carrera y la producción del documentalista y analizaron justamente esos rasgos fundamentales, y casi únicos, del cine de Coutinho. Presentamos seis características principales de su obra y de su método.

João Moreira Salles. Crédito: Sergio I. Rodríguez

1) La construcción de los personajes

La investigación previa la hacían sus asistentes, quienes se encargaban de buscar a los personajes basándose en la idea o en el tema que Coutinho quería desarrollar en cada película. Además de aceptar participar, los seleccionados debían ser personas carismáticas. Luego sucedía el primer encuentro entre Coutinho y los entrevistados, que siempre estaba mediado por la cámara. Ese primer encuentro, que también podía ser el último, se captaba en una toma larga, sin cortes. Por eso la duración de lo planos era generosa y detallada. Coutinho les daba tiempo a las personas para que se desarrollaran, se convirtieran en personajes. Con ellos, decía, establecía una relación de naturaleza erótica: “Son relaciones de cuerpo. El cuerpo habla y  el cuerpo está vinculado al otro cuerpo”. Terminadas las entrevistas, Coutinho no mantenía contacto con los protagonistas.

2) El tiempo y la oralidad

Para Coutinho un encuentro debía estar permeado por una larga experiencia de vida y por la memoria, mecanismo mediante el cual el recuerdo de esa vida llegaba al tiempo presente. Se podría afirmar, entonces, que las materias primas de Coutinho eran la oralidad, o la palabra hablada, y la memoria. Era fundamental que hubiera una distancia temporal considerable entre la experiencia y el recuerdo narrado de esa experiencia durante la entrevista. Cuánto más larga esa distancia, mejor para Coutinho, pues para él el tiempo cubría la vivencia de capas de imaginación, olvido e invención. La historia de vida era transformada por el paso del tiempo y por el proceso del recuerdo, y eso era justamente lo que le interesaba mostrar: la verdad de cada personaje, que no es más que una recuperación del pasado que vuelve a la vida con la narración. Ese tiempo presente del pasado Coutinho lo aprendió de Claude Lanzmann, un documentalista francés que en su reconocido documental Shoah retrata el Holocausto judío únicamente desde el presente, mediante entrevistas con víctimas y victimarios que rememoran lo vivido.

3) El espacio

Para crear, Coutinho debía sentirse en una prisión. Dentro de ella, paradójicamente, sentía la libertad de hacerlo todo, sin que esa libertad dejara de estar regida por la reglas de la prisión conceptual en la que se encerraba voluntariamente. En sus películas también aparece, de manera más evidente, la idea del espacio restringido, que obliga a que el espectador se centre y profundice en la mirada. Más allá de ese espacio, de los personajes y de él mismo, no hay nada más. A pesar de ser documentalista, Coutinho jamás usó imágenes distintas a lo filmado para ilustrar algo sobre los personajes o la situación retratada. La razón es que Coutinho tomaba la palabra como verdad. No buscaba una foto para apoyar lo que el personaje decía. No utilizaba imágenes externas –como si estas existieran para probar lo que un personaje cuenta–, transgrediendo los métodos tradicionales del género. Su prioridad era preservar la verdad del rodaje.

Crédito: Sergio I. Rodríguez

4) Un cine minimalista

La obra de Coutinho puede ser vista como el ejercicio progresivo de eliminar elementos que hacen parte del arsenal tradicional del cineasta, como el apoyo sonoro, el escenario y el guion. El movimiento de cámara refleja una relación muy material con el cuerpo, y también el proceso de envejecimiento del mismo Coutinho. Al final, debía estar sentado en una silla, cosa que determinó formalmente su trabajo.

La experiencia de reducción radical de los elementos del cine lo llevó, sin planearlo, a descubrir la mínima gramática necesaria para que el cine siguiera siendo cine, para que una película siguiera siendo película. En esa economía encontró la potencia máxima de su obra.

5) El canto

El canto, como la palabra, es fundamental en el cine de Coutinho. Cuando surgía, se convertía en el momento más memorable de sus entrevistas, pues no hay nada que reviva con más emoción una vivencia que una canción directamente relacionada con el momento recobrado. El canto brotaba de varios de sus personajes espontáneamente, cosa que les permitía entrar en otro modo, en una especie de trance. Cuando cantaban las personas se convertían en otros, se potenciaban, y para Coutinho era fundamental que los encuentros con cada personaje fueran poderosos. Esa espontaneidad con la que aparece de repente un canto refleja una relación especial que los brasileños tienen con la música.

6) Coutinho y Brasil

Coutinho era un hombre intelectual, de clase alta, letrado y profundamente interesado en oír las historias de otros. Quería escuchar, descubrir con ello realidades para él lejanas y encontrar sentido en esas historias, que terminaban apelando a un Brasil profundo y arcaico, y que giraban en torno a temas muy concretos: Dios, la muerte, el amor, la enfermedad, las relaciones entre padres e hijos, entre otros. “Todo está por ser descubierto”, decía. A pesar de la desigualdad social del Brasil, Coutinho logró mostrar que en sus personajes había una elocuencia y una capacidad de comunicar que de alguna manera borra las diferencias sociales y culturales. El espacio del habla se convirtió, en sus películas, en un espacio democrático.

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