Svetlana Alexievich

El amargo discurso de Svetlana Alexievich

El 2013 la Feria del Libro de Fráncfort cerró sus puertas con la tradicional entrega del Premio de la Paz que otorgan los libreros alemanes. En esa ocación la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, Premio Nobel de Literatura 2015, lo recogió con un amargo discurso. Arcadia recuerda esta ocación con motivo del reciente reconocimiento a la periodista.

2013/10/15

Por DW

Para Svetlana Alexievich la vida es la lectura (¿o es al revés?). Pertenece a la generación que fue educada en "los libros, no en la realidad", dijo una vez. Esa generación aparece reflejada en su trabajo más reciente, Tiempo de segunda mano. En él, la escritora bielorrusa da voz a personas que relatan su vida entre las ruinas de la extinta Unión Soviética. Occidente apenas puede imaginar qué libros tuvieron un significado existencial para esa generación. Pero Alexievich sabe que, desde el fin de la Unión Soviética, eso no tiene importancia: "Las palabras ya no significan nada", dice.

Topografía de la muerte

En la Feria del Libro de Fráncfort, todo se renueva año tras año. El evento literario más importante del mundo siempre está a la búsqueda de nuevas ideas y tendencias. Pero desde hace seis décadas hay algo que se repite edición tras edición: el festivo acto de entrega del Premio de la Paz que otorgan los libreros alemanes en la iglesia de San Pablo, en Fráncfort. Desde la primera entrega, que tuvo lugar en 1950, los discursos de los galardonados siempre han suscitado el debate intelectual por sus posturas valientes y controvertidas.

Precisamente por su arrojo ha destacado Svetlana Alexievich, periodista y escritora bielorrusa, que siempre hurgó en la llaga de la historia soviética. Nacida en Ucrania en 1948, creció en la Bielorrusia devastada, marcada por la despoblación. Durante la Segunda Guerra Mundial, un tercio de sus habitantes fueron asesinados. "Esta topografía de la muerte y la lucha por la supervivencia supuso el día a día de la joven periodista", dijo el historiador Karl Schloegelgasse durante su laudatio. Y marcó su destino como escritora. "He escrito cinco libros, pero, básicamente, desde hace casi cuarenta años cuento siempre la misma historia", explicó Alexievich durante su discurso de agradecimiento. "Se trata de la crónica ruso-soviética: revolución, gulag, guerra, Chernóbil... la caída del imperio rojo".

Un grano de arena en la Historia

Estos acontecimientos marcaron a toda una sociedad. Hubo catástrofes de las que Occidente jamás tuvo noticia. Alexievich les dio luz ante el mundo. "Atrás queda un mar de sangre y una violenta lucha fraticidia", dijo en la iglesia de San Pablo. "El narrador de mis libros es el hombre corriente", explicó. "El grano de arena en la Historia. Aquel a quien nunca se pregunta, ese que desaparece sin dejar rastro, llevándose sus secretos a la tumba. Hablo de aquellos que no tienen voz. Los oigo, los escucho, los comprendo. La calle es para mí un coro, una sinfonía. Es infinitamente triste cómo todo se puede decir, susurrar y gritar en la nada".

Al igual que en sus libros, en su discurso reunió fragmentos nítidos y detallados de Historia. Como en esta observación en Kabul en 1988: "Una joven afgana con un niño en brazos. Me acerco a ella y tiendo un oso de peluche al pequeño, que lo agarra con los dientes. Pregunto a la madre por qué lo hace. La madre levanta la manta en la que su hijo va envuelto y veo un pequeño torso sin brazos ni piernas. 'Eso es lo que han hecho tus rusos", me responde. A su lado, un capitán soviético me explica: 'Esta mujer no entiende que les hemos traído el socialismo'"

Su contundente discurso los asistentes a la iglesia de San Pablo. Una de las frases de Alexievich no se borrará fácilmente de la memoria del público: "A veces me pregunto por qué continúo descendiendo a los infiernos. Creo que lo hago para encontrarme con el ser humano".

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.