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El club de la pelea literario

Rodrigo Fresán y Valeria Luiselli.

Libros

Random House Mondadori abrió un blog en el que escriben importantes figuras de las letras y jóvenes promesas de la literatura. Autores como Valeria Luiselli y Rodrigo Fresán ya tienen un lugar en esta plataforma que se rige por las reglas de 'El club de la pelea', pero donde los puñetazos se dan con las palabras.

Por: Revistaarcadia.com.

Publicado el: 2012-09-12

En 2010 la editorial Random House Mondadori abrió la red social literaria Megustaescribir.com, un lugar donde cualquier escritor puede subir su manuscrito, editar su obra y encontrar lectores. Los textos que mejor son valorados por la comunidad tienen la posibilidad de ser reconocidos y leídos por la editorial que está detrás de la iniciativa.

Recientemente, en esta red social se lanzó 'El Sindicato', un proyecto para dar a conocer nuevas voces de la blogósfera y para invitar a importantes figuras de las letras a compartir sus ideas en un espacio diferente al de los libros. Quienes escriben en este espacio se han caracterizado por sus propuestas innovadoras, interesantes y reflexivas, que sobresalen por su autenticidad y su calidad literaria.

En el portal se aclara de entrada su objetivo: "Tenemos muchas ganas de pegar puñetazos (con la lengua). Todo por la palabra". Sin embargo, a pesar de lo que pueda pensarse, la pelea no se da entre los escritores, la lucha se da contra el mundo, sus injusticias e incertidumbres. La fortaleza de los escritores radica en enfrentarse al espacio en blanco -ya no del papel sino de la pantalla- y dar la pelea con los guantes bien puestos: el poder de la palabra en permanente recreación de mundos, posibilidades y salidas.

Todo aquel que quiera conocer de cerca el cuadrilátero de creación libre es importante que tenga presente las reglas de participación que organizan a 'El Sindicato': 

1. Nadie habla sobre El Sindicato.

2. NADIE habla sobre El Sindicato.

3. La pelea termina cuando uno de los contendientes grita “alto”, pierde la vertical o hace una señal.  

4. Solo dos personas por pelea.

5. Solo una pelea a la vez.

6. Sin camisa y sin zapatos.

7. Cada pelea dura lo que tiene que durar

8. Si este es tu primer POST en El Sindicato entonces TIENES que pelear.

De varios autores 'sindicados' destacamos algunos fragmentos, como muestra de la diversidad de temas, ópticas y formas de contar sus impresiones del mundo.

Lolita Bosch

"(...) Tomo fotos de palabras abandonadas en lugares extraños (postes de teléfono excesivamente altos en los que nadie puede leer, barcazas ahogándose con sus nombres en puertos industriales, mensajes soterrados en las grandes tuberías de servicio público de las ciudades). Siempre lo he hecho. Debo tener miles. De muchos lugares diferentes. Y con eso trato de construir constantemente un mundo. Es decir: una necesidad urgente de crear sentido. Eso sí me fascina. No la letra, sino la posibilidad de un concepto. Por eso, sí me meto en todo. Leo, pregunto, escucho, interpreto, observo, trato de descubrir todo el rato dónde está esa posibilidad de crear sentido, con qué la construimos, qué debemos dejar atrás. Cuál es su proceso de gestación. De qué modo podemos, fuera de nosotros, verla. Y sé que está en el psicoanálisis, en el teatro, en nuestra imaginación. 

(...) Por eso me obsesiono en el modo cómo nos contamos los mundos que necesitamos habitar –como si nuestra vida fuera un charco y nosotros renacuajos que usamos unas leyes físicas que nos convertirán en sapos sin saber qué leyes son, dónde están escritas, cómo funcionan, para qué sirven".

Gonzalo Torné

"(...) A quienes acompasan su ritmo al del año natural y creen que algo termina en diciembre debemos considerarles criaturas a medio civilizar (y si bien es de bien nacidos permitir que la inocencia de su mérito despierte nuestro afecto, les compadecemos por tener que desenvolverse en una cultura desnortada): si son estrictas, gustan de comerse a su dios, y si son laxas, interrumpen los proyectos que arrancaron en septiembre para ponerse a hacer balances. (...)

En el orden de las ideas puras la discusión está sentenciada a nuestro favor. Pero los adoradores de diciembre, experimentados sofistas y maestros de la bulla, nos responden que con nuestro apego al curso lectivo nos privamos de las delicias y mortificaciones de los propósitos de Año Nuevo. Y nada de eso. También nosotros nos evaluamos, sacamos cuentas, y proyectamos planes imaginarios que parecen pensados para hombres más constantes y capaces".

Valeria Luiselli

"Nunca le había tenido miedo a volar. Nunca le había tenido miedo a casi nada. Ni siquiera a morir. Desde que era muy niña hasta hace relativamente poco, pensaba a menudo en las muchas posibles muertes que me rondaban. Era algo que me ocurría naturalmente, casi diario, sin mayor drama: imaginar posibles muertes. La muerte era solo una imagen posible; una prolongación de un instante cualquiera; un efecto lógico, ligado a una causa previa. Cruzar una calle –ser arrollada por un autobús–. Entrar a la regadera –resbalarse y pegarse contra el filo de la tina–. Comer un sándwich – atragantarse con el jamón–. Muertes ridículas. No había miedo; ni siquiera un leve sobresalto. La muerte venía a cada rato y yo la aislaba en una imagen concreta, una imagen concreta que se esfumaba en mi cerebro –un cerebro tan concreto– como una gota de agua en la banqueta ardiente.

Ahora no. Desde que soy madre, tal vez, es distinto. Quizás el precio más alto de la maternidad sea ése. La muerte ahora es un presentimiento intraducible. Un brote no más. Aflora, potente y venenosa como un miedo".

Rodrigo Fresán

“Un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la humanidad”, dijo entonces el astronauta Neil Armstrong, pisando fuerte y por primera vez la superficie de la Luna. Y true story para unos, leyenda urbana para otros, gran historia para todos en cualquier caso: Armstrong pronuncia sus célebres palabras y, enseguida, casi en un susurro, agrega: “Buena suerte, Mr. Gorsky”. Semejante frase –al revisar una y otra vez las grabaciones– puso frenética a la CIA, al FBI, a la NASA, a todas las iniciales de entonces. ¿Quién era Gorsky? ¿Era acaso un mensaje cifrado para los rusos? ¿Armstrong había sufrido un brote lunático? Al volver a la Tierra y ser interrogado sobre el punto, Armstrong no dijo nada, solo precisó y juró que no se trataba de algo riesgoso para la seguridad nacional de los Estados Unidos y, a lo largo de los años, cambiaba de tema cada vez que el asunto surgía en alguna entrevista. Hace poco –”Ahora que Mr. Gorsky ha muerto”, explicó– Armstrong por fin contó la verdad y esclareció el lado oscuro de ese misterio. A saber: un día, cuando era chico, la pelota del pequeño Neil cayó en el jardín del vecino, un tal Mr. Gorsky. Al ir a buscarla, el niño escuchó claramente la voz de la señora Gorsky, saliendo por una ventana, que decía y se reía: "¿Sexo oral? Ni lo sueñes, Gorsky. Tendrás sexo oral el día en que el chico de los Armstrong pise la Luna".

Descansen en paz Mr. Armstrong, Mr. Gorsky y Mrs. Gorsky. Y buena suerte para todos los que seguimos aquí".