El Dorado hasta el 12 de abril en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño

La vigencia de El Dorado

La búsqueda de El Dorado continúa. Se ha transformado en sus formas -oro, esmeraldas, pirámides, narcotráfico- pero la esencia permanece. Los curadores Mariangela Méndez y Bernardo Ortiz, exploran la búsqueda de la riqueza en ‘El Dorado’, que podrá verse en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño hasta el 12 de abril.

2014/03/19

Por RevistaArcadia.com

Desde la llegada de aventureros españoles en procura de riquezas, hasta los guaqueros y exploraciones mineras de hoy, Colombia ha sido escenario de búsquedas de riqueza. Encontrar la riqueza, antes que trabajar por ella.

El dorado como metáfora de la búsqueda de dinero fácil. Los curadores Mariangela Méndez y Bernardo Ortiz, exploran esa relación en El Dorado, la exposición que podrá verse en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño hasta el 12 de abril.

La muestra, ganadora del concurso Proyecto curatorial sobre la producción artística de Bogotá para su circulación internacional 2011, cuenta con 19 obras, en su mayoría videos que exploran la metáfora de la expedición de El Dorado como una búsqueda por el oro, el bienestar y el paraíso en otro lugar. El Dorado como promesa de riquezas, “Una promesa de felicidad que disfraza la miseria del presente”, -según se lee en el texto que acompaña la muestra- y que está viva y cambia con el tiempo: el oro, de las esmeraldas, las pirámides, de las guacas y del narcotráfico.

Promesas que todavía arrastran a miles de personas a la aventura por un mejor porvenir. Las expectativas por un futuro ¿próspero? ¿cómodo? hacen que el presente sea tolerable. Como en Purgatorio de José Alejandro Restrepo, que muestra el día a día de unos seres grises en una pequeña oficina con cubículos.

Hablamos con Mariangela Méndez sobre el proceso curatorial de la exposición.

¿Cómo nació la idea articular el proyecto en torno a El Dorado?

Hace parte del trabajo creativo que uno hace para intentar cuenta de lo que pasa. Tuvimos un diálogo con una curadora mexicana, para explorar las similitudes entre los dos países, a raíz de la ‘colombianización’ de México en términos del narcotráfico. Pero nosotros no queríamos proponer una exposición sobre ese tema, porque ya se ha tratado desde hace más de una década, y es una temática que ha evolucionado en términos artísticos y políticos. Quisimos mirar un espectro más amplio: la promesa de riqueza, de futuro mejor, de dinero fácil.  La búsqueda de oportunidades, que se puede trazar desde la leyenda de El Dorado como una fuente de riqueza inagotable.

¿Sigue vigente esa promesa?

No creo que se pueda pensar en fuentes inagotables, pero sí en una manera de acceder al dinero a costa del trabajo de otros. Por ejemplo, las pirámides (como DMG), se pueden ver como una promesa de dinero fácil a expensas de terceros.  

En la muestra hay obras que tratan temas como el narcotráfico, o la depredación de recursos, pero también hay otras que llaman la atención sobre las oficinas, el sexo como herramienta para obtener dinero…  ¿cómo encontraron esas líneas de comunicación?

Hay como un gran marco de trabajo que tiene que ver con qué significa la felicidad y cómo se consigue. No podemos vivir en este mundo que nos inventamos sin dinero. Uno  queda excluido si piensa en otra forma de intercambio. Y hay dos maneras de conseguirlo: trabajando en una oficina; y la otra, que no sé si pueda llamarse trabajo, que se basa en la explotación de otros, en un atajo, como la delincuencia, que va desde un  político de corbata, hasta el que atraca en la calle. Muchas veces el trabajo es un horror. De eso habla el purgatorio de Restrepo, de tener que trabajar día a día en trabajos miserables por un sueldo que no alcanza.

¿Cómo se hicieron la selección de las obras?

Las obras son diversas. No todas hablan de lo mismo, no todas hablan de minería, por ejemplo, pero todas hablan de la consecución de dinero. No fue un concurso sino obras que nos parecía que podían complejizar la idea de El Dorado que estábamos trabajando. Y muchas son videos porque la exposición tenía que ser portátil y fácil de transportar.

En el texto que acompaña la exposición llaman la atención sobre el nombre del aeropuerto de Bogotá…

No deja de ser cómico, irónico, sintomático, que uno pueda decir: “lléveme al Dorado”. Y nos llamó la atención también porque la promesa de felicidad siempre está más allá, afuera. Como que el paraíso siempre está en otra parte, entonces el aeropuerto (los aeropuertos) tienen esa carga de ser esos espacios que te llevan a la felicidad o te traen de ella.



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