La primera versión se publicó en 1913

Un siglo de El gran Meaulnes

Uno de los clásicos de la literatura universal cumple 100 años de haber sido publicada, la única novela de Alain Fournier reúne los recuerdos del autor sobre el final del siglo XIX y su gran amor Yvonne de Galais.

2013/11/13

Por Augusto Munaro

París celebra en estos días el centenario de El gran Meaulnes, la primera y única novela publicada por Alain Fournier, a través de infinidad de actos sobre el que, para muchos es, el libro de amor más perfecto jamás escrito. Esta parábola poética del paso de la niñez a la adolescencia, donde realidad y ensueño conforman una imperecedera elegía amorosa, se ha ganado un lugar seguro dentro de la historia de la literatura mundial (en una reciente encuesta Le Monde la ubicó entre las diez mejores del siglo XX). ¿Pero en qué reside su esplendorosa singularidad?, ¿es posible desentrañar su hechizante fascinación? Recordemos parte de su argumento.

Le Grand Meaulnes cuenta la época de los primeros amores, las lealtades de la amistad juvenil y la iniciación a la madurez. François Seurel, hijo de un maestro rural, narra su infancia y adolescencia escolares tras la llegada de un nuevo compañero, Agustín Meaulnes, quien lo saca de su soledad, convirtiéndose en el guía espiritual de aquella pandilla juvenil. Pronto Meaulnes vive –y Seurel a través de él– una aventura tan mágica como misteriosa. Una cuyo epicentro resulta la joven y bella Yvonne de Galais. Pero el libro, desde luego y como toda gran obra,  es mucho más que una novela romántica, o de “iniciación”, como muchos creen.

Su lectura cada vez más crepuscular a medida que la narración progresa es evasiva. El aire de encantamiento, casi surrealista, se despliega entre la aventura y el ensueño. La naturaleza (los bosques, campos, prados que rodean el colegio y el pueblo), espacios donde se desarrolla la acción, se convierten en un protagonista más. Funcionan como escenario de una pérdida, el extravío de la inocencia. El gran Meaulnes es bello porque es triste. Es inolvidable porque es cruel. Si conmueve la novela del modo que aún lo hace, es porque nosotros también estamos hechos de sueños. La felicidad, aunque pasajera,  evidencia esos titilantes mundos imaginarios.

El libro no sería aún más extraordinario sin la historia que hizo posible su narración, el germen que impulsó a Fournier escribir la novela. El gran Meaulnes es producto de un amor frustrado. Alain Fournier adoró a una mujer llamada Yvonne, tal como Agustín (en la novela) a su Yvonne de Galais. Y como es sabido, el amor es un sentimiento que invade y que no siempre necesita ser correspondido. Por eso mismo nuestro autor debió atravesar una amarga experiencia que culminó con el libro.

La verdadera historia de esta intensa y misteriosa novela se inicia el primer día de junio de 1905, cuando el joven Alain –entonces 18 años- salía de una exhibición de pintura del Grand Palais en Paris, y de pronto, se topa con la mujer de sus sueños. Acompañada por una señora mayor, la bella muchacha se escondía detrás de un parasol blanco (todos estos exquisitos detalles circunstanciales los conocemos gracias a la voluminosa correspondencia que mantuvo con su amigo, y luego cuñado, Jacques Rivière). Atónito, decidió seguirla por el Cours La Reine, y luego en bote, hasta su casa ubicada en el Boulevard Saint Germain. Regresó allí los días sucesivos, aunque sin el valor para golpear su puerta. El 10 de junio apercibe su rostro en la ventana. Un día más tarde, la siguió a la iglesia donde al término de misa surgió una “larga, hermosa, extraña y misteriosa conversación”. Allí ella le dijo que estaba comprometida a un médico naval. También le reveló su nombre: Yvonne de Quiévrecourt. Se separaron sobre el Pont des Invalides.

Desde entonces Alain pareció vivir de esa imagen. Su recuerdo le inspiró una serie de poemas y narraciones breves que compiló bajo el título de Milagros (libro aparecido póstumamente). Aún así, aquello era insuficiente. Para 1910, Alain Fournier comprendió que el único modo posible de retener a la mujer de sus sueños era convirtiéndola en centro de una novela célebre. Se propuso transformar a través de la alquimia de la literatura a Yvonne de Quiévrecourt en Yvonne de Galais…

Fueron tres largos años de meticulosa escritura. La novela que en principio pensó titular El día de la boda, y más tarde El dominio perdido, inteligentemente estructurada, rompía con el realismo y naturalismo imperante de la época. Su redacción fue en verdad una paciente y amarga reconstrucción de aquel amor platónico. Muchos fragmentos de su epistolario fueron transcriptos literalmente a su obra. Agustín Meaulnes, no era otro más que el mismísimo Alain, el tímido soñador hechizado por la belleza celeste de su fugitiva sílfide.

En mayo de 1913, esta vez a través de la iniciativa de su hermana, Isabelle, se coordinó un último encuentro. Yvonne le confiesa que aún le recordaba y que de “haber venido tres años atrás, todo hubiese sido posible”. Fue presentado a su madre y a sus dos pequeños hijos. Solícita, le invitó a visitarla, a ella y a su marido, en su casa de Brest. “Mi marido lo llevará a conocer el campo”. Para Alain, todo había concluido. Un futuro compartido era inimaginable.

Por esos días El gran Meaulnes estaba en su última fase. Publicado primero por entregas en la Nouvelle Revue Française, la revista más importante en su género, la obra salió como libro en octubre de ese mismo año. Fournier le dedicó a su musa, un ejemplar con la siguiente leyenda: Junio 1905 – octubre 1913, el tiempo en que había perdurado su ilusión. De inmediato inició Colombe Blanchet, que dejó inconclusa a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Tres meses más tarde, Alain Fournier moría por Francia a la edad de 27 años. Cayó el 22 de septiembre de 1914, en Les Éparges, cerca de Verdún. Sus restos fueron hallados recién en 1991, en una fosa común junto con 20 miembros de su regimiento. Se lo identificó por el uniforme de oficial. En el 2013, sus sueños han vencido la locura de la realidad. El gran Meaulnes, imperecedero clásico de las letras universales, cumple un siglo de lozana vida.

                                   


¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.