Foto: Guillermo Torres

El mercado de San Pedro

Muy temprano en la mañana, incluso antes de que salga el sol, la gente empieza a llegar al mercado de San Pedro en Cusco. En una ciudad donde prácticamente todo tiene un significado histórico, el mercado es tal vez la mayor fuente de riqueza cultural viva...

2014/04/28

Muy temprano en la mañana, incluso antes de que salga el sol, la gente empieza a llegar al mercado de San Pedro en Cusco. En una ciudad donde prácticamente todo tiene un significado histórico, el mercado es tal vez la mayor fuente de riqueza cultural viva. Desde artesanías hasta una muestra de la variada gastronomía peruana, el mercado es al tiempo un lugar turístico y patrimonial y un punto clave de la economía local.

Lo primero que se ve al entrar es un gran pasillo con todo tipo de plantas. Detrás de cada puesto hay una mujer de rasgos andinos –casi no hay hombres– vestida con el atuendo tradicional de la sierra peruana. La mayoría es indígena y habla en quechua. Benita Jaive, una de ellas, vende productos medicinales. Los enumera: ruda para el mal de aire, muña para el estómago, romero para el pelo, retama para la sinusitis y yantén para desinflamar. Todo lo aprendió de su suegra. Un hombre, con chaqueta y bufanda para protegerse del frío de la mañana, le compra sábila y gigantón para prevenir las canas. Su esposa, que tiene un negocio de productos farmacéuticos, le dio ese encargo. Muy cerca, una mujer mayor vende ranas vivas a tres soles para curar la anemia.

Hacia las ocho de la mañana, el mercado está lleno. Muchos de los compradores suelen aprovechar para comer algo en las mesas del pasillo central: hay ceviches, causas, lomo saltado, anticuchos y papa a la huancaína. Más allá, puestos de jugos naturales.

Luego viene un pasillo con las innumerables clases de maíz peruano, soya, algas marinas, pescado seco, fríjol, quinua, caviar, langostinos y papa deshidratada, una variedad única creada en tiempos del imperio Inca. En vísperas de la Semana Santa, una de las fechas más esperadas en Cusco, se vende pan de jurca. Hay varias mesas con montañas del famoso pan redondo.

También hay puestos con productos esotéricos. Emma, una de las vendedoras, explica: hay fetos de alpaca que se utilizan como ofrendas para la madre tierra, pomadas de coca y eucalipto, aceites y jabones para baños de limpieza, piedra azul, collares y cientos de tarros con lociones y ungüentos. Finalmente, está la zona de las artesanías, con muñecas de tela, llamas de hilo, cruces andinas y trajes típicos.

Faltan un par de horas para el mediodía y el mercado continúa en plena actividad.

 

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