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El Museo de Orsay rechaza tesis de coleccionista sobre "El origen del mundo" de Courbet

El Museo de Orsay anuncia que El origen del mundo es una obra completa y no un fragmento

Arte

Los representantes del museo descartan la posibilidad de que "El origen del mundo" de Gustave Courbet sea un fragmento de una obra más amplia.

Por: EFE, RevistaArcadia

Publicado el: 2013-02-08

El Museo de Orsay de París, conocido por alojar una de las colecciones más importantes de arte del siglo XIX  y cuyas instalaciones, como símbolo de la época, se encuentran en una antigua estación de ferrocarril, desmiente la teoría según la cual una de sus obras emblemáticas, El origen del mundo de Gustave Courbet, sería un fragmento de una imagen más amplia.  

La hipótesis fue sostenida por un coleccionista anónimo. Tras haber comprado en un anticuario de París en el 2010 un lienzo de una mujer desnuda con la cabeza reclinada hacia atrás, el coleccionista afirma que éste sería la continuación de la famosa y controvertida obra de Courbet en la que se muestra en primer plano el sexo de una mujer. Aunque el cuadro no está firmado, el coleccionista explica que ha localizado las iniciales GC invertidas en la oreja de la mujer representada y que algunos cortes en los bordes de la obra harían pensar en su separación de otro fragmento de tela.  

“'El origen del mundo' no ha perdido la cabeza", han afirmado con ironía los representantes del museo. El lienzo de 1866 en el que el pintor, en un acto de franqueza y atrevimiento, representa con precisión el órgano genital femenino, fue un desafío para la sociedad de su época, en la cual los desnudos y las escenas eróticas tenían únicamente cabida en representaciones mitológicas. El Museo de Orsay afirma que la obra "es una composición terminada y en ningún caso el fragmento de una obra mayor", desmintiendo la sospecha del coleccionista.

Tanto testimonios del siglo XIX como estudios posteriores parecen respaldar esta información. Las descripciones que se hacen de la obra en la época en la que pertenecía al diplomático turco Khalil Bey (1831-1879), quien problablemente fue quien la encargó, afirman que la imagen representaba a una mujer "desnuda sin pies y sin cabeza". Posteriormente, en 1990, estudios técnicos demuestran que la obra no fue sometida a ninguna modificación con la que se hubiera desaparecido el rostro en uno de los iconos más revolucionarios de la historia del arte.