Teatro Colón

El regreso del Colón

El Teatro Colón, antiguamente llamado Coliseo Ramírez, abrirá hoy nuevamente sus puertas al público con una fachada completamente transformada y una remodelación que costó más de 50.000 millones de pesos, seis años y algunas polémicas.

2014/07/25

Por Daniela Cortés Medina

Cuando el Teatro Colón abrió por primera vez sus puertas en el año de 1792, lo hizo bajo el nombre de Coliseo Ramírez. Era el primer gran teatro de la antigua capital y aunque se trataba de ser un centro cultural, varios conservadores lo miraban como un posible foco de escándalos. Desde su construcción sus directores hicieron esfuerzos por presentar nuevos y diversos espectáculos. Sin embargo, poco a poco disminuyó el número de espectadores y finalmente el teatro fue abandonado por su público y condenado a ser un testigo silencioso de su propio decaimiento. El destino del teatro dio un vuelco cuando el presidente Rafael Núñez, en 1892, decretó su expropiación para el uso y beneficio público. Pietro Cantini, arquitecto encargado del proyecto, hizo venir a especialistas y artistas de Italia como Luigi Ramelli y Filipo Mastellari que capacitaron a los locales y terminaron por convertir las ruinas del teatro en una escuela de formación. Ramelli fue una de las figuras más importantes de este proyecto y estuvo a cargo de los acabados en yeso, la lámpara y todas las obras de decoración del salón de platea. La decoración de los palcos, ubicados en la segunda fila, también son obra de Ramelli quien escogió el tema de las cuatro estaciones para adornar la sala. 

Después de estar siete años cerrado, el Colón vuelve a abrir sus puertas al público con una propuesta renovada que va más allá de su reforma estructural. El programa de renovación apuesta por un cambio en las dinámicas de consumo que permita una apertura más amplia al público.  

Manuel José Álvarez, actual director dice que se trata de una tarea de recuperar el teatro y de devolverle el brillo y la estabilidad física que había perdido con el paso del tiempo. “Entre los cambios más importantes, el ministerio tomó la decisión de darle un nuevo corazón al Colón que requería un escenario más grande y una tramoya moderna que pudiera albergar cualquier tipo de espectáculo”.       

Con este proyecto se busca, en definitiva, recuperar para la ciudad el centro cultural. “Se quiere revitalizar un sector del espacio urbano que es el centro histórico, y que como sucede en todas las ciudades del mundo, se va deteriorando poco a poco y va cayendo en un terrible abandono”.

Alberto Escovar, uno de los arquitectos encargados del proyecto, explica que es una gran virtud que el teatro se convierta en un espacio de producción y coproducción. “Va a ser un centro que arriesgará por las nuevas tendencias y las propuestas novedosas. El Teatro Colón será un espacio incluyente, abierto y plural, y va a apostar por todas las manifestaciones de las artes escénicas. Me parece importante el hecho de que cada espectáculo que se presente en el Colón sea una oportunidad en lo que respecta a la formación de sus colaboradores. Todo se va hacer dentro del mismo teatro. La gente va a aprender haciendo las cosas y eso va a beneficiar a muchos que de otra manera probablemente jamás se hubieran interesado en la ópera”.

Los cambios estructurales que se hicieron en el teatro implican principalmente un cambio en las arcadas que impedían la movilidad de las escenografías. Se cambió toda la caja escénica y se instalaron equipos nuevos de mecánica teatral, iluminación escénica y seguridad de control en audio y video. Se restauró la silletería y el telón de boca y se cambió la platea de una forma plana a una forma inclinada para comodidad del espectador.

La democratización parece ser uno de los temas clave de esta nueva etapa del Colón. Manuel José Álvarez dice que además de la remodelación harán una programación extensiva a otros espacios como la Estación de la Sabana, y contarán con transmisiones de los espectáculos vía streaming. “Ese es el proyecto del colon y ese es el reto del ministerio de cultura”, explica.

¿Democratización?

A pesar de tratarse de un proyecto ambicioso que busca una reforma desde su estructuración hasta de la programación diaria, hay quienes opinan que este hecho no es más que un fenómeno de gentrificación. Manuel Hernández, profesor y vecino del Colón no está para nada satisfecho con el rumbo que ha tomado la cultura en los últimos quince años en el tradicional barrio bogotano.

“Se trata de una tendencia mundial, que banaliza, elitiza y declara políticamente correcta la cultura, que pierde entonces su carácter de resistencia, de subversión, de deseo de hacer una crítica y de que las cosas cambien. La élite cree que la cultura es el reflejo de ella y eso es  casi la negación misma de la cultura popular”, le dijo a Arcadia. “El centro de las ciudades tienen dos destinos y en general son complementarios, primero el abandono, la ruina y después el gentrificación que consiste en que grupos de altos ingresos compran barato, reforman, y venden caro solo para ellos mismos. Sucedió  con Tribeca en Nueva York, y está sucediendo con ciertas barriadas de París. Personas con altísimos ingresos toman las riendas del lugar, convirtiéndolos en sus nuevos hábitats valorizados”.

Hernández menciona su inconformismo con los costos, las demoras y el fastidio general para que el centro sea el centro. “La gente de la Candelaria, la que vive en condiciones de inquilinato que todavía sigue siendo la mayoría, está siendo amenazada con una gentrificación y a esa gente le van a vender como valor agregado un Teatro Colón sin pasado”, concluye.    

El teatro ha tenido una remodelación integral que va más allá de su fachada y apuesta por una agenda renovada que incluye presentaciones que van desde la ópera hasta la música electrónica, pasando por la música tradicional colombiana, urbana y clásica, entre otros géneros. Con resistencias, como ocurre con cualquier proyecto, su apertura significa el regreso del más tradicional de los teatros bogotanos.

 

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