El historiador Marco Palacios. Foto: León Darío Peláez.

“Chávez y Uribe capitalizaron la crisis espiritual de la política”

Uno de los datos más interesantes que arrojó la encuesta presidencial que sale en la más reciente revista ‘Semana’ es el papel secundario que hoy juegan los partidos conservador y liberal en la carrera hacia la Casa de Nariño. Para entender su poca injerencia actual hablamos con el historiador Marco Palacios.

2017/05/23

Por Christopher Tibble

A partir de 1.200 entrevistas en 57 municipios, la revista Semana, Caracol Televisión y Blu Radio realizaron la más reciente encuesta presidencial de cara a las elecciones del próximo año. En la pregunta“¿Si las elecciones fueran mañana, y estos fueran los candidatos, por quién votaría?”, las cinco políticos más elegidos entre los encuestados fueron Germán Vargas Lleras (Cambio Radical) con el 21,5 %, Gustavo Petro (Progresistas) con el 14,2 %, Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano) con el 10 %, Clara López Obregón (Polo Democrático) con el 8,4 % y Luis Alfredo Ramos (Centro Democrático o Partido Conservador) con el 7,7 %. Para entender la poca injerencia que tienen hoy el partido liberal y el conservador en la carrera presidencial, le enviamos una serie de preguntas al historiador Marco Palacios, autor de libros como Entre la legitimidad y la violencia: Colombia 1875-1994 y Colombia, país fragmentado, sociedad dividida.

Si se miran las encuestas sobre la intención de voto para las elecciones de 2018, los candidatos del partido liberal y del conservador no superan el 10 %. ¿Qué pasó con los partidos tradicionales colombianos?

Estas encuestas y los resultados electorales de los últimos 20 años parecen decirnos que, con altibajos esperables, los partidos liberal y conservador sobreviven perfectamente en los márgenes.  

Un momento crucial en la desarticulación de los partidos tradicionales en Colombia ocurre cuando Álvaro Uribe irrumpe en las elecciones de 2002 con el movimiento Primero Colombia, después de abandonar el Partido Liberal. ¿Qué representó Uribe que le permitió romper el esquema bipartidista en ese momento?

Hay un fenómeno global de desprestigio social de los políticos y más ampliamente de “la política” que afecta necesariamente los partidos. Sorprende que el fenómeno también se presente en regímenes parlamentarios (en España, Escocia u Holanda) o en regímenes algo mixtos (Francia) y no solo en los países de régimen presidencial en donde los partidos tienden a ser más sueltos, menos amarrados y cerrados. Chávez en Venezuela y Uribe en Colombia capitalizaron la crisis espiritual y moral de la política, la fragmentación de los partidos y la voracidad de los políticos. Chávez fue un precursor.

En líneas generales, ¿qué distingue -o qué distinguía- a un liberal de un conservador?

Hasta el advenimiento del Frente Nacional en 1958, la nota principal estaba en el papel asignado a la Iglesia Católica, al clero católico, en la vida pública; por ejemplo, en la educación. Todavía bajo López Michelsen hubo algún alboroto en relación con el tema del matrimonio civil y el divorcio. Pero no fue más que eso. De modo que las relaciones estado-iglesia dejaron de importar seriamente.

¿Cómo se fraguan en un inicio las diferencias ideológicas entre ambos partidos en Colombia?

Visto este asunto en las décadas de 1820 a 1840 hubo muchos cruces del que un parteaguas fue la dictadura de Bolívar en 1828 y la “conspiración septembrina” tres meses después, que tuvieron múltiples consecuencias de mediano y largo plazo.

Visto en la coyuntura de mediados del siglo XIX, el asunto parece apuntar a un contenido social de la república y al oportunismo electoral de políticos que buscaron el apoyo eclesiástico. La derrota de Melo en 1854, y luego del melismo, cerró el capítulo social; pero siguió vivo el asunto de la Iglesia. Mosquera decretó en 1861 la tercera expulsión de los jesuitas, la “tuición” y la expropiación final de los bienes de la Iglesia. El Concordato de 1887 cerró este capítulo protocolizando una república confesional, con base en la constitución del año anterior. La derrota de la república social melista cementó un bipartidismo de largo plazo de las clases altas en torno a políticas económicas pragmáticas pero siempre en función de sus intereses.  

¿Esas diferencias ideológicas se mantienen en el transcurso de la historia colombiana, o se van acomodando a distintas coyunturas políticas, como ha ocurrido con los partidos tradicionales de Estados Unidos?

En Colombia como en otros regímenes de partidos laxos, como Estados Unidos, los partidos suelen contener grupos pragmáticos, oportunistas, y grupos con ideologías y doctrinas partidistas que mantienen posiciones algo más duras. Y así va el juego. Por eso considero un error de perspectiva histórica suponer la continuidad de bloques cerrados de liberales contra bloques cerrados de conservadores. Esto sólo ocurría en coyunturas muy críticas y, en todo caso, antes del Frente Nacional.   

A pesar de las diferencias que existen entre ambos, ¿se puede decir que los dos han sido partidos de derecha?

En el plano social y de política económica han sido partidos plutocráticos de la soberanía del mercado y de la gran propiedad que, claro, no podría negar la pequeña propiedad. Los dos partidos y los que siguen, abrieron, conforme a la regla de clientelas, canales limitados de redistribución. Esto se aprecia mejor en una serie histórica de la hacienda pública, en particular, en la distribución de la carga fiscal (que es bajísima en términos del PIB) y la “redistribución” por la vía del gasto público que, cada vez más, se ejecuta mediante un complejo sistema de contratos y redes de contratistas

Antes la gente se identificaba como liberal o conservador. Eso definía en parte sus amigos, el medio que leía, sus relaciones en general. ¿Ese sentimiento de pertenencia política con qué se ha reemplazado?

Es rara la elección en la que participe más de la mitad de los ciudadanos. En Barranquilla y el Atlántico, por ejemplo, el voto se compra al por mayor, en proporciones inverosímiles. No sé cómo sea en el Chocó o el Cesar. Puede que en Bogotá o en Medellín o en centenas de pequeños municipios haya gente que vote guiada por algún tipo de pertenencia política; pero baste señalar que a las actuales metrópolis ha regresado la religión, no sólo la católica, sino la de iglesias protestantes que dirigen oportunistamente la feligresía.    

¿Qué opina sobre la pluralidad de partidos que hoy conforman el espectro político en Colombia? ¿Considera que es saludable?

No estoy seguro si la expresión pluralidad de partidos sea adecuada en la situación colombiana de hoy día. Más bien parece que estamos en eso de “a río revuelto ganancia de pescadores”.

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