Alejandro Santos, director de 'Semana'.

“La libertad de las redes muestra lo mejor y lo peor de la democracia”

Las más reciente portada de revista Semana desató una polémica en redes sociales por la postura que asumió a favor del alcalde Enrique Peñalosa. Hablamos con Alejandro Santos, su director, sobre la controversia y el papel de los medios en la actualidad.

2017/01/12

Por RevistaArcadia.com

¿Qué opina del constante y a veces agresivo monitoreo y fiscalización de los medios por parte de terceros en redes sociales?              

Las redes son un gran oportunidad y al mismo tiempo un gran riesgo. Son una gran oportunidad para la sociedad en la medida en que democratizan el acceso a la información y le permiten al ciudadano del común poder expresarse sin intermediarios. Son una plataforma para que la gente pueda expresar sus opiniones, y dentro de esas posibilidades la gente es más libre y tiene la posibilidad de participar más. Pero también son un gran riesgo por la lógica de los algoritmos de las redes y porque muchos de quienes las utilizan mienten, manipulan, mimetizan agendas y calumnian escudándose en la noble bandera de la libertad de expresión. La elección del populista Donald Trump o el tono de alcantarilla con el cual se está dando el debate político en Colombia es la cara oscura de las redes; una cara que ya está empezando a poner en peligro a las mismas democracias. Las investigación del FBI, la CIA y la NSA sobre como el presidente Putin influyó a través de las redes sociales de manera importante en la elección de Donald Trump -y al ver el estrecho margen por el cual ganó- dejan grandes interrogantes sobre la calidad de información y la toma de las decisiones de los ciudadanos sobre su futuro. Muy triste que una herramienta tan maravillosa para la libertad termine siendo una amenaza para la estabilidad democrática. 

¿Qué opina específicamente de la fiscalización, de que los medios se vean atacados constantemente en redes?

El cuarto poder nunca había tenido un contrapoder. Yo creo que las redes son hoy un contrapeso al peso de los medios, lo cual en teoría es muy sano: los medios fiscalizados por los ciudadanos. Sin embargo, si uno mira el tono de la valoración crítica de los medios, o las agendas políticas que se mueven, o la manera como se utilizan la mentira y la estigmatización como un instrumento eficaz para deslegitimar, esa fiscalización aparentemente ciudadana, no solo no lo es, sino que termina siendo contraproducente. El otro día veía un debate en la Deutsche Welle, y decía que  la postverdad siempre ha existido, lo que pasa es que antes se llamaba calumnia e injuria. Ahora, supongamos un escenario utópico en el que las redes fueran el espacio para que la gente del común opinara con un buen tono, fuera muy crítica pero con argumentos y con contexto. En ese caso, en las redes se estaría enriqueciendo el debate público y hasta la necesaria fiscalización de los medios. Es más, se pondría a los medios en posiciones muy incómodas. Pero yo creo que hoy estamos llegando más bien a un escenario en el que las redes se están asociando mucho con la mentira y con la manipulación y eso está perjudicando profundamente la credibilidad de las redes a futuro. 

¿Por qué la gente insiste en que los medios deberían ser imparciales? 

Creo que el concepto de “los medios” es demasiado genérico. ¿Cuando hablamos de medios hablamos de un periódico, de un bloguero, de la radio, de un medio comunitario o de un influenciador en Twitter? ¿De qué hablamos? ¿Qué son los medios? ¿Estamos hablando de los medios tradicionales? Hoy el medio, más que nunca, es el mensaje, como decía McLuhan. Y la pregunta por la imparcialidad es una pregunta que se plantea desde el deber ser. Todo el mundo habla de la necesidad de que los medios sean objetivos e imparciales. Pero los medios son por naturaleza subjetivos, como lo son los periodistas detrás de los medios. Los medios en abstracto son periodistas en concreto. Y la aparente imparcialidad u objetividad periodística se desnaturaliza todos los días cuando se decide qué noticias se publican y qué noticias no se publican. Cuando se escoge la portada de una revista o la primera página de un periódico, o cuando un influenciador en twitter toca un tema, se toman decisiones subjetivas. Entonces más que hablar del deber ser, de que los medios deberían ser imparciales y objetivos, lo cual me parece un debate ya superado, lo más honesto es que los medios sean transparentes con su argumentación, con las posiciones que asumen y los valores que defienden. Creo que una cosa es que un medio sea riguroso, sea ético, tenga muy buena información, dé contexto, y otra es que pueda tener un tono editorializante o que pueda asumir una posición fuerte o menos fuerte. Pero esa honestidad, combinada con un buen criterio y profesionalismo, es mucho más transparente con la sociedad, que cuando los medios posan hipócritamente de imparciales para quedar bien con la galería. 

¿Qué opina sobre el hecho de que los medios tengan una línea editorial propia y apoyen políticamente ciertos procesos o a ciertas personas?

Los medios no son un Olimpo ajeno a la realidad. No la miran desde la estratosfera. Eso me parece deshonesto porque no es cierto. Todos los medios son protagonistas importantes de la sociedad y en ese sentido tienen una naturaleza política, defienden unos valores a veces comunes a todos, como la libertad de expresión, y otras veces son específicos, por ejemplo frente a temas políticos. La democracia se puede medir en gran medida con la cantidad de medios distintos dentro del espectro ideológico y con el hecho de que esos medios hagan buen periodismo desde su propia perspectiva: liberal, conservadora, de izquierda, alternativa… Y que haya muchos medios que, con profesionalismo, defiendan visiones distintas de la sociedad. Cada visión tiene sus énfasis, su contexto y su manera de ver la realidad. Lo importante es que se haga bien, con inteligencia y creatividad, y que se sea honesto en cuáles son los valores que uno defiende. Esa, creo yo, es la manera en que uno debe empezar a mirar el valor de la información. Y me parece sano para un país que los medios también digan cuáles son sus posiciones y por qué están de acuerdo o en desacuerdo con candidatos o procesos. Lo que no puede pasar es que todos los medios digan que son objetivos o que no pueden sentar posición frente a temas determinantes como el cambio climático, las redes, los inmigrantes o un proceso de paz. 

¿Qué le pasaría a la información si dejaran de existir los medios tradicionales?   

Creo que esa pregunta está mal planteada porque yo no hablaría de “medios tradicionales”, dándoles un halo de dinosaurio, y de las redes sociales como abanderados de la mentira. Ni los medios tradicionales son lo que a veces se dice que son en las redes, ni las redes son la apología de la mentira, que es lo que muchos medios creen. La pregunta es si el buen periodismo va a sobrevivir en la era digital. Hoy, gran parte del buen periodismo lo siguen haciendo los medios tradicionales: la radio, la televisión y la prensa, impresa o no. Y ya se están empezando a ver experiencias muy interesantes de buen periodismo en lo digital. Lo ideal en definitiva, sea como sea, es que se haga un buen periodismo, con integridad, transparencia, carácter, criterio y buena información. Yo creo que esa es la gran pregunta, y esta debe responderse inevitablemente respondiendo otra pregunta: cuál es el modelo de negocio posible o viable para que ese periodismo se pueda hacer, porque un periodismo de calidad cuesta. Si uno quiere tener talento y contexto, tiene que contratar a los más preparados y experimentados, y tiene que viajar y palpar la realidad in situ, y no a través de Google. El periodismo de calidad es un periodismo costoso. Por eso la pregunta clave es si vamos a encontrar un modelo de negocio tanto para los medios tradicionales, que hoy están teniendo problemas, como para los medios digitales, que no han encontrado una manera de monetizar los ingresos. 

¿Qué opina de que Facebook esté montando un proyecto o un ala periodística propia?

Me parece que es el desenlace natural de la gran crisis de las redes sociales de 2016. El año 2016 fue el campanazo para la sociedad y para las democracias sobre un instrumento de enorme poder, desbocado y utilizado por las personas equivocadas, con un criterio interesado. Yo lo que veo es que el péndulo va a terminar buscando mejorar la calidad de la información en las redes para evitar controles y reformas que terminen viniendo del Estado. Miremos el tema de Putin, por ejemplo. Lo que está pasando es que los regímenes autoritarios, que tienen visiones mesiánicas, nacionalistas o chauvinistas utilizan las redes para exacerbar la insatisfacción y la ira de la gente en las democracias occidentales para que sean elegidos candidatos populistas, maravillosos para capitalizar ese descontento. Y una vez en el poder, son profundamente antidemocráticos. Lo primero que terminan cerrando esos candidatos que aprovecharon la libertad y las posibilidades de las redes es precisamente la libertad de expresión, que es la que menos les gusta. Miremos a Chavez o Maduro en Venezuela, Erdogan en Turquía o lo que pasó con la primavera árabe. Mientras nadie opine algo distinto a lo que el gobierno opina, todo está perfecto. Las redes son una expresión increíble de la democracia y su gran posibilidad, pero si se manejan mal son también su gran talón de Aquiles. 

¿Qué opina de las críticas a la portada de Peñalosa de la última edición de la revista Semana?    

Siempre una portada de un personaje controvertido va a ser controvertida. Creo que los medios no tenemos que tenerle miedo a la controversia. Todo lo contrario. Tenemos que suscitar la discusión y la polémica, siempre con argumentos y con transparencia. Una portada como la de Peñalosa, que lo pone en su contexto, que recuerda lo que fue Peñalosa como alcalde hace 20 años y que mira la visión que tiene de ciudad hoy en día –con los problemas que tiene Bogotá hoy, y en un contexto político muy complejo ideológicamente hablando– inevitablemente genera mucha discusión, controversia y, claramente, mucho rechazo de quienes no quieren a Peñalosa. Pero yo creo que lo único que no pueden tener los medios es temor de generar descontento, o de tener críticos. Los medios y los periodistas no se pueden acobardar. Tienen que hacer buen periodismo y defenderlo con carácter. 

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