Pablo Simonetti. / Cortesía Random House

Cómo combatir la homofobia

Hablamos con el escritor y activista gay Pablo Simonetti sobre discriminación, a propósito de la publicación de su nueva novela, ‘Desastres naturales’.

2017/09/21

Por Jose Londoño

Desastres naturales es una novela que ahonda encarnadamente en las masculinidades. La novela cuenta la historia de la homosexualidad de Marcos, un personaje que crea y afirma su diversidad en un camino catastrófico; una persona excluida y construida en un mundo en el que el patrón dominante es la masculinidad heterosexual. Marcos viene de una familia homofóbica, conservadora y rica favorecida por la dictadura de Pinochet; viene de círculos y condiciones contradictorias y homofóbicas que lo segregan por un miedo general a aceptar la diversidad. La historia de su homosexualidad, entonces, se sitúa en el escenario simbólico y material del dominio de lo masculino. La novela opera así como un relato liberador del Chile machista que se creó y promovió con la Dictadura que, en términos de Pablo Simonetti, es un Chile violento y patriarcal.

En varias situaciones de su novela, distintos personajes le niegan el acceso a Marcos a trabajos y espacios, no porque consideren que Marcos no debería entrar a esos lugares o a esos trabajos por ser homosexual, sino porque “otras personas” o “Pedro” podrían oponerse. En esa dinámica la gente excluye a Marcos hipócritamente: no por ellos, sino por alguien más. Quisiera que profundizara sobre eso.  

La discriminación de primera, de segunda y de tercera mano son todas discriminaciones. Lo que subyace es obligar a la persona a tener un comportamiento en contra de su naturaleza. No seamos ingenuos, unos padres o madres homosexuales obviamente van a buscar ambientes acogedores para sus niños: colegios abiertos, por ejemplo. ¡No tirarían a su hijo a los leones! Entonces, claro: la protección muchas veces se esconde tras un “Mira cómo me preocupo por ti”, pero en el fondo lo que ocurre es que se está incurriendo en un acto de discriminación tan desembozado como el de quien discrimina directamente. Se impone así, con la discriminación indirecta, la condición de paria, la de no pertenencia. 

¿Cómo se expresa eso en la novela?

“Pedro”, por ejemplo, hace eso diciendo “Si se llegan a enterar los japoneses, no nos compran más acero”, refiriéndose a la homosexualidad de Marcos. En lo anterior se expresa escondidamente lo que verdaderamente se dice: “Yo no voy a tomar ningún riesgo por tu diferencia”. La madre incluso tiene una conversación con Marcos en la que dice “Me alegro mucho de como has llevado esto adelante, porque lo has llevado solo sin meter a la familia en tu problema”. En últimas, yo creo que nuestra identidad no debería responder al hecho de cumplir con ciertas reglas para que podamos pertenecer a algo. No debería existir ese conflicto tan grande que hay entre identidad y pertenencia cuando la identidad es diversa. Lamentablemente lo que vemos aquí es muy excluyente, y ser diverso es lo que impide pertenecer a un lugar, tomar un oficio.

Usted, además de escritor, es un activista homosexual. ¿Qué recomienda hacer para promover una consciencia igualitaria?

Yo creo que la manera de abrir corazones a esta causa justa es mostrar una cara no beligerante, oposicionista, acusatoria, sino más bien un discurso de esperanza, de igualación de derechos, de dignidad. Yo creo que la homofobia es principalmente una cosa de ignorancia. Así que hay que mostrar, con hechos, con experiencias, que una familia homoparental puede ser como cualquier otra, y que la única diferencia es que está formada por dos hombres o por dos mujeres que quieren tener las mismas oportunidades que los heterosexuales de ser felices. Si usted dice que hay que defender la idea de familia a como dé lugar, ¿por qué no defender entonces también a una familia homosexual? A mí, personalmente, me da risa la idea de la familia, o del matrimonio. Ambas son instituciones que vienen del cristianismo. Pero lo único que piden los diversos es tener familias con los mismos derechos, las mismas dignidades.

¿Y qué opina del argumento de que un niño necesita de un padre y una madre?

Creo que son enunciados que vienen de unos ideales que no corresponden con la realidad ni responden a ella. La realidad no es lo que tú creas que es mejor. La realidad sencillamente es. El Estado debe proteger a todas las personas: a los heterosexuales, a los homosexuales y, sobre todo, a los niños. “Yo creo que el niño tiene el derecho a un padre y a una madre”, dirán, pero eso, de nuevo, es un ideal que niega la realidad. Ese es el gran error de los conservadores: pensar que uno puede estipular una regla general que niega realidades de grupos enteros de una sociedad. Eso genera mucho sufrimiento, y un Estado no debe ser secuaz de un principio que genere sufrimiento.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación