El afiche de la película.

Los fantasmas de la UP

‘Parábola del Retorno’, el nuevo mediometraje del cineasta Juan Soto, imagina en silencio el regreso de su tío desaparecido al país tras la firma del acuerdo con las FARC. Un conmovedor homenaje a un hombre -y a un movimiento- exterminado de manera sistemática en los años ochenta. La puede ver aquí hasta el 31 de diciembre.

2016/12/22

Por Christopher Tibble

“Dos candidatos presidenciales, los abogados Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales, 11 alcaldes y alrededor de 3.500 militantes de la Unión Patriótica (UP) fueron sometidos al exterminio físico y sistemático por grupos paramilitares, miembros de de las fuerzas de seguridad del estado (ejército, policía secreta, inteligencia y policía regular) y narcotraficantes. Muchos de los sobrevivientes al exterminio abandonaron el país”.

Con este párrafo inicia Parábola del Retorno, la más reciente película del cineasta colombiano radicado en Londres Juan Soto, un conmovedor ejercicio de memoria en el que el director se imagina el regreso al país de su tío desaparecido en 1987, Wilson Mario Taborda, después de la firma del acuerdo de paz con las FARC. De apenas 40 minutos, la película registra el viaje de Taborda desde Londres hasta Bogotá: la cámara hace las veces de los ojos del protagonista, que sin pretensión artística alguna documenta su paso por el metro, el aeropuerto y el avión, al tiempo que unos sencillos textos narran al estilo de un diario la historia de su vida.

Así descubrimos, por ejemplo, que Taborda fue el conductor de Jaramillo Ossa y que su primer amor fue su prima Sonia, a quien besó cuando ambos tenían cuatro años. Intercaladas entre las imágenes del viaje, aparecen recuerdos: grabaciones caseras, recortes de prensa, fantasmas de un pasado del que Taborda huyó por culpa de la violencia y que ahora, casi 30 años después, se prepara a confrontar. Habla, también, de su actualidad en Inglaterra, de su disgusto por el clima británico y de su afición a la poesía de T.S. Elliot. “En Colombia no había estaciones -dice-. Esa es una de las cosas que más me gustan acá. Las estaciones hacen que el tiempo se le pase a uno más rápido”.

Aparte del párrafo con el que inicia la película, Soto no pone en boca de su protagonista muchas referencias al exterminio de la UP. Taborda no es un guerrillero, un excombatiente, una cifra del conflicto armado: es un cúmulo de recuerdos y experiencias, un hombre que regresa a su país para, sobre todas las cosas, ir a visitar a su madre. Esta humanización, elaborada en silencio y con una narración tan lacónica como poética, hace que la película se descolle sobre otros esfuerzos por contar la guerra: al obligar al espectador a ponerse en los zapatos de Taborda, a presenciar y acompañar su viaje de vuelta a Colombia, cualquier sesgo o prejuicio político se evapora. En el aire queda, en cambio, un deseo de paz, una parábola en potencia, un testimonio que vale la pena ver hoy, cuando este año ya han sido asesinados más de 70 defensores de derechos humanos.

Wilson Mario Taborda desapareció el 23 de noviembre de 1987. La película, hoy en la sección oficial del festival Márgenes, se puede ver hasta el 31 de diciembre aquí.

¿Por qué decidió contar la historia de Wilson Mario Taborda?

El paradero de mi tío Wilson Mario, los detalles de su desaparición, la “historia cifrada” de su vida, son cosas que han obsesionado a mi familia y que hemos heredado las generaciones venideras. Hoy por la mañana, grabando una entrevista a una coleccionista de fotografías que nació en Belfast y que creció en un contexto de guerra civil parecido al nuestro que duró cerca de 30 años y que “culminó” con la firma de la paz con el IRA, decía que en medio de las bombas y los asesinatos ella tenía una vida normal y que el arte y la fotografía iban llenando esos huecos que la “realidad” dejaba y me pareció muy bonita esa reflexión.

A mí me interesa mucho lo que pasa con la intimidad y con la cotidianidad en situaciones particulares como una guerra o una catástrofe natural, o la supremacía de la ultraderecha (que es a lo que nos enfrentamos ahora). Estando lejos he podido ver con un poco de perspectiva esa historia de Wilson, el exterminio de la UP y la guerra colombiana. El nudo se ha ido desenredando o al menos ha ido tomando otras forma y convirtiéndose en algo compartible y apreciable como una película. El próximo año se cumplen 30 años de la desaparición de Wilson Mario y yo quería darle esta película a mi abuela, como ella ya no está para verla pues pensé que quizás esto podría llegar a otras abuelas, madres, tías, etc. lo que sobra en Colombia es gente llorando muertos y extrañando desaparecidos…

¿Cómo se le ocurrió el particular estilo narrativo de este documental?

Es bien difícil decir cómo se me ocurrió porque es como que de repente se juntan un montón de cabos sueltos. Lo que sí puedo decir es que llevo años cargando en la maleta unas imágenes que unos compañeros de mi tío les mandaron a mis abuelos como regalo tras su desaparición. Esas imágenes que a simple vista son nada, solo unos manchones descoloridos por el tiempo e hijos de una época sin HD, era lo único que les quedaba a mi familia de Wilson así que partí de la pregunta ¿qué hacer o dónde poner estos archivos para que un espectador X los pueda apreciar como mi abuela los apreciaba? Yo soy editor de películas así que la primera respuesta que se me ocurrió fue: ¡en el clímax! y de ahí empezamos a darle forma a Parábola del Retorno. Las anécdotas que nos cuenta Wilson las fui recopilando entre la gente que lo conoció, les pedí que me contaran secretos y memorias y usé los textos escritos en pantalla para que cada quién le ponga la voz que le resuene en su cabeza y de esa manera cada quien construya su propio Wilson Mario.

¿Qué valor agregado tienen las narraciones experimentales sobre los documentales más standard? 

Me cuesta mucho situarme en una “narración experimental” o lejos de “los documentales más standard”. Yo creo que todas las películas son necesarias porque cada una habla a un tipo de espectador diferente. Hay un documental que uno podría llamar “standard” sobre el exterminio de la UP que se llama El Baile Rojo, yo jamás habría sido capaz de hacerlo y es un documento que a mí me ha servido mucho a lo largo de los años para entender lo que ha venido pasando con este caso en particular y diría que Parábola bebe de él aunque lo que haga sea completamente diferente.

Al igual que en su ópera prima, acá hace uso de grabaciones caseras. ¿Por qué?

Creo que esto ya está un poco respondido atrás pero podría agregar que lo que se filma cuando uno no tiene tanta conciencia de a dónde van a parar esas imágenes carga con una verdad muy poderosa que (a veces) se pierde cuando los momentos filmados están enmarcados dentro de las órdenes de acción y corte así que he observado con atención esas grabaciones caseras en busca de esas verdades y creo que seguiré trabajando con ese tipo de materiales porque después de varias películas me siguen interesando y sigo encontrando gestos auténticos y momentos de verdad.

¿Qué parábola (moraleja) nos ha dejado la guerra colombiana? 

Ninguna aún, está historia no tiene todavía un fin y la moraleja es lo que viene después de la palabra ‘fin’.

¿Cuál es el valor de imaginar un futuro (o un pasado)?

Yo también me hice esa pregunta mientras estábamos editando y me topé a T.S. Eliot:

El tiempo presente y el tiempo pasado
Acaso estén presentes en el tiempo futuro
Y tal vez al futuro lo contenga el pasado.
Si todo tiempo es un presente eterno
Todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción
Que sigue siendo perpetua posibilidad
Sólo en un mundo de especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
Tienden a un solo fin, presente siempre. (…)”

¿Esta película es, en últimas, un mensaje de esperanza?

No lo había pensado pero me gustaría que alguien pueda ver en ella algo de esperanza. Yo por mi parte tengo mucha fe en el cine.

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