Observadores de la ONU inspeccionan armas entregadas por las FARC en Cauca el 13 de junio de 2017. Crédito: HO / FARC / AFP.

“Ya no hay ningún pretexto para no apoyar el proceso de paz”

Este martes 13 de junio la ONU recibió el 60% de armas de las FARC. Representa un paso más hacia el fin de la guerrilla en Colombia y su tránsito a la vida civil. Hablamos con Sergio de Zubiría, filósofo y parte de la mesa de negociación en La Habana, sobre el valor real y simbólico del suceso.

2017/06/14

Por Ana Gutiérrez

305 miembros de las FARC recibieron un certificado de dejación de armas del general Javier Pérez Aquino, el jefe de Observadores de la Misión de las Naciones Unidas en Colombia, el lunes 12 de junio. El siguiente día, la ONU confirmó que recibió el 60% de las armas de la guerrilla entre ellas fusiles, pistolas, morteros, ametralladoras, lanzagranadas y lanzacohetes. Serán inutilizadas como herramientas de guerra y transformadas en tres monumentos que se instalarán en Bogotá, La Habana y Nueva York.

Cada una de las armas tiene un número serial asignado a un solo guerrillero. Cuando este hace la dejación, recibe el certificado, emitido en conjunto por la ONU y la oficina del Alto Comisionado para la Paz. En menos de una semana, el próximo 20 de junio, las FARC concluirán la entrega y su tránsito a la vida civil luego de 53 años de conflicto. Unos dos meses después, el 7 de agosto, sería la fundación del partido político de las FARC.

“Lo más importante de la dejación es que se ha cumplido la disposición y la voluntad de la insurgencia en el sentido que ya han tomado el paso. Ya nadie podría considerar que no tiene voluntad de reintegrarse a la sociedad civil cuando entregaron las armas, y además a una organización de máxima responsabilidad que garantiza el proceso. Pasan a ser un partido legal. Al país le manda el mensaje: ya no hay ningún pretexto para no apoyar el proceso” dice Sergio de Zubiría. El filósofo formó parte de la comisión de la Memoria Histórica del Conflicto y sus Víctimas y luego participó en la mesa de negociación en La Habana.

Una miembra de las FARC recibe su certificado de entrega de armas en Cauca el 13 de junio de 2017. Crédito: Raúl Arboleda / AFP.

A diferencia de la famosa entrega de armas del M-19, la imagen que más circuló no fue de los guerrilleros rindiendo sus armas, sino una de un funcionario de Naciones Unidas revisando los números seriales antes de almacenar el armamento. 

“Las FARC no quisieron que fuera un espectáculo mediático. En el imaginario de la gente está esa idea muy de los años noventa, del M-19 entregando sus armas en cola, del revólver de Carlos Pizarro envuelto en la bandera colombiana. En este caso se utilizó el término ‘dejación’ en vez de entrega para evadir esa representación de comandantes derrotados, de rendición, de sumisión. No renuncian sino que pasan a hacer política, buscando lo que alguna vez buscaron con armas. Es importante porque este no es el final. Las armas no son eran el fin que buscaban, ni el motivo de la insurrección, ni el verdadero problema. Las causas del conflicto fueron la distribución de tierra, la injusticia, la desigualdad y la pobreza. Eso es lo que toca mitigar. Centralizar el enfoque sobre las armas lo aleja de las causas estructurales que se deben arreglar. Ahora necesitamos un país que en la política no sea armada, ni por parte del Estado ni de la insurgencia” explica De Zubiría sobre las imágenes que circularon, tan distintas a lo que esperaban muchos colombianos.

La entrega de las armas, entonces, no representa un fin del proceso sino el principio de una nueva etapa dedicada a arreglar las causas que llevaron al proceso. "No podemos mitificar las armas, no está todo resuelto por la dejación. El país tiene que hacer un esfuerzo colectivo que va a tomar generaciones para implementar los acuerdos. La paz no es la ausencia de guerra sino una sociedad equitativa, justa y digna" asevera De Zubiría.

Sin embargo, el filósofo espera que la instalación futura de los monumentos si pueda señalarse como el final: "los monumentos tienen un fin mucho más simbólico, artístico y cultural, representarían el renacimiento del país y una nueva Colombia. Serían muy perdurables en el imaginario, lograrían que el conflicto sea arte, cultura y memoria, no armamento”.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.