Chick Corea

Festival de Jazz del Teatro Libre. Luna de cristal

A sus 73 años Chick Corea disfruta su carrera haciendo lo que mejor sabe hacer y ha hecho durante los últimos 50 años de su vida: Tocar el piano. Anoche se presentó en Bogotá.

2014/09/10

Por Daniel Correa*Bogotá

Chick Corea pisó tierra colombiana una vez más, como se le ha vuelto costumbre desde hace más de una década. Esta vez visitó nuestro país con su nuevo sexteto: The Vigil.

Se presentó este martes 9 de Septiembre en el vigésimo sexto Festival de Jazz del Teatro Libre. Corea es una leyenda viva de la música y a sus 73 años sigue más jovial y vigente que nunca. Ataviado con unos jeans, tenis y una chaqueta de nylon adornada por un tigre y dragones chinos, nos regaló anoche un concierto fresco y lleno de juego en el escenario pero sin perder un instante la impecabilidad de cada nota y cada golpe. Se paseó por el piano y los teclados como lo viene haciendo desde hace más de cinco décadas y nunca dejó de sorprender por su capacidad creativa y técnica, su carisma y su espiritualidad.

El sexteto liderado por el veterano oriundo de Boston estuvo encabezado por gigantes figuras de la música latina. En el contrabajo y bajo eléctrico Carlitos Del Puerto (Irakere/Paquito d’ Rivera) un monstruo de las cinco cuerdas que se vio relajado y feliz improvisando junto a Corea a lo largo de todo el concierto en unísonos y contrapunteos llenos de ritmo y fluidez. No hay duda de que Del Puerto brilla y brillará con luz propia en el universo de la música de alto vuelo. En la percusión, y desde Caracas, Venezuela, estuvo Luisito Quintero residente y figura del Jazz Latino en Nueva York, acompañante asiduo de otro gigante del jazz moderno que es el pianista Jason Lindner. Lusito, como todos sus compañeros de escena brilló por su dominio y control de matices, sin excederse en piruetas técnicas  y manteniendo una clara concepción de banda y aportando con sus colores desde su sillón.

En la batería, esta vez acompañó a Corea el nieto del legendario Roy Haynes, Marcus Gilmore, el perfecto baterista moderno con un sonido y una técnica impecables no solo por la limpieza y destreza de sus golpes sino por su musicalidad y capacidad de escuchar. Gilmore no tuvo problema en hacer silencios que parecieron no estar escritos al momento de los solos y de la creación colectiva. El turno para los metales esta vez fue para el londinense Tim Garland, socio en otras formaciones de Corea y ganador de un Grammy junto a Corea. Sólido, maduro y fluido estuvo en la ejecución de los saxos y la flauta, disfrutando de la música y de los solos colectivos. En la guitarra y la sorpresa y nueva cara de la banda, estuvo el guitarrista californiano Charles Altura, un joven que deleitó a los asistentes con su virtuosismo y gran capacidad de improvisación. Con un manejo clarísimo del lenguaje de su padrino, aporto solidez a los arreglos melódicos con un timbre clásico del sonido de la guitarra jazz, pero con una visión y manejo de la armonía e improvisación contemporáneas.

 

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