El documental de Piovano se titula 'El costo humano de los agrotóxicos’, Foto: Festival Gabriel García Márquez.

Las secuelas humanas del glifosato

El fotógrafo argentino Pablo Piovano, uno de los finalistas en la categoría Imagen del Festival Gabriel García Márquez, recorrió en tres viajes el campo argentino registrando los efectos de los agroquímicos en la población. Hablamos con él.

2016/09/29

Por Christopher Tibble

El Festival Gabriel García Márquez, organizado por la FNPI en Medellín, inició con una maratón. Los doce finalistas expusieron sus proyectos frente a un auditorio lleno en el Jardín Botánico. Durante cuatro horas, los 12 nominados a las categorías de Imagen, Texto, Cobertura e Innovación hablaron sobre el proceso y los retos de sus respectivos trabajos. Aparte de la nominación de Juanita León, directora de la Silla Vacía, por el cubrimiento de los acuerdos logrados en La Habana, quizá el trabajo que más eco podría tener en el país es el del fotógrafo argentino Pablo Piovano, El costo humano de los agrotóxicos.

Hoy, con el aumento de los cultivos de coca en el país, y el debate que ha desatado la propuesta del nuevo fiscal general de volver a la aspersión aérea, valdría la pena conocer el trabajo de Piovano: un estremecedor registro en blanco y negro de las secuelas que ha dejado la fumigación masiva con químicos en la población que vive en las inmediaciones de los cultivos. A partir de imágenes, Piovano construye un documental de 11 minutos en el que da cuenta de las consecuencias del uso de agroquímicos, que afecta a 13 millones de argentinos, según cifras de la Red de médicos de pueblos fumigados. Hablamos con él.

El costo humano de los agrotóxicos - Finalista del Premio Gabo 2016 en la categoría Imagen from FNPI on Vimeo.

¿Cómo nació este trabajo? 

La Red de médicos de pueblos fumigados empezó a evidenciar que en zonas de impacto, en los pueblos donde se fumiga, sobre todo en las casas linderas de los campos, aparecían casos muy similares: gente con problemas respiratorios, problemas en la piel, problemas de alergia. Luego, hubo revelamientos de la Universidad del Rosario. Empezó a ver y a constatar que los casos oncológicos se repetían y estaban dos o tres veces por encima de la medida nacional. Esta red de médicos empezó a oficiar como vocero, pero los grandes medios guardaron silencio. Eso fue lo que me obligó a salir a ver y a constatar qué es lo que estaba sucediendo en todos esos pueblos. Hablo de un sector muy amplio de la Argentina, en toda la zona norte, en el centro, y en el litoral, donde se cultiva soja. Mi país es uno de los cuatro exportadores de soja más grande del mundo. Y con este método de fumigación pueden cultivar una cantidad enorme con poca mano de obra, pero no tienen en cuenta los daños humanos.

¿La gente fotografiada entendía lo que les estaba sucediendo?

Argentina es un país muy grande y, depende de donde estés, funcionan distintas idiosincrasias. Yo recorrí un total de 15.000 kilómetros. De manera que en algunos lugares era muy claro lo que sucedía. Pero algunas personas no sabían, y es que tampoco se puede determinar así no más que una persona sufra de eso, primero la tienes que investigar científicamente. Pero, para mi era claro. Si ciertas condiciones se daban, había una probabilidad muy alta de que los responsables fueran los agroquímicos. Por ejemplo, si una madre está en contacto con agroquímicos en las primeras semanas de embarazo, se multiplica por siete la probabilidad de que el bebé sufra una malformación. Lo que pasa es que no hay datos, sino solo la voluntad de investigadores, así como de universidades que salen a hacer tesis en varios pueblos del país. Y sus descubrimiento apuntan a que en los pueblos fumigados las malformaciones se multiplican. Ocurre también con los casos de cáncer. En los pueblos fumigados un 30% de la gente muere de cáncer, cuando el total del país es 20%.

¿Cuánto tiempo lleva ocurriendo esto?

Unos 20 años. No nos damos cuenta de que a lo largo de la historia nos hemos alimentado de una manera, y que en los últimos 20 años todo ha cambiado de una forma rotunda. En ese tiempo, las semillas han perdido su diversidad. Ahora, todas están hechas en un laboratorio. O por lo menos un porcentaje muy alto. El 100 % de la soja, el 90 % del maíz. Es decir, nos estamos convertido en cuerpos de experimentación. Este es un escenario bastante nuevo.

¿Los campesinos estaban reacios a contar sus historias?

Para nada. Me han abierto las puertas de todas las casas a las que fui, y fueron muchas. Siempre me pusieron la mejor silla para sentarme. Había de parte de ellos una gran necesidad de ser narrados. Todo fue muy fluido. Y eso que hay casos muy contundentes. Un señor llamado Javier Tomassi, por ejemplo, trabajó durante años en la tarea de carga y descarga de agroquímicos en un avión, y cuando tú ves que él, que quedó todo en hueso, te cuenta su historia, su testimonio, es difícil ponerlo en duda. Pero bueno, por supuesto que la ciencia corporativa está luchando para silenciarlo con fuerza.

A raíz de trabajos como el suyo, y del que han emprendido distintas universidades, ¿ha habido alguna reacción oficial del gobierno?

No. Ninguna reacción oficial. Lo único que ha sucedido, que me llamó mucho la atención, es que yo iba a hacer una exposición en Buenos Aires en un centro cultural bastante importante, y dos días antes me dijeron que no se iba a hacer cuando el acuerdo se había hecho hace mucho tiempo. Yo lo puedo leer como una censura. Pero aparte de eso no he visto un acto o hecho de parte del estado para querer sanear esta situación, más allá de poner uno que otro hospital oncológico.

Usted salió a hacer este trabajo sin un medio que lo apoyara. ¿Cómo fue el trabajo de sacar adelante y dar a conocer esta investigación?

Fue un doble trabajo para mí. Porque no fue solamente hacerlo y entregárselo a una agencia o a un medio. En este caso me vi en la obligación de mandar el trabajo a concursos y premios para visibilizarlo. Y también para tener los recursos, y no perder todo lo que había invertido, que siempre fue importante. 15.000 kilómetros es un gasto importante, en gasolina nada más. Fue un trabajo que hice en mis vacaciones. Por suerte, se abrieron muchas puertas de manera inesperada, el trabajo se expuso en muchas oportunidades en Europa, justo por lo que puede ocurrir en Colombia con la renovación del glifosato. Y creo que aquí no tenemos que hablar nada más que del glifosato. En Argentina, de 370 millones de litros de agroquímicos, 200 son de glifosato y 170 de fungicidas, insecticidas, herbicidas muy poderosos.

¿Por qué optó por hacer las fotos en blanco y negro?

Podría tranquilamente haberlo hecho en color, pero decidí hacerlo en el blanco y negro porque es un lenguaje que no distrae, se ancla muy bien. Además, porque se arrima a la poesía de una manera especial. E intento que la fotografía dialogue con la poesía, a pesar de que muchas veces ahí está la tragedia. Creo que también hay poesía en una madre que da su vida para cuidar a un niño postrado: ese es un acto muy poético y bello.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción por favor ingrese la siguiente información:

No tiene suscripción. ¡Adquierala ya!

Si usted tiene algún inconveniente por favor comuniquese con nosotros en Bogotá al 7421340 o a la línea nacional gratuita 018000-911100 (Lunes a Viernes de 7:00 am a 8:00 pm, Sábados de 09:00 am a 12:00 m).

Su código de suscripción no se encuentra activo para esta publicación