Ganadores del premio Distrital de Crónica Ciudad de Bogotá 2012

Ganadores del premio Distrital de Crónica Ciudad de Bogotá 2012

Lea los 5 relatos ganadores del premio Distrital de Crónica Ciudad de Bogotá 2012 que fueron seleccionados por el jurado en las categorias Tema libre y Carrera séptima.

2014/02/06

Por .

El corazón del mal

Por: Uriel Ariza Urbina

Al entrar al bullicioso festín comercial de la plaza San Victorino en Bogotá se percibe el cotidiano miedo capitalino. Miles de peatones zigzagueando con apuros y miradas sesgadas, como si algo malo fuera a suceder en un lugar dominado por el caos y la angustia. Lo que *AZ me relata no tiene que ver con la vieja peligrosidad de este populoso sector matizado por la ilegalidad, los atracos y el vandalismo, sino con su lado más oscuro y desconocido. Un triángulo criminal que nace en la Plaza y se riega más allá de sus fronteras. “Nunca mire a nadie a los ojos, y no se pare en un mismo sitio más de un minuto”, advierte este malogrado actor de teatro y ex delincuente, que detalla con pelos y señales un completo mapa de las tenebrosas rutas y maniobras de San Victorino y sus alrededores: un perverso mercado del que se alimenta la ‘otra’ ciudad, el resto de la ciudad prohibida. 

 

La Estampida de los Peroles

Por: Tatiana Riascos Quiroz

Quién cantará en la tumba de mi vieja como ella lo hacía para que sus muertos no se sintieran solos. Quién dirá que soñar con muertos no es malo, que eso es seña de que te están protegiendo de todo mal y peligro. Quién como ella para meterse hasta con la Biblia y con eso de que ser pobre es un privilegio que te hace entrar al majestuoso reino de los cielos. “¿Privilegio? Si el pecado es cuando la gente quiere dejar de comer mierda”, decía. Bien brava debía estar para decir groserías, ella que en lugar de “maldita sea”, decía “malaya sea”, para no espantar los ángeles de Jehová, por si acas’ la rondaban. La Estampida de los Peroles.

 

Libros al piso

Por: Jaime García Pulido

La Séptima y sus aromas. Aroma de mango biche con sal, de papaya, de patilla madura. Aroma de café humeante, de cerveza espumosa, de hamburguesa con queso. Aromas de mujeres de bufanda, de señoras de gafitas y argolla de matrimonio, de chicas de morral y tenis Converse. No hay ningún aroma en la Carrera Séptima que se pueda comparar con el de los libros de segunda. Ellos se toman por asalto esta vía, la más rica en luces y formas, la más cultural de Colombia. Es viernes y salimos con nuestras bibliotecas en venta. Abrimos los maletines y destapamos las cajas de cartón. Extendemos la magia. El aroma de madera y de tinta de los libros se toma la calle. Son árboles de tinta. No importa el orden, el tema o la ascendencia estética, unos con otros forman un maravilloso collage al sol y al agua. En pocos minutos estaremos inaugurando una laguna de portadas, a la espera de lectores, aquí, sobre la calzada del Teatro Jorge Eliécer Gaitán y la Cinemateca Distrital.

 

Mientras tanto

Por: Julián David Cardozo

Quedamos de vernos en el planetario, a las seis pasaditas. De mañana tuve clase y en la tarde adelanté algunos trabajos. Para terminar de pasar el tiempo compré algo de ropa con ocasión de mis cumpleaños. Estrené ese mismo día. Después de todo llegué antes de lo acordado, pero no era el único, Juan ya estaba ahí. No hablamos mucho, supimos que la espera iba a ser larga y para no empezar la noche con un tedio inesperado decidimos subir al chorro de Quevedo y adelantar los ánimos de fiesta.  En el camino dijo que hacía rato andaba por el centro, un familiar se casaba en Las Nieves y por eso estaba de gala, de alguna manera se excusaba por el atuendo. Contó además que había salido antes a fumarse un cigarrillo, y en eso empezó a hablar con un pelado que vendía aparaticos. Un ñerito buena onda —decía—. Hablaron por mutuo aburrimiento, lo cierto fue que se cayeron bien y el recién conocido lo invitó a fumarse un porro, ya lo tenía armado, se lo mostró y Juan elogió la manufactura. Mientras lo veía el hombre le pidió que lo esperara un rato mientras dejaba las cosas a unas cuadras. Lo esperó unos diez minutos, se cansó y arrancó para el planetario. Quedamos de fumarlo cuando llegáramos al chorro.

 

 
Transcripciones del transporte público

Por: Andrés Felipe Uribe Cardenas

1. El hijo de puta sociópata conductor del bus acelera bombeando gasolina con el pedal cada vez que ve unos metros de calle despejada. Los pasajeros se agitan como dentro de una maraca de 3 toneladas de metal con trocitos de carne por dentro. Apenas puedo escribir esto entre rayones producidos por los frenazos y por los saltos que causan los huecos que sobrevuela el vehículo. Voy en un bloque de cristal, acero y caucho relleno de cuerpos humanos muertos de miedo antes de morir. Al tipo no se le puede hablar por más insultos que se le propinen a gritos desde las sillas rotas y grafitiadas con escudos de equipos de fútbol, arengas de ultraderecha y de ultraizquierda y vergas con pelos Art-Brut. El tipo bien puede prenderse un cigarrillo en la cabina y subirle a esa emisora en la que gritan antes de reírse con morbo macabro, y que satura toda su programación con aullidos de lanzallamas. El transporte público en Bogotá es una experiencia extrema subvalorada.

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