Una intervención en las paredes externas del museo. Foto: Cortesía Museo Casa de la Memoria

“No hay una verdad, hay múltiples verdades del conflicto”

A propósito de la creación de la Comisión de la verdad en la Colombia del posconflicto, el Museo Casa de la Memoria de Medellín inaugura la exposición Geografías de la verdad.

2017/08/02

Por RevistaArcadia.com

El 26 de julio de 2017 el Museo Casa de la Memoria de Medellín inauguró su última muestra, una reflexión sobre el concepto de verdad y su relación con el conflicto armado colombiano. “Estamos ante la creación de una comisión para esclarecer los relatos de un conflicto de medio siglo y nadie está hablando de eso. Queremos proponer una reflexión al respecto, generar espacios de diálogo y escucha, y hacer todo eso desde las ciudades. Tiene que haber algo más que esta polarización en la que estamos, que esta discusión vacía”, dice Adriana Valderrama, directora del museo.

Con Geografías de la verdad el museo quiere invitar a pensar que la verdad de este conflicto solo puede construirse desde la multiplicidad de relatos: el oficial, el de las víctimas, el de los actores. Muchos de esos relatos han sido silenciados o ignorados, pero todos componen y reconstruyen la historia de la guerra. “Esta es una construcción que necesita de muchos; que nos convoca a todos a compartir una versión, un fragmento, a escuchar las verdades que se resisten a morir sin pronunciar su nombre”, continúa Valderrama. La muestra, entonces, quiere reforzar la idea de que no existe una perspectiva única de la verdad, y más bien concebirla como un concepto amplio y complejo.

Para ello el museo trabajó con diferentes metodologías: laboratorios de creación y reflexión, entrevistas, encuestas, testimonios, rastreos documentales, una intervención artística. En el recorrido se reconstruye la historia del conflicto desde un punto de vista cronológico, pero también se registran las marcas de las violencias en los territorios de manera simbólica. Un grupo de víctimas, por ejemplo, donó tierra de sus propios territorios para representar el entierro de los hechos de los que fueron víctimas. Esa tierra fue rociada por las paredes del edificio del museo, que desde afuera se ve como un enorme bloque cerrado. Bloques de tierra también bloquean las ventanas, impidiendo el paso de luz natural y borrando, desde el interior, la vista del paisaje.

Adentro son más de seis salas o "momentos" los que componen la muestra: testimonios sonoros, fragmentos documentales, registros audiovisuales, un laboratorio donde el museo recibe retroalimentación de los visitantes. También están las obras de Sergio Gómez y su intervención: una serie de imágenes del fotógrafo Stephen Ferry, dispuestas en cajas de luz y ubicadas en diferentes lugares de un cuarto oscuro. Las imágenes pueden verse cuando se activa la fuente lumínica de un sistema eléctrico diseñado para que las luces se prendan siguiendo un orden determinado. La idea es que algunas sean percibidas fugazmente, y que ese instante fugaz perdure en la memoria.

La muestra, entonces, reúne diferentes narrativas del conflicto presentadas mediante distintos formatos. Valderrama cuenta que el proyecto es multiforme porque también lo fue en su concepción y desarrollo. Dice que no se formó unidireccionalmente, es decir, que el museo no se encargó de pensar aisladamente cómo sería la muestra. En el proceso, que fue aproximadamente de ocho meses, varias organizaciones se acercaron espontáneamente para participar y contar su versión de los hechos, su propia verdad. Eso la hace, dice la directora, una exposición abierta.

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