Maximinio Mosquera vivió en el Bronx por más de 20 años. Fotos: Diana Rey.

Una voz para los habitantes de El Bronx

‘Habitar mis historias: de puertas para dentro’ es una muestra creada por quienes residieron en la zona. Pretende narrar sus historia y transformar las percepciones negativas sobre los habitantes de la calle. Está en la Escuela Taller de Bogotá de la calle 13 # 18-24 hasta el 10 de marzo.

2017/03/09

Por Daniella Tejada García

“Me sacaron sin aviso del que fue siempre mi hogar pero este proceso me ha renovado”, dijo con satisfacción Gloria Patricia Manrique, quien habitó por más de 30 años los barrios del Bronx y del Cartucho. Manrique, al igual que cientos de personas, acudió a los servicios de los hogares de paso Bakatá, Carrera 35 y Transitoria el año pasado. En estos centros de atención se realizaron más de 300 laboratorios creativos planeados por la Agencia de acciones intermitentes. Cerca de 1.700 personas aprendieron sobre manualidades, artes dramáticas, pintura, danza y música.

Gloria Patricia Manrique, exhabitante de El Bronx. Foto: Diana Rey

El resultado de los talleres fue la exposición Habitar mis historias: de puertas para dentro, ubicada en la Escuela Taller de Bogotá de la estación La sabana de la calle 13 con carrera 18, que está abierta al público desde el 7 de marzo. Es un proyecto organizado desde finales del año pasado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte con el apoyo de la Secretaría de Integración Social y la dirección de Cultura Ciudadana. Comprende más de 15 productos de los procesos artísticos de personas en proceso de rehabilitación o personas privadas de la libertad. Uno de ellos, por ejemplo, es Maximinio Mosquera, quien vivió en el Bronx por más de 20 años. La exhibición pretende darle la posibilidad de comunicar su sentir a quienes hicieron de la calle su hogar durante años, dándoles la oportunidad de expresar sus talentos, intereses y necesidades. 

Exhabitantes de El Bronx. Foto: Diana Rey

Según Víctor Manuel Rodríguez, director de Cultura Ciudadana, el lugar donde se instaló la muestra fue antiguamente una morgue. Sin embargo, eso resultó por agregar al significado del proceso. Los tres salones que componen el recorrido muestran el claroscuro de la realidad  y el renacer por el que pasaron los habitantes de calle.

El primer salón es luminoso y acoge procesos artísticos encabezados por Álvaro Soto Montoya, uno de los líderes del Bronx. Se llama a sí mismo ‘Rata blanca’. Soto no tiene inconvenientes con revelar que aún es drogadicto y que la memoria de su esposa asesinada es lo que lo impulsa a seguir adelante. Su muestra quiere expresar que la capacidad de un humano para habitar un lugar trasciende los objetos materiales que puede poseer.

Álvaro Soto Montoya ‘Rata Blanca‘, exhabitante de El Bronx. Foto: Diana Rey.

El segundo espacio transporta a los visitantes a la oscuridad. Al fondo del salón se encuentra un tétrico televisor encendido con el volumen alto transmite fragmentos del cubrimiento de RCN del desalojo de El Bronx. Hay frases en las paredes, inscritas con tiza, que plasman mensajes de fortaleza para quienes visitan la exposición. Sobre las paredes cuelgan fotografías que relatan los sucesos por ellas mismas. 

Existe, además, un lugar dedicado a los paisajes sonoros de las calles de Bogotá. Es un lugar para rememorar El Bronx que conocieron los artistas. Son fragmentos que hablan de hambre, de necesidad, de frío y de desaliento. Contiguo al espacio sonoro se encuentra un buzón en donde los exhabitantes de la zona, y visitantes a la muestra, pueden comentar sobre lo visto sin temer ser juzgados. 

Foto: Diana Rey.

El tercer salón es el más vivo de todos; es el renacer. Un ventanal grande deja entrar la luz y los mensajes de las paredes narran el emotivo encuentro de los artistas con el espacio exterior, con el mundo al que ellos llaman ‘material’. Para Álvaro Soto Montoya, Patricia Manrique y Maximinio Mosquera, el Bronx era un espacio en el que no marcaban las horas, “para nosotros no había mañana, tarde o noche. Vivíamos en un limbo inmaterial en el que sólo valían nuestros códigos propios de comunicación”, cuenta Soto. Ese tercer escenario representa la luz y la esperanza para cada grupo de habitantes que lo visita. Es, incluso, un espejo del pasado empañado por la ilusión del progreso y para quienes no lo han vivido un despertar a la realidad.

Foto: Diana Rey.

Algunas de las leyendas en las paredes dicen: “Todos, absolutamente todos, somos habitantes en la calle. La diferencia radica en que cada quien la habita a su manera”. “Que lo urgente no le quite tiempo a lo importante.” “Esperanza es lo último que se pierde.” “Hogar son las personas que realmente quieres, no las grandes construcciones.”

Maximinio Mosquera, exhabitante de El Bronx. Foto Diana Rey.

Maria Claudia López, Secretaria de Cultura, aseguró quieren extender la vida de la exposición para que el proceso pueda compartirse. “Creemos en el poder transformador del arte y la cultura y más en situaciones complicadas y en poblaciones vulnerables como pueden ser los habitantes de calle" explicó.

Rodríguez, por su parte, dijo que “trabajamos en conjunto con los formadores de la red de bibliotecas públicas y la gerencia de artes visuales de Idartes. El proceso pedagógico orientó a los habitantes de calle para que pudieran expresar su sentir sin ningún sesgo artístico. Con ello, aportamos a la dimensión cultural del fenómeno de habitabilidad en Bogotá en el ponemos el arte al servicio de procesos de transformación.” Agregó que, “es una experiencia piloto para repensar, enriquecer y desarrollar el concepto de cultura ciudadana. En la exposición las formulaciones simbólicas del arte trascienden hacia la historia de los artistas. Esto es lo verdaderamente importante.”

La exposición estará en la Escuela Taller de Bogotá de la estación La sabana hasta el 10 de marzo.

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