Herman Koch en la FILBo.

Herman Koch: “Me gusta lo políticamente incorrecto”

El escritor neerlandés habló en la FILbo de su obra, y en especial de su novela ‘La cena’, que ha vendido más de 2 millones de ejemplares alrededor del mundo y que cuenta la historia de dos parejas de la alta burguesía que se reúnen en un restaurante para hablar de sus hijos, quienes han incinerado a un indigente.

2016/05/01

Por Christopher Tibble

El holandés Herman Koch no parece un hombre violento. Con 62 años, la cabeza calva y una fisionomía larga y delgada, se asemeja más a un profesor universitario que al autor de una serie de novelas que ha sacudió a su país –y a más de 2 millones de lectores alrededor del mundo– por poner en entredicho las convenciones morales de nuestros tiempos. La cena (2009), la más exitosa de ellas, ha sido llevada dos veces al cine y traducida a 21 idiomas, incluido el español. Por culpa de ella, sin duda, el sábado 30 de mayo casi se llena la imponente tarima que construyó el pabellón de Holanda en la FILBo durante la charla entre Koch y el escritor colombiano Felipe Martínez. 

La cena transcurre casi en su totalidad dentro de un restaurante de clase alta en Ámsterdam. Allí, acompañado de su esposa, se reúne el narrador –un hombre que con el transcurso de las páginas devela su pasado violento– con su hermano, el posible futuro primer ministro de Holanda, y la esposa de este. Los cuatro tienen como propósito discutir sobre sus hijos, a quienes una cámara de vigilancia grabó incinerando a un indigente en un cajero. Las autoridades no conocen las identidades de los criminales, pero ellos sí. La pregunta que entonces flota, densa y asfixiante, en las cabeza de las dos parejas es, ¿los delatamos o no?

Filtrada desde la perspectiva del hermano del político, un hombre cínico y con opiniones controvertidas, la novela rompe con las barreras de lo políticamente correcto para, sin vergüenza, explorar las a menudo egocéntricas maquinaciones de la mente. Un ejercicio recurrente en la obra literaria de Koch. En Casa de verano con piscina (2011), por ejemplo, el autor sacia la sed de venganza de un médico de cabecera que vive una humillación por parte de un grupo de artistas y personas “sofisticadas”.

“Las opiniones de mis personajes no son siempre las mías –comenzó diciendo el holandés en la charla–, pero sí siempre estoy jugando con opiniones políticamente incorrectas, pues creo que todos las tenemos pero solo algunos nos atrevemos a mencionarlas. Hace muchos años, por ejemplo, tenía un vecino poco agradable en Ámsterdam y a veces fantaseaba que, como el montaba tanta bicicleta, un carro lo atropellaba y yo le decía a mi esposa: ‘qué pena que no le hayan dado un poco más duro. Eso sí, solo fue una fantasía”.

Koch juega con ese tipo de ensoñaciones en sus novelas permitiendo que sus personajes tomen la justicia en sus propias manos. Así, son ellos quienes deben lidiar con las consecuencias desagradables y con la culpa que acarrea actuar por fuera de la ley. “Mis protagonistas son de los que piensan que la policía es el último recurso, incluso cuando sus problemas rozan con la justicia. Son como las familias de la mafia siciliana, como los personajes de Los Soprano, que intentan siempre no mostrar los trapos sucios en público. Me llama la atención la fascinación pública por ese tipo de personas: hacen cosas horribles pero al tiempo ellos mismos se encargan de solucionar sus problemas”.

Pero la manera en que Koch construye a sus personajes va más allá de una simple admiración por la figura del criminal. Existe también el ángulo político: una especie de defensa de un libertarismo moral, con la que pretende proteger a sus héroes del alcance del gobierno. “Todo el mundo tiene derecho a tener secretos –dice– aunque te pueden controlar en público, nadie puede controlar lo que piensas”. Y está el ángulo psicológico: a veces acudir a la policía, poner a la persona frente a un tribunal, la traumatiza de por vida, mientras que si se ignora el asunto, quizá –solo quizá–, la persona puede desprenderse de su sentimiento de culpa. 

Koch también mencionó que, en su caso, encontrar el tono del narrador es el 90 por ciento de la novela. Que la melodía y el ritmo son más importantes que las metáforas o las frases elaboradas. Y que, si bien el restaurante que figura en La cena queda a 500 metros de su casa, no ha ido desde que publicó la novela. En un comienzo, confesó, los dueños del establecimiento se molestaron con el libro, en particular por cómo ridiculiza a la clase alta. Pero que ahora no sienten ningún tipo de animosidad, pues gracias a que la novela se convirtió en un éxito en ventas, la popularidad del restaurante se ha disparado.

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