Tatiana Castro Mejía, pianista de jazz

"El jazz refleja la oscuridad de un mundo sonoramente salvaje"

Las palabras de la pianista colombiana Tatiana Castro Mejía son tan contundentes como sus notas musicales. En su visita a Bogotá nos habló de la violencia sonora, de los medios como educadores musicales y, por supuesto, del jazz.

2016/08/22

Por Santiago Serna Duque

¿Por qué jazz?

Yo me metí a estudiar composición en la Universidad Javeriana. Luego, tras un breve lapso, apareció el jazz; y toda la idea de la improvisación, de crear espontáneamente, me llamo la atención. Así me fui metiendo por ese lado. 

¿Algún momento en especial determinó su inmersión en este género musical?

En 1997 me encontré con Toño Arnedo en un Jazz al Parque, cuando lo hacían en el Parque de la Independencia, ahí lo escuche tocar su saxofón y ese fue el momento en que me dije: “esto es lo que yo quiero hacer, lo que me mueve y me llama la atención”. Ver a Toño tocar en vivo fue uno de los empujones necesarios para adentrarme en el jazz.

¿Es ese el punto de quiebre para buscar la educación musical en Argentina?

El viaje al sur yo lo llamo azar intencionado. Me fui porque me gané una beca en la Escuela de Música Contemporánea de Buenos Aires, la cual tiene un convenio con Berklee. Esto coincidió con mi deseo de viajar para ampliar la perspectiva musical, así que aproveché esta oportunidad. La idea era estudiar un año, y bueno, ya van once. Buenos Aires me enamoró por la facilidad que tiene para establecerse a nivel legal, además de albergar una escena musical que en buena parte fue importante para desarrollar mi carrera artística.

Y desde afuera, ¿cómo puede analizar la escena del jazz en Colombia?

Cuando estas afuera te das cuenta que sí hay cierto apoyo desde la oficialidad. Lo que veo difícil es que los públicos de estos géneros son muy reducidos. Cuando algo no es masivo entender su importancia es más complejo. También creo que este problema se reduce a la falta de educación en la escucha de los niños. Las instituciones estudiantiles son un actor vital para generar cambio. Por ejemplo, en el colegio del que me gradué, el departamento de música ha venido realizando mensualmente un ciclo de conciertos con la idea de que los chicos adquieran desde pequeños esa educación musical. Así ellos trabajan un oído más crítico, independiente de lo que escuchan en los medios tradicionales.

Entonces, ¿los medios de comunicación son educadores musicales en Colombia?

No quiero decir que sean malos, pero los grandes medios te llevan a escuchar cierto tipo de pop, o música de más fácil digestión. Entonces, para un oído menos adaptado a un género como el jazz, que es más improvisado, que busca otras sonoridades, que bordea lo que para algunos puede ser ruido, puede ser difícil disfrutarlo. 

¿Cómo puede pluralizarse en Colombia un género como el jazz, que en algunos casos es visto como música de elite?

Como te decía la primera forma es educar el oído crítico de los chicos. La segunda es descentralizar los eventos que en algunos casos son exclusivos para minorías, los cuales puedan llegar a mayor cantidad de gente. Y la última forma de diversificar el género es apoyando a los artistas, para que no solo podamos tocar en los grandes teatros, sino que tengamos la oportunidad de girar alrededor de las ciudades del país con la idea de mostrarle a la gente el valor del jazz. Educación, descentralización y ampliación del presupuesto a la creación cultural. 

¿Hay influencia de géneros colombianos en su música?

Yo creo que sí se puede escuchar algo de folclor en mi música pero no es lo más evidente. Sí aparecen estas influencias, pero no de manera consciente. Yo no mezclo folclor del atlántico, folclor del pacifico y folclor andino voluntariamente, aun no lo he hecho. Pero haber crecido en Colombia escuchando variados géneros musicales influyó inconscientemente en lo que hago. 

Alguna vez la escuché hablar de la sonoridad bogotana, ¿qué es eso? 

La sonoridad bogotana se refiere a la diversidad de géneros en la escena. Es decir, acá no existe esa etiqueta ‘underground’ que clasifica el jazz. Frases que se dicen en el extranjero como: "yo solo toco jazz tradicional, yo solo toco jazz contemporáneo" en Bogotá no existen. Sitios como Matik Matik han abierto su espacio a todo tipo de propuestas que no cruzan solo por el jazz; en ese lugar te puedes encontrar con músicos como Santiago Botero quien de repente puede pasar de una improvisación libre, a una cumbia de Carmelo Torres. El ‘underground’ bogotano no está marcado por los círculos en los géneros.

Bogotá y Buenos Aires son ciudades auditivamente violentas, ¿cómo transgrede ese bullicio su creación musical?

Uno como ser humano debe aceptar que tiene esos impulsos violentos naturales, lo que hay que hacer es canalizarlos y transformarlos. Cuando uno acepta esa oscuridad puede convertirla en melodías que generan sensaciones buenas o malas. Las melodías del jazz reflejan la oscuridad de un mundo sonoramente salvaje. Así que yo me amigo con esa violencia, dejando que de forma natural cruce mi arte. Bogotá en determinados momentos es anárquica y la música también refleja eso. Mozart era dulce porque vivía en medio de pájaros; John Zorn es caos, porque Nueva York, su ciudad, es caos.

¿Si el ruido puede ser música, el silencio también?

El silencio puede que no ocupe muchos lugares en mi música, quizás, porque uno es ansioso y el silencio puede incomodar, pero es importante en el contraste. Lo que yo hago es no optar por el silencio total, prefiero utilizar niveles muy bajos en el volumen, en dinámicas, con la idea de que el mismo oído sienta la necesidad inmediata de escuchar más tonalidades; esos choques son maravillosos porque los lapsos de aparente mutismo pueden generar tanto sensaciones amables como perturbadoras. El silencio activa en el escucha la virtud de la contemplación. 

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