Jorge Luis Borges fue crítico de cine para la revista literaria Sur de Argentina.

El cine según Borges

La relación del autor del ‘Aleph’ con el cine fue profunda y mutable como cinéfilo, crítico, guionista y autor de varias obras que se convirtieron en películas. Un repaso por la historia del escritor y las imágenes en movimiento.

2016/06/14

Por Laura Martínez Duque

“Cuando yo frecuentaba el cinematógrafo, cuando mis ojos podían ver, a mí me gustaban mucho dos tipos de películas: los western y las películas de gángsters. Sobre todo las de Josef von Sternberg. Yo pensaba: qué raro, los escritores han olvidado que uno de sus deberes es la épica y aquí está Hollywood que, comercialmente, ha mantenido la épica. En una época que está olvidada por los escritores; o casi olvidada. Y Hollywood ha salvado ese género: Ese género que la humanidad necesita, además. Usted ve que las películas de cowboys son populares en todo el mundo. ¿Por qué? Bueno, porque está lo épico en ellas. Está el coraje, está el jinete, está la llanura también. Todo eso los acerca, y sobre todo a nosotros, sobre todo a los argentinos”. Esta declaración de Jorge Luis Borges es de una entrevista con el célebre periodista argentino Antonio Carrizo, con quien el escritor tenía una gran relación.

Borges, que empezó a quedarse ciego a los 56 años, siguió “frecuentando el cinematógrafo” aun cuando sus ojos ya no podían ver pues disfrutaba de las voces y los diálogos. Antes de eso, ejerció la crítica cinematográfica para la revista literaria Sur, fundada en 1931 por la escritora argentina Victoria Ocampo, y son célebres sus apreciaciones sobre películas históricas como Citizen Kane de Orson Welles y City Light de Charles Chaplin.

Sobre la que es considerada como una de las mejores películas de la historiad el cine, Borges tituló su reseña Un film abrumador y escribió: “Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: Un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres, a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad; en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado! El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth, el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación secreta del alma de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto”.

Y concluye su crítica para la edición 83 de la revista Sur de 1941: “Me atrevo a sospechar, sin embargo, que Citizen Kane perdurará como “perduran” ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra”.

En innumerables entrevistas, Jorge Luis Borges manifestó su devoción por el cine de Josef von Sternberg y el género western. Sentía indiferencia hacia el cine de la escuela soviética y despreciaba el cine francés por  “su mero y pleno afán hasta ahora de no parecer norteamericano, riesgo que ciertamente no corre”.

Pero fue Charles Chaplin quien despertó su mayor animadversión, como afirmó en varias entrevistas. Prefería a Buster Keaton, y aunque el argentino había celebrado la La quimera de oro, en 1931 escribió lo siguiente sobre Luces de mi ciudad para Sur, uno de sus muchos ataques al comediante inglés: “La historia del cine y su tradición más clásica han juzgado a Chaplin como un verdadero innovador, un creador en busca de expresiones originales en un arte que estaba empezando y generando su propia y poderosa mitología. En cambio, esa tragicomedia moderna que constituye Luces de la ciudad, en la que el asombrado Charlie Chaplin va a conocer, muy de cerca, cómo viven los ricos y cómo su propia pobreza se iguala a la sencillez más extrema, es una lánguida antología de pequeños percances, impuestos a una historia sentimental”.

Jorge Luis Borges no solo se dedicó a criticar películas. También escribió historias que luego se convirtieron en imágenes. En coautoría con el también escritor Adolfo Bioy Casares, Borges tiene en su haber cuatro guiones cinematográficos: Los orilleros (1939), El paraíso de los creyentes (1940), Invasión (1969) y Los otros (1972). Solo El paraíso se quedó en el papel. Invasión, dirigida ese mismo año por Hugo Santiago, es considerada una de las obras maestras del cine de culto argentino.

Luego están las obras de Borges que fueron llevadas al cine: La estrategia de la araña (1970), de Bernardo Bertolucci, inspirada en el cuento ‘Tema del traidor y del héroe’, publicado en Ficciones; La muerte y la brújula (1992) de Alex Cox, basado en el cuento homónimo de Borges, publicado en la revista Sur en mayo de 1942, y que fue luego incluido en la colección de cuentos de Borges Ficciones, en 1944; Días de odio (1954) del argentino Leopoldo Torre Nilson, basado en ‘Emma Zunz’, el cuento que hace parte de El Aleph.

Sobre esta última película, Borges declaró que no le gustaba el trabajo de Torre Nilsson: "agregó una historia sentimental que no tenía por qué figurar, y lo llenó de toda suerte de detalles sentimentales que parecen contradecir la historia, es una historia dura. Yo le aconsejé a él que no podía hacerse un filme con Emma Zunz. El argumento era demasiado breve, yo lo había escrito de un modo apretado…”.

Más contemporánea y ambiciosa, Los libros y la noche (1999), de Tristán Bauer, es una película biográfica, una mezcla de documental y ficción, de archivo y collage, que en palabras del director argentino, estaba pensada “para aquellos que saben quién fue Borges pero no tuvieron un acercamiento profundo a su obra”.

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