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La Capilla Sixtina, el dilema del Vaticano

La Capilla Sixtina es visitada cada día por más de 20.000 personas.

Arte

Cinco siglos después de que Miguel Ángel pintara la Capilla Sixtina, el Vaticano considera por primera vez la posibilidad de limitar el número de visitantes permitidos para contemplar su esplendor.

Por: Alan Johnston BBC Mundo

Publicado el: 2012-11-08

Los frescos del maestro renacentista han sido declarados una de las maravillas del mundo. Escena tras escena, narra algunos capítulos del Antiguo Testamento.

En el centro de la inigualable pieza se encuentra una de las imágenes más conocidas del arte occidental: la escena de Dios dándole vida a Adán.

Pero para algunas personas, el famoso recinto se ha convertido en víctima de su propia fama, atrayendo a demasiados turistas. La Capilla Sixtina recibe cada día a 20.000 visitantes, superando los cinco millones al año.

El crítico literario italiano Pietro Citati lanzó recientemente un duro ataque contra las autoridades del Vaticano en las páginas del Corriere Della Sera por permitir tal cantidad de turistas, hecho que calificó como un "desastre inimaginable".

"La Capilla Sixtina está llena de gente, una gran masa apretada y... ¡respirando toda al mismo tiempo! Todo es una densa humanidad, llena de sudor. Es horrendo", le comentó a la BBC.

Según Citati, esta interminable, húmeda y creciente "pared de aliento humano" podría dañar los invaluables frescos.

Por su parte Antonio Paolucci, director de los Museos del Vaticano, respondió a las fuertes críticas aceptando que efectivamente hay un "problema serio". Y explicó que la Iglesia Católica ha querido que cada persona que lo desee pueda tener acceso a la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Pero Paolucci aceptó que no es fácil estar en la sala cuando está tan llena de gente: "Se vuelve ruidosa, las personas se ven confundidas y apabulladas; es una situación difícil de entender".

"Demasiada gente genera una situación incómoda y también obstaculiza la conservación de los frescos", añadió.

Paolucci afirmó que en breve se presentará un plan para mejorar el sistema de ventilación y las condiciones de humedad de la Capilla Sixtina. Pero insistió en que la cantidad de visitantes debe ser restringida.

 

Un buen negocio

El director de los Museos del Vaticano hizo estas declaraciones muy a pesar de que hace pocas semanas, en un artículo de prensa, dijo que era impensable limitar el acceso y comparó esta posibilidad con restringir las visitas al Santuario de Lourdes, en Francia.

Citati agregó que todo es cuestión de dinero, ya que la Iglesia Católica obtiene fondos significativos de los turistas que visitan la Capilla Sixtina y otras obras en los Museos del Vaticano. Cada persona que ingresa paga más de 15 euros (US$19,50).

Capilla sixtina

La Capilla Sixtina es visitada cada día por más de 20.000 personas.

Citati no es el primero en advertir sobre el riesgo de permitir tanta gente dentro del recinto.

El crítico de arte de origen australiano Robert Hughes recordó antes de morir, en agosto de este año, la apreciación de Goethe sobre la Capilla Sixtina: "Es un lugar donde uno puede estar solo, o casi solo, con la obra del genio". Y aseguró en su escrito, que esta simple idea de soledad, hoy parece una fantasía.

El turismo masivo ha trasformado el placer contemplativo de los contemporáneos de Goethe en una especie de partido de rugby.

Hughes dijo que la pintura es un arte silencioso que merece el silencio de quienes lo observan. Pero por estos días la Capilla está invadida por los murmullos de una multitud muy difíciles de ignorar.

"¿Es posible imaginar a alguien pintando esto con brocha?", exclamó un turista estadounidense a sus compañeros en una visita reciente.

Después discutieron si a Miguel Ángel le habían pagado o no. Y más adelante se rieron a carcajadas, burlándose del guardia de seguridad que los acosaba para que respetaran el lugar.

Robert Hughes concluyó que la atmósfera moderna de la Sixtina representa "una especie de muerto viviente para la alta cultura". Y al parecer el Vaticano ha comenzado a pensar del mismo modo.