William Ospina (Foto: Alfaguara)

La columna de la discordia

El pasado domingo, el escritor William Ospina, publicó una polémica columna en el diario El Espectador que ha desatado una ola de indignación de escritores, poetas e intelectuales que lo acusan de haber caído en la tentación de defender lo indefendible: que Oscar Iván Zuluaga es, en todo caso, alguien más claro y que representa un mal menor en contra de las ideas aristocráticas de Santos

2014/06/03

Por Revista Arcadia

La columna de la discordia

Las redes sociales comenzaron a moverse temprano. En Twitter y Facebook intelectuales y escritores trinaban o comentaban la columna del domingo de William Ospina, que se publica cada ocho días, titulada “De dos males” (lea la columna aquí: http://www.elespectador.com/opinion/de-dos-males-columna-495794). Fundamentalmente, se trataba de una defensa de Oscar Iván Zuluaga arguyendo que es mejor la claridad de saber que Colombia seguirá ateniéndose a la guerra, y no a una paz ficticia, que es la paz del actual proceso de La Habana. ¿Cómo era posible que el defensor de Chávez, Evo Morales, Pepe Mujica, y en general de los líderes de la izquierda latinoamericana alzara su voz para decir cosas como “el uribismo es responsable de muchas cosas malas que le han pasado a Colombia en los últimos 20 años, pero el santismo es responsable de todas las cosas malas que han pasado en Colombia en los últimos cien años? O “[Zuluaga y Uribe] (…) algo saben del país y no venden imagen. No fingen ser de izquierda para darle después la espalda a todo; no fingen ser tus amigos cuando les conviene. Con ellos no es posible llamarse a engaños: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposición, no fingen amarla”.

Varias fuentes consultadas por Arcadia, que prefirieron mantener su reserva, aseguraron que no les sorprendía la columna pues era claro que esa posición es la de ciertos intelectuales de una presunta izquierda que prefiere defender la claridad de las posiciones, así estas sean populistas y llenas de un discurso de odio y guerra sucia. Es decir, es mejor saber que nos atenemos a la guerra frontal con Zuluaga que a una posible discusión pública sobre un proyecto de país distinto. De repente, varios escritores, como el poeta José Zuleta, hijo de Estanislao Zuleta, de quien siempre se ha sentido heredero Ospina (para muchos de manera espuria y oportunista), le reclamaron a través de portales como NTC, con cartas sentidas en donde le expresaban su asombro. “Ayer leí aterrado tu columna (y confieso que no la volveré a leer para no volver a sentir el espanto y la tristeza que me produjo su lectura)”, “La verdad William  me tocó releer, frotarme los ojos, para saber si era verdad que decías lo que decías. Sabes que muchas personas en Colombia te consideraban un pensador de nuestra sociedad, creían en ti, leyeron tus libros tratando de encontrar en ellos una hebra de luz sobre la penumbra de nuestra realidad. Hoy siento que has decepcionado a mucha gente. Y tengo la sensación de que en tu escrito hay una vanidad que te enceguece. Quiero creer que es eso, tu vanidad, y no tus ideas lo que te llevó a hacer tales afirmaciones.  Digo que tu vanidad porque detrás de tus argumentos gravita un “sé”, “sé”, “sé”: yo sé  más que todos y veo más lejos”. (lea completa la carta aquí: http://ntc-documentos.blogspot.com/2014_06_02_archive.html).

El poeta Gabriel Jaime Franco fue otro de los que se pronunció “He leído, con estupefacción primero (pensando que se trataba de una ironía y que párrafos más adelante me encontraría con otra cosa), y con rabia y tristeza después (una vez que tuve  el valor de  leerla entera), la lamentable, irresponsable y casi criminal columna de William Ospina  en la que con argumentos peregrinos y febles explica por qué votará por el señor Zuluaga”. (http://ntc-documentos.blogspot.com/2014_06_02_archive.html). Y el poeta Carlos Vidales, desde Suecia, fue más allá: “Confieso que no me sorprendió en absoluto la columna de William Ospina en favor del candidato uribista. Lo que a otros ha parecido absurdo a mí me ha parecido perfectamente lógico: que él apoya al representante de la guerra, de las motosierras, de los desplazamientos y del horror, porque "con ellos no es posible llamarse a engaños: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposición, no fingen amarla". Digo que me parece lógico, porque desde hace años vengo pensando que un escritor dedicado a reciclar la sangrienta epopeya de los conquistadores en sucesivos mamotretos de caballería tropical, tarde o temprano tiene que terminar rindiendo culto a la feroz dinámica de la conquista”.

El novelista Fernando Cruz Kronfly, autor de varias novelas como La ceniza del libertador, le escribió a Ospina: “No hay en tu lamentable argumentación, encaminada a justificarte, una sola mención a la ética de los medios en la política. Esto me deja arrasado. ¿Tú has entrado a formar  parte de ese medio país uribista para el que todo vale? ¿Has decidido cerrar los ojos para observar con aterrador desdén el tema ético?”. Y así, sucesivamente, la red se convirtió en una exposición de argumentos entre quienes consideran, desde hace tiempos, que Ospina nunca ha sido un hombre lúcido políticamente, que sus novelas dejan mucho que desear, y que aunque es un buen ensayista en temas literarios, su argumentación política casi siempre es pobre y falta de ideas. Es posible que, una vez más, la tentación de convertirse en noticia haya hecho que el autor de El país de la canela usara esa vieja estrategia de Épater la bourgeoisie, creada por Rimbaud y Baudelaire en el siglo XIX, para escandalizar a la clase media y a la burguesía. Sin embargo, para muchos resulta espantoso que por ese camino se hayan justificado, en el pasado, males como los que llevaron a Europa a la Segunda Guerra Mundial, con el advenimiento de los totalitarismos.  

Consulte la polémica completa acá.

 

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