Foto: Julián Tellez

¿La Modernidad para qué?

En el Espacio Odeón se pueden ver las sorprendentes exposociones Nativas. Foráneas, de Eulalia de Valdenebro, y 'Máquina' de Camilo Leyva. Dos miradas críticas a la idea de progreso en la modernidad.

2014/06/17

Por Lina Vargas

El Espacio Odeón, la casa de techos altos, corredores y cenefas de yeso que desde los años cincuenta fue la sede del Teatro Popular de Bogotá, ya nos había deslumbrado con su arquitectura el año pasado durante el estreno de la obra Trece sueños. Y lo vuelve a hacer con las exposiciones Nativas. Foráneas de Eulalia de Valdenebro y Máquina de Camilo Leyva que estarán abiertas hasta esta semana. Vale la pena ir a verlas. Entre otras razones porque ambas aprovechan el antiguo teatro hasta convertirlo en parte de la obra. Valdenebro intervino el patio del primer piso con enredaderas, plantas de follaje, tres árboles y un helecho. La artista –que no es bióloga pero sí una amante de la botánica desde pequeña– estudió en Bilbao y durante las vacaciones trabajó en un jardín. “Eso me cambió la vida porque era el jardín de una escuela de ilustración botánica”. Leyva, que estuvo a punto de estudiar Física, acaba de regresar de una maestría en Arte en Nueva York en la que descubrió su principal interés artístico: “La idea de mi obra es que tenga relación con los sitios donde se va a exponer”.

Nativas. Foráneas no es un jardín, no al menos, en el sentido europeo. Durante cuatro años, Valdenebro investigó sobre las especies de plantas andinas que corresponderían a la altitud de Bogotá. Hoy esas especies son difíciles de encontrar. “En la Colonia quisieron volver la sabana de Bogotá una campiña inglesa o francesa y la llenaron de eucaliptos y pinos –dice Valdenebro–. El monte ha sido despreciado en este país y en lengua ordinaria lo que yo hice fue traer maleza”. Le interesaron particularmente las enredaderas porque son veloces –lo que se demora en crecer un árbol en setenta años lo hace una enredadera en tres– y las reprodujo en el vivero que tiene en su casa del barrio La Soledad. Luego las llevó al patio de Odeón donde ya había otras especies llevadas por los pájaros. La idea es que crezcan juntas.

También Leyva utilizo materiales del Teatro Odeón para su proyecto: escombros del Teatro Popular de Bogotá y trozos de madera que cubrían las ventanas y le sirvieron para construir réplicas de las máquinas anteriores a la Revolución Industrial. Una rueda gigante ubicada en el antiguo escenario conectada a través de poleas con figuras de madera que cuelgan sobre las sillas, una balanza, bolsas de lona sostenidas con cuerdas en estructuras en forma de herradura. Leyva se basó en la expresión Deus Ex Machina, de los orígenes del teatro, para mostrar la relación entre las máquinas y la ficción y la del público con la obra.

Aunque distintas, las dos exposiciones tienen mucho en común. Ambas son críticas frente al concepto de progreso de la Modernidad. Los materiales que utilizan son, justamente, desechos de ese desarrollo, cosas que no prestaban ningún servicio y son convertidas en arte. Y, por último, Valdenebro y Leyva se valen de otras disciplinas –la botánica y la física– para sus proyectos artísticos. ¿Por qué son arte? La respuesta la da Valdenebro: “Porque tienen un componente político”.

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