'Ilustración de tres momentos íntimos en Nueva York' (2017), de David Anaya. Cortesía Museo Q

Rituales Familiares: el arte del matrimonio gay

¿En qué sentido la homosexualidad amenaza a la institución del matrimonio? ¿Por qué una familia no puede estar compuesta de dos hombres o de dos mujeres? Estas y otras preguntas buscan responder los 16 artistas que participan en esta exposición alojada hasta el 8 de julio en la sede de Kennedy de la Cámara de Comercio de Bogotá.

2017/07/04

Por Mario Henao* Bogotá

La educación maternal y doméstica, que es la primera y la más importante, y con frecuencia, la única, depende enteramente de la que hayan recibido los padres, especialmente la madre, que es la que más propiamente educa […] Los partidarios del matrimonio civil han sido y son de la escuela anticatólica y disociadora que profesa las ideas del amor libre y de la comunidad de la mujer, o sea del más desenfrenado libertinaje erigido en sistema, en institución pública, hacia el cual el matrimonio civil no es más que el primer paso”. Estas palabras del fundador del partido Conservador, Mariano Ospina Rodríguez, bien podrían desprenderse de uno de los discursos de la senadora liberal Viviane Morales, en su esfuerzo por llevar a referendo la discusión sobre el significado de familia en la sociedad y la posibilidad de adoptar niños para las parejas del mismo sexo, las madres solteras y los solteros. 

La senadora tuvo la intención de preguntar a la población colombiana, por medio de un referendo, si consideraba que la familia debía ser constituida solo por un hombre y una mujer. Es decir, si el modelo de familia debía seguir siendo el tradicional heterosexual. Esto, con la intención de que parejas del mismo sexo no pudieran adoptar niños. Aunque esa iniciativa ya había sido aprobada en plenarias del Senado, finalmente la Cámara de Representantes no dio su visto bueno y la senadora liberal no pudo llevar a cabo el referendo. Para los representantes de la Comisión Primera de la Cámara, un referendo de ese tipo, que desconocía una sentencia de la Corte Constitucional, violaba derechos fundamentales de los ciudadanos y promovía la discriminación a personas con orientaciones sexuales diversas. Los argumentos de la senadora Morales no convencieron a los congresistas, a pesar de que estos, como los de Ospina Rodríguez, se sustentaban en la necesidad de sostener una estructura tradicional para proteger a toda la sociedad. 

Las palabras de Ospina Rodríguez fueron dichas a mediados del siglo XIX, es decir, hace un poco más de 150 años, cuando en el país se debatía sobre el matrimonio civil. Es impresionante reconocer que muy poco ha cambiado en las maneras de argumentar contra las opciones progresistas que se proponen en el país. Igual que Ospina Rodríguez, Morales se basa en la importancia de sostener un modelo que no puede transformarse, pues de hacerlo se corre el riesgo de dar inicio al fin de la sociedad. En ningún momento se le pasó por la cabeza (ni a ella ni al fundador del partido Conservador) que un cambio en un modelo no implica un desastre ni el fin de ese modelo, sino la posibilidad de ser una sociedad más amplia, una sociedad capaz de reconocer más cosas en común entre sus integrantes, a pesar de las inmensas diferencias que existen entre todos. 

Esposas de la ley (2017), de Andrea Barragán. Cortesía Museo Q.

Las palabras de Ospina Rodríguez abren la línea de tiempo que hace parte de la exposición Lluvia de sobres, realizada por Museo Q en la sede de Kennedy de la Cámara de Comercio de Bogotá, que se inauguró el 3 de junio y que estará abierta al público hasta el 8 de julio. La muestra que este museo ofrece permite preguntarse si la concepción de familia solo puede limitarse a la que se ha dado tradicionalmente. Si la familia se concibe como la unión de dos personas que buscan compartir su vida, entonces, ¿por qué esta no puede estar conformada por dos hombres o dos mujeres que hayan formalizado esa intención de unión en un contrato? En gran medida, esta es la discusión que Lluvia de sobres propone, pues se pregunta por la legitimidad de las acciones que las personas con sexualidades diversas realizan. Es decir, qué tan legítimo es el matrimonio igualitario si al final este no se adapta a las imágenes tradicionales de esa institución. La intención de Viviane Morales de negar el derecho a la adopción a parejas y matrimonios conformados por parejas del mismo sexo parece demostrar que la respuesta a esa pregunta es negativa. No se puede aceptar el matrimonio igualitario porque esto modifica la imagen de familia y pone en riesgo, para ella, la estabilidad de la sociedad. 

La muestra de Museo Q parte de la obra Boda gay, de Maripaz Jaramillo. La artista colombiana expuso en el Salón Nacional de Artistas del año 1995 esta pieza que es la reproducción pictórica de una fotografía de los artistas franceses Pierre y Gilles. Para el museo fue un hallazgo interesante encontrar, en una exposición de mediados de los noventa, una pieza que representaba una imagen en ese entonces imposible e impensable en la sociedad colombiana. Esa ficción que aparece en la obra solo fue una realidad en 2016, cuando salió la sentencia SU214/16 de la Corte Constitucional, que exigía al Estado dar la posibilidad de que todos los ciudadanos, sin importar su orientación sexual, pudieran acceder al derecho del matrimonio y, por lo tanto, conformar una familia. En medio de la celebración que producía la realización de lo que una obra había expuesto hacía más de 20 años, el Museo Q se preguntó por el significado del matrimonio en personas con sexualidades diversas. Y para estar a tono con la celebración invitó a una serie de artistas a que intervinieran un sobre, uno como el que se usa para enviar las invitaciones al matrimonio o en el que se guarda el dinero que se va a regalar o en el que se introduce un mensaje que puede cambiar toda percepción. El sobre es el significante que cada artista puede llenar con un significado propio. A esa invitación respondieron 16 artistas que mandaron propuestas en las que ese objeto que lleva mensajes multiplicó sus significaciones. Los resultados de las intervenciones son variados pero permiten identificar una mirada particular sobre lo que el matrimonio como institución general. 

 Ritual de matrimonio gay (2017), de Ricardo Avendaño. Cortesía Museo Q.

Por un lado, artistas como Stephanie Ascanio, Colectivo Desbordadoræs o Ricardo Avendaño se concentraron en la idea del rito que implica casarse: el uso de las alianzas, del velo o del maquillaje que requiere la ocasión. El matrimonio no solo es un contrato que posibilita el acceso a derechos; es también la oportunidad de repetir una serie de actos, por lo tanto, es una forma de empezar a hacer parte de una tradición. En este sentido, Museo Q hace una reflexión acerca del significado de que personas que antes no podían casarse lo hagan y cómo eso afecta o no la figura del matrimonio. 

A este grupo de artistas lo acompaña otro que prefirió dar una imagen más íntima y personal sobre lo que significa contraer nupcias. David Anaya, por ejemplo, intervino tres sobres en los que retrata parte de su vida cotidiana en pareja. Muestra que no siempre el matrimonio es visto como una institución problemática, sino como una forma de compartir con el otro y que refleja una cotidianidad no muy diferente a la que tradicionalmente se ha imaginado sobre las parejas que conviven juntas. Junto a él se encuentra la obra de Andrea Barragán, que expresa la conveniencia de casarse, lo que manifiesta que el matrimonio también puede ser una forma de resolver un problema práctico y que no necesariamente está ligado al sentimiento. A ellos dos los acompaña la obra del Colectivo Macabra, conformado por Manu Mojito y Madorilyn Crowford. Para este colectivo, el matrimonio no tiene que limitarse a la pareja sentimental, pues ellos están casados como equipo de trabajo. Conviven, se apoyan, discuten y hacen muchas de las cosas que una pareja realiza en su vida cotidiana pero no tienen un vínculo amoroso ni sexual. De esta forma, la unión en pareja no se restringe a la idea convencional que supone que un matrimonio es también una relación sexual. 

De esta manera, la exposición ofrece diferentes versiones de lo que puede significar un matrimonio. Por ejemplo, la obra Hasta que la muerte nos separe, de Juan Pablo Pacheco, señala no la intención matrimonial que parece suponer su título, sino el uso que se le da a un medio como el sobre, que no siempre es para invitar a una celebración sino también una forma de hacer efectiva la frase “hasta que la muerte nos separe”. Pacheco parte del informe del Centro de Memoria Histórica Aniquilar la diferencia para dar cuenta de las dificultades que para gran parte de la población LGBTI significa existir en un país que ha vivido un conflicto armado. En muchos contextos, a pesar de que el matrimonio no esté prohibido legalmente, no existe la posibilidad de pensar que puede realizarse una vida en pareja con una persona del mismo sexo, pues esto implica poner en riesgo la propia vida. Los sobres dejan de ser vehículos que transmiten una celebración y se convierten en los portadores de una amenaza. Por lo tanto, en ocasiones la pregunta sobre los avances en temas de derechos no debe hacerse respecto a las ganancias en el ámbito legal sino a cómo en la vida diaria se pueden realizar efectivamente esos derechos. 

Además de las piezas de los artistas, la exposición presenta la percepción que parte de la comunidad de Kennedy tiene respecto a la unión y celebración de esa unión matrimonial. En esta localidad hay muchas personas que se dedican al negocio del matrimonio. Museo Q habló con algunas de estas personas que desde casas de banquetes, floristerías o casas de alquileres de trajes dieron su opinión sobre el ritual de casarse. De esta forma, no solo se ofrece una mirada desde la reflexión estética, sino que se explora también la manera en que las personas se relacionan con la práctica matrimonial. Estas perspectivas complementan una muestra que da cuenta de que el matrimonio es siempre una lluvia de sobres, es decir, de significados. Estos, además, varían por el contexto. Edwin Riveros, líder de la comunidad de Kennedy, asegura que este tipo de exposiciones son útiles en la medida que sirven como forma de sensibilización de la población que no es LGBTI. Más que dar un espacio para que gays o lesbianas puedan encontrar un lugar donde verse representados, Riveros valora la utilidad que la muestra puede tener para que los familiares de esos hombres o mujeres gays vean que las diferencias no son tan grandes y que hay más aspectos en común de los que se cree.

El espacio de la exposición, en la sede de Keneddy de la Cámara de Comercio de Bogotá. Cortesía Museo Q

Todo esto se refuerza con esa línea de tiempo que deja ver que el matrimonio ha tenido siempre un lugar de cuestionamiento en la sociedad, por ser el ritual con el que esta se organiza. No solo está el discurso de Mariano Ospina Rodríguez, sino gran parte de las transformaciones que ha tenido la manera de entender el matrimonio. Y en esta línea la mujer aparece como personaje particularmente definido por los discursos de la legalidad. Es la mujer la que ha tenido que soportar de forma más fuerte la idea del matrimonio; la línea de tiempo que se expone en Lluvia de sobres permite reconocer que el matrimonio ha sido también un medio de control social y de conducta sobre la mujer, que es vista como la piedra angular de la familia y por lo tanto de la sociedad. 

Museo Q ha sabido aprovechar ese espacio que la Cámara le ha abierto. Es momento, entonces, de no dejar que Lluvia de sobres sea solo un evento más en la agenda cultural de la ciudad, sino la oportunidad de empezar a reflexionar sobre los cambios en las maneras de comprender las relaciones entre sujetos y las prácticas sobre las que estas se instituyen. 

*Literato

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