“Lo sagrado es intocable”

Manuel León, quien lideró el ‘tutelatón’ que suspendió la exposición Mujeres ocultas, habló con Arcadia sobre las amenazas de muerte contra la directora del museo, el arte de María Eugenia Trujillo y otros aspectos del polémico fallo del Tribunal de Cundinamarca.

2014/09/01

Por RevistaArcadia.com

¿Usted a qué se dedica?

Yo soy estudiante de derecho en la Universidad Republicana de Colombia. También he venido trabajando haciéndole seguimiento a distintos tipos de fenómenos pero no enfocados en el derecho sino en la sociología. Me he convertido en referente para algunos colectivos específicos.

¿De qué tipo de colectivos está hablando?

No son grupos constituidos en personería jurídica, sino grupos de personas con intereses comunes. El común denominador  es que son grupos de personas abiertamente católicas y practicantes. Personalmente, también soy católico y practicante. Eso ha generado cierta afinidad. Para ellos resulta muy atractivo contar con alguien desde el lado jurídico que comparta las mismas inquietudes y que sea coherente con sus líneas de pensamiento.

Hablando específicamente de la exposición Mujeres ocultas, ¿alguno de estos grupos lo contactó para promover la serie de tutelas?

La cosa es la siguiente: la exposición ya se había hecho en Cartagena. Cuando se habló de traer la obra a Bogotá, y de utilizar el antiguo claustro de la Iglesia del Santa Clara, pues pasó algo muy curioso: los colombianos católicos se sintieron gravemente ofendidos. Hace unos 15 días Voto Católico convocó a gente a firmar una recolección de firmas y de esa manera presentar una solicitud a la ministra de Cultura y a la directora del museo, pidiéndoles que retiraran la obra de la agenda del museo. No hubo una respuesta que la gente considerara decorosa de parte del ministerio y del museo. Básicamente, desacreditaron las posturas manifestadas por la gente de la recolección de firmas y desestimaron la solicitud. De inmediato gente se empieza a poner en contacto conmigo.

¿Gente de Voto Católico?

No. Me contactaron personas de un grupo de oración llamado Ejercito del Santo Rosario. No estamos hablando de Voto Católico, Colombia Derecha, Restauración Nacional, sino de un grupo que se reúne a rezar el rosario. Me buscaron para ver si en materia de derecho se puede hacer algo. Me contaron que sienten que la exposición es abiertamente ofensiva, lesiva, que incita al odio y la violencia y que ridiculiza nuestro ejercicio libre de culto y nuestro libre desarrollo a la personalidad. Entonces yo digo: la acción de tutela es la más cercana y ofrece de entrada una garantía de que se puede hacer algo ya después de que la ministra de Cultura envió correos electrónicos a todos los firmantes de la petición de Voto Católico diciéndoles que lo lamentaba pero que la exposición seguía adelante.

¿Usted mismo también presentó una tutela?

No. No lo hice porque muy probablemente en el transcurso de las tutelas yo iba a tener que actuar. Consideré que uno no puede ser juez y parte. Yo fui el encargado de la substanciación, por así decirlo. Me encargué de reunirme con las personas y mirar que es lo que ellos querían hacer. Me di cuenta que había un denominador común y entonces redacté la tutela. Y de esta manera ya luego las personas la leyeron y me pidieron que se las hiciera llegar a los tribunales de Cundinamarca. Y fue un proceso limpio.

¿Si no hubiera tenido el conflicto de ser juez y parte hubiera presentado una tutela?

De hecho estoy todavía en derecho de hacerlo.

¿Y lo haría?

Efectivamente. Porque encuentro una coherencia absoluta entre el sentimiento de las personas que presentaron las tutelas de que se está violando una serie de derechos y de principios constitucionales. Y por eso precisamente me buscaron. Aquí no estamos hablando de honorarios. Esto es un trabajo ad honorem.

¿Y qué acción tomaría si el juez eventualmente permite la exposición?

En nuestro país pasa algo. Así la persona gane o pierda la tutela, esta va a revisión. Y aquí efectivamente entramos a lo que hace más especial lo que pasó. Esto no fue un ataque personal contra la artista, la ministra ni a la directora del museo. No se trató de rencores o venganza. Aquí se va a abrir un hito, que vamos a empezar a mirar muchos conceptos de la constitución pero que esta es un poco parca a la hora de tratar. Cuando uno coge la constitución nos dice que habrá libertad de cultos y que toda persona podrá propender su fe de manera pública o privada. Pero en ningún momento dice que el estado colombiano se comprometerá a garantizar esto a través de algún mecanismo. No nos dice como el estado colombiano favorece eso.

¿Entonces ustedes quieren reformar la constitución?

No. Hay un autor colombiano que habla mucho del reformismo crónico de las constituciones políticas. Más que una reforma, lo que se tiene que hacer es entrar a mirar los alcances de la norma. Si hay una norma que es tan amplia, tendrán que empezarse a hablar como se debe hacer pero todo en la hermenéutica del respeto. Mientras se haga todo dentro del respeto esto no tiene porque convertirse en un “dame y lleva”. Hicimos uso de un mecanismo constitucional que está a la mano de cualquier colombiano que sienta que hay una entidad pública o privada que está violando sus derechos fundamentales. Aquí se va a empezar a hablar por primera vez desde la constitución de 1991 cuales son lo alcances y el espíritu de la norma constitucional en cuanto a libertad de culto.

¿Qué sabe de las amenazas de muerte contra la directora del museo?

Es lamentable. Realmente no tengo conocimiento. Hay que mirar la naturaleza y de donde viene la amenaza. Yo conozco uno a uno los 76 accionantes de la tutela y se que son gente incapaz de hacer eso porque usted mira y son gente ya grande y no son niños de 16 años que de pronto en un momento de rabia pueden hacer o decir eso.

Personalmente el día de ayer estuve frente al museo y allí si fue abordado e intimidado por una serie de personas que estaban en contra de la tutela. Estaba una posición cómodo y segura por qué había Guardia Presidencial a ambos lados. ¿Qué se me ha manifestado en estos días? Pues amenazas. En eso entiendo la posición de la directora del museo. Si a ella la han amenazado pues a mi también. Con la diferencia de que yo no gozo de un protocolo de seguridad. 

En otras ocasiones he tenido que evidenciar como jaquean cuentas y correos y desde esos correos que pertenecen a la contraparte empiezan a auto amenazarse. No estoy diciendo que sea el caso. Solo digo que como pudo ser personas no del Ejercito del Santo Rosario, que dudo mucho, pudo también ser personas de los mismos que se sienten atacados o censurados por la tutela que estén generando esa retórica. Porque ya hemos visto eso. Nosotros nos fuimos por vías de ley con la tutela.

¿Usted entonces cree que es más probable que las amenazas vengan desde adentro y no de una persona religiosa molesta con la exposición?

 

 Usted está hablando de dos fenómenos distintos. No estoy desmintiendo el tema de las amenazas. No tengo conocimiento. No las he visto. Supongo que si efectivamente se han dado la señora ministra o la directora del museo pedirán a las autoridades competentes que les presten acesoría y harán pruebas de peritazgo para determinar si las amenazas efectivamente provienen de un agente externo o si fue de una persona que accedió ilícitamente a cuentas de correo. ¿Qué si creo que algún religioso lo hizo? No lo puedo creer. Porque efectivamente uno de los elementos que me hizo creer en las tutelas fue la coherencia. Estoy pidiendo al gobierno colombiano la defensa de unos derechos fundamentales. Lo hago porque reconozco que efectivamente no estoy vulnerando los derechos de nadie.

Usted no, pero eso no quiere decir que haya gente que sienta mucha rabia hacia la exposición...

Pues mire, lo que he visto en general es que el católico en Colombia es de aguante. Ya hemos sido humillados, vilipendiados, ridiculizados desde hace muchos años. Nosotros no estamos pidiendo que no nos traten feo. Estamos pidiendo que aquello que para nosotros y que nuestra cultura ha definido como sagrado se mantenga en esos limites. Porque la sacralidad ha sido imprimida también por la tradición de la gente. De la misma manera como una custodia, que es un objeto sagrado, puede ser pisoteado, entonces la vida que también ha sido considerada como sagrada podría ser pisoteada y los recursos públicos que se hablan como recursos sagrados también pueden ser pisoteados. Con esta exposición están generando una violencia simbólica. Ahora, no he sentido de parte de los accionantes o de la gente con la que he hablado ese tipo de rabias o deseos de querer tomarse la justicia por sus propias manos.

¿Qué es lo que le molesta específicamente de la obra de María Eugenia Trujillo?

La obra fue presentada en Cartagena de una manera diferente a como fue presentada en Bogotá. Toda obra de arte tiene una curaduría, una explicación genérica de lo que es la obra y de lo que quiere conseguir. En el Palacio de Inquisición de Cartagena se hizo la presentación de la obra y ahí, dentro del elemento formal de presentación, se hablaba de las mujeres que eran desfloradas, violadas, sometidas, subyugadas, esclavizadas con la aprobación y bendición de la iglesia católica. Eso para Cartagena. Cuando llega a Bogotá cambian completamente el concepto de la curaduría, no de las obras. Entonces dicen: es una muestra que trata de reivindicar a la mujer subyugada y sometida a través de la historia.  Aquí pasa lo siguiente: el Museo Santa Clara era un convento de las monjas clarisas, monjas de clausura, luego por el proceso de transito de convento a museo, se volvió un museo de arte religioso. Y tenía la finalidad de servir como acervo de toda esa cultura arquitectónica, de ornato, literaria, de la Bogotá colonial. Siempre se ha denominado como museo de arte religioso. El espacio en si mismo habla de manera directa de la creencia de los católicos, era un lugar de culto.

¿Entonces si la exposición hubiera sido en otro lugar no hubieran interpuesto las tutelas?

Lo que pasa es que hay un valor agregado. Usando toda esta atmósfera de la exposición, la artista lo que hace es que entra a tomar elementos del culto católico y los combina con formas sugestivas donde hay cavidades vaginales y otro tipo de partes de cuerpo femenino con el fin de reivindicar. Pero se está valiendo además de ornato, de imágenes y de elementos del culto católico que la misma sociedad ha adoptado como sagrados. Elementos que para los católicos están revertidos de una mística fundamental. La custodia es algo tan delicado que solo el sacerdote puede tocarla. Porque la custodia es donde queda contenido el santísimo sacramento que es la presencia real de Cristo y de Dios. Tan delicado y sagrado es para nosotros, que incluso dentro de la misma iglesia hay restricciones en cuanto a su acceso.

Si nos centramos en las mujeres católicas que presentaron la tutela, ellas no se sienten reivindicadas. Se sienten más bien ridiculizadas porque yo no puedo decir que una manera de proteger algo es exponerlo, no puedo decir que una manera de respetar el cuerpo de la mujer como algo sagrado, sea exponiéndolo a través de la vulneración de un elemento que forma parte de la personalidad de muchas mujeres colombianas. La mayoría de las mujeres colombianas son católicas y una de las formas que ellas expresan su religiosidad es a través de los elementos que se utilizan para el culto. Y cuando yo ridiculizo o propendo un irrespeto contra un elemento de culto, estoy yéndome contra el elemento litúrgico y cuando hago eso estoy yendo en contra del elemento doctrinal y cuando hago eso voy en contra del elemento formal de la manera como yo creo, vivo y expreso mi fe. Y en la medida en que algo atente contra eso me está violando mi derecho a la libertad de expresión.

Usted habla de libertad de expresión pero ¿qué pasa con la de María Eugenia Trujillo?

El catálogo de derechos de la constitución política de Colombia tiene un límite de ejercicio. Por ejemplo, si a mí mañana me parece que es bueno decir que Nietzsche, Marx y todos los ateos son asnos, yo tengo derecho a hacerlo, pero ¿qué pasa cuando yo lo aterrizo a una realidad específica? Mi derecho de libertad de expresión tiene un límite y ese limite es mientras yo no vaya en contra de los derechos de otros. Estas expresiones artísticas generan irrespeto y violencia simbólica. Si hay algo que la sociedad ha considerado sagrado por tanto siglos es pisoteada, entonces todo aquello que tiene esos tintes de sacralidad podría ser pisoteado. Decir sagrado es como las sociedades, en su proceso histórico, han ido creando unas instituciones, derechos y principios que son intocables e innegables. Entonces la artista tiene pleno derecho a ejercer su libertad de expresión en la medida en que el ejercicio de ese derecho no vaya en contra en contravía de los derechos de otro.

¿Por qué creen que la exposición atenta contra el derecho a la libertad del culto?

Afecta la libertad de culto por la violencia simbólica. Lo que está haciendo es tomar, por ejemplo, las profundas creencias católicas y transmitirlas como si fueran un escenario de manipulación, subyugación, dominación y violación de la mujer.

¿Entonces las expresiones artísticas que critican la religión católica son censurables?

Lo que pasa es que ese término no ha sido traído a colación: censura. Aquí no hay censura. Y menos censura previa. Aquí simplemente hay un ejercicio por parte del Estado que le confiere la constitución. El Estado aquí no está censurando. Hay personas que sienten que sus derechos fundamentales están siendo vulnerados y el Estado tiene que garantizar varias cosas: primero, que le estoy dando la oportunidad a la artista de demostrar que su obra no es ofensiva. Aquí no hay censura porque todos los tratados internacionales dicen: la libertad de expresión, enciso siguiente: esta libertad en caso de inminente contraposición con los derechos del otro tendrá que ser estudiada por el estado y tendrá que determinarse a través de la moral, de la costumbre. Tienen que entrar a mirarlo desde el contexto especifico.

Si no es censura, ¿usted como llamaría el posible evento de que un juez cierre del todo la exposición?

Insisto. No es censura. Es el ejercicio de un derecho de acción de tutela. El ejercicio al derecho que tengo de que el Estado favorezca y garantice el ejercicio de mis derechos. Incluso el mismo auto de la tutela dice: esto no va en contraposición de la libertad que tiene el museo y la artista. Simplemente es que si a mi viene un grupo de 75 personas y me dicen esa exposición va en contravía de sus creencias, su dignidad humana, su libertad de culto, de su libre desarrollo de la personalidad, yo como Estado tengo que decir: un momento, esta gente los está acusando a ustedes de esto, demuéstrenme si es cierto o no lo es. Si no es cierto, las medidas cautelares simplemente se levantan y la exposición sigue. Las medidas cautelares no son censura. Nosotros no hemos ganado la sentencia. A nosotros simplemente nos dieron una medida preventiva esperando que se pueda aclarar la situación. 

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