Foto: Guillermo Torres

Los artesanos de Cusco

Los artesanos de Sopocachi, en Cusco, mantienen viva una de las traciciones artesanales más ricas de América, desde tiempos del imperio inca.

2014/04/28

Desde tiempos del imperio inca el barrio de San Blas, llamado Sopocachi, era conocido como el lugar de los artesanos. Para llegar allí se sube por una calle empinada –la cuesta de San Blas– desde la Plaza de Armas hasta una iglesia construida sobre un templo inca al dios del trueno. Alrededor están decenas de talleres. Uno de ellos es el de cerámica de la familia Olave. Es una casa colonial, de paredes blancas y balcones mostaza de madera repujada, con una fuente de piedra en el centro. Antonio Olave aprendió el oficio siendo un niño. Entonces su nombre era Rosendo en honor a Santa Rosa y así se llamó hasta los veintiuno. De día estudiaba primaria y por las tardes iba a las minas de arcilla donde aprendió a hacer platillos. Han pasado dos generaciones y hoy su hijo Víctor Olave continúa con la tradición familiar.

Su trabajo consiste en moldear la arcilla, diseñar el objeto –una máscara, un plato o una vasija– secarla y pintarla con tintura natural según la iconografía inca. Víctor Olave explica que cada pieza es única, que en la elaboración de un plato pequeño se puede demorar hasta una semana y que aprendió el oficio cuando era un niño, mientras observaba a su padre.

Al frente de Olave, cruzando la plaza de San Blas, está el taller Mendívil. Su creador fue Hilario Mendívil, que trabajó hasta poco antes de su muerte en 1977. La familia ha mantenido el taller cuyo sello son las figuras religiosas en madera de rasgos andinos y cuellos largos. Muchas de ellas se encuentran en museos de distintas partes del mundo. Quienes conocen su obra, dicen que hace parte de la imaginería cusqueña: vírgenes y arcángeles andinos, elaborados con colores primarios y cuyos cuellos largos son un recuerdo de las llamas y vicuñas de la región.

A solo unas puertas, los herederos de la familia Mérida se preparan para una exposición en el Consejo de Cusco de la obra de Edilberto Mérida, creador del taller. Empezó como carpintero y pronto se dio cuenta de que quería plasmar la idiosincrasia cusqueña en sus piezas. Decidió probar con la arcilla y creó Cristos de rostros indígenas y hombres y mujeres de manos y pies grandes, como un homenaje a la gente del campo. Hoy su hija, María Antonieta Mérida, continúa con el oficio de su padre, solo que a la madera le ha agregado una laminilla de oro para darle un toque personal.

Faltan pocos días para la Semana Santa, famosa en Cusco por las procesiones, así que las familias Olave, Mendívil y Mérida tienen mucho trabajo por hacer.

 

 

 

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