Bar El Cordano. Foto: Guillermo Torres

Los bares literarios de Lima

Algunos de los bares que fueron escenario de Conversación en La Catedral aún se encuentran en las calles de Lima. Son puntos de encuentro para poetas, intelectuales y escritores.

2014/04/28

Es muy probable que un lector de Vargas Llosa recuerde el momento en que supo que Conversación en La Catedral se llama así por un antiguo bar del centro de Lima. Es un dato literario que fascina. Durante los años cincuenta, La Catedral existió y como Vargas Llosa lo describe, era un lugar de mala fama, feo y sin iluminación, al que iban trabajadores del sector. En ese momento Lima era una ciudad con cerca de un millón de habitantes, que atravesaba un buen momento económico y empezaba a recibir las primeras migraciones masivas del campo. Los limeños adinerados continuaban comprando en el jirón de la Unión –la calle tradicional de comercio en el centro– pero vivían en otros distritos. A pocas calles, la Plaza San Martín se convertía en un lugar frecuentado por intelectuales y artistas. Los primeros bares quedaban allí.

El Negro-Negro, que también aparece en Conversación en La Catedral, estaba en un sótano de la Plaza San Martín. De estilo francés y con un pianista de jazz, el bar era frecuentado por la poeta Blanca Varela y el artista plástico Fernando de Szyszlo. A ese y al Palermo también iban periodistas de La Crónica, La Prensa y El Comercio, que por esos días tenían sus sedes en el centro, y los estudiantes de Letras y Derecho de las universidades San Marcos y Católica.

Y desde luego, los míticos Cordano y Queirolo que todavía se pueden visitar. El primero queda a unos metros del Palacio Presidencial, cerca a la antigua estación de los Desamparados. Abrió sus puertas en 1905 y en 1978 los empleados lo compraron. Está todo construido en madera y el piso, desgastado, es de baldosas amarillas y vinotinto. De sus paredes cuelgan afiches de corridas de toros y fotografías de políticos, pero quienes conocen la verdadera historia, cuentan que el mayor acontecimiento literario ocurrió en los años sesenta, cuando el escritor beat Allen Ginsberg fue a Perú y se reunió allí con el poeta peruano Martín Adán.


Bar Queirolo. Foto: Guillermo Torres

También en el centro, pasando el Hotel Maury, en cuyo bar se dice que se inventó el Pisco Sour, y el Hotel Bolívar, al que solían ir los personajes de Conversación en La Catedral a bailar, está el Queirolo.

Conocido como el lugar que vio nacer en los años setenta al movimiento vanguardista de poesía Hora Zero, las paredes del Queirolo están llenas de fotografías de los poetas Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, Tulio Mora, Enrique Verástegui, Jorge Nájar y Carmen Ollé. A la hora del almuerzo, sin embargo, el bar pasa a ser restaurante y sus mesas de manteles a cuadros rojos se ocupan con oficinistas del centro. Por la noche, en cambio, los asistentes suelen pedir jarras de Pisco.

Fuera del centro, en los distritos de Miraflores y Barranco, los bares literarios continúan. En Miraflores, frente al parque Kennedy está el bar La Paz, al que solía ir el poeta Antonio Cisneros, y en Barranco, cerca a la antigua casa de la artista Chabuca Granda, La noche y Juanito. Durante décadas, poetas, intelectuales y escritores se han reunido allí. Y todavía lo hacen.

Bar Inglés. Foto: Guillermo Torres

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