Esta foto, tomada durante la ceremonia de entrega de los óscar, logró más de tres millones de retuits en pocas horas.

Los dandis: precursores del Selfie

La tendencia de compartir imágenes parece cada vez mayor. Pero la obsesión con la representación de la imagen personal no es nueva y podría tener sus orígenes en los dandis parisinos del siglo XIX

2014/03/05

Por Ricardo Castro

Una de las fotos que tomó Ellen DeGeneres desde su celular durante la 86 entrega de los Premios Óscar pasó a ser la imagen más compartida de la historia. DeGeneres reunió a un nutrido grupo de celebridades que incluía a las ganadoras del Óscar Julia Roberts y Meryl Streep, junto a los actores Bradley Cooper, Brad Pitt, Jared Leto entre otros: un ensamble de superestrellas. El objetivo: romper el record de la imagen más retuiteada de la historia, cosa que consiguió pocas horas después. 


El momento en que se tomaron la foto que sería la más retuiteada (hasta ahora).

Hasta entonces, el record estaba en manos de una foto de Barack Obama abrazando a su esposa, Michelle, cuando se conoció que había sido reelegido como presidente de los Estados Unidos. Aquella imagen, que acompañaba a la leyenda “4 años más…” fue retuitedada unas 750 mil veces. Un hito en su momento que hoy parece muy poco comparada con los más de 3 millones de retuits que consiguió Ellen en tan solo dos días.

El acto de tomarse fotos desde el celular y compartirlas es un fenómeno que se desarrolló en el mundo de las redes sociales. Se hizo tan popular que el término ‘selfie’ se institucionalizó a tal punto que en 2013 selfie fue escogida como la palabra del año por el prestigioso diccionario Oxford.

Es un fenómeno cultural propio del siglo XXI en que los smartphones se han vuelto parte del paisaje urbano y hay conexiones a internet cada día más veloces y accesibles.

Sin embargo, la escritora y periodista Tara Isabella Burton, en un reciente artículo publicado en The Paris Review, plantea que la obsesión con la representación de la imagen personal no es nada nuevo, y sitúa los orígenes del selfie no en la masificación del acceso a internet a través de teléfonos móviles, sino en los dandis parisinos de mediados del siglo XIX.

 “Puede parecer extraño mencionar a ‘artistas del selfie’ como Kim Kardashian o James Franco en la misma categoría que el escritor francés Jules-Amédée Barbey d’Aurevilly – dice el artículo- pero los creadores de hoy deben más a la percepción de poder de la imagen pública que este tenía, de lo que uno pensaría”.  Para d’Aurevilly y su séquito, el estilo de vida dandi era una forma de existir conscientemente en el mundo; de dejar una impresión de sorpresa en los otros.  

Los dandis querían distinguirse. Querían separarse de la masa vulgar y ordinaria y eso los llevaba a cultivar excéntricas imágenes públicas. Había en ese deseo de distinción una mirada peyorativa al hombre común. Así le veía Baudelaire, por ejemplo, quien en un ensayo sobre los dandis, argumentaba que estos ‘maestros del artificio’ estaban en un estado de superioridad intelectual a las masas. Las clases trabajadores no tenían tiempo para cultivar su imagen pública y en cambio se interesaban por esos seres a quienes admiraban conscientes de que su estilo de vida estaba fuera de su alcance.

Audiencia

Obsesionados con la ‘libertad’ los dandis necesitaban de paseantes urbanos a quienes descrestar, de la misma forma a que quien comparte selfies necesita de una conexión a internet: un selfie ‘no existe’ hasta que no se comparte.

Así, mientras el dandi sentía desprecio por las masas y la idea de ser uno más entre la multitud le espantaba, necesitaba de esa multitud uniforme para que se notara su singularidad.

Hoy, el selfie encierra la posibilidad de crear una identidad, de impactar a la audiencia sin comprometer mucho. Y hoy hay poco de aristocrático en el acto de compartir auto-fotos: cualquiera puede compartir su imagen.

Si en el siglo XIX la idea de una imagen pública compartida por miles resultaba aterradora, hoy es celebrada y deseada. Y aun cuando puede percibirse un deseo de distinguirse por medio de fotografías tomadas en lugares exóticos: de la cataratas del Niagara a la muralla china, de la Patagonia a Capadocia, también hay una pulsión creciente por dar cuenta de eventos que compartimos todos: matrimonios, nacimientos, cenas en familia, un encuentro fortuito con alguien famoso.

Y las celebridades – de Neymar a Shakira- buscan conexión directa con la audiencia a la que mantienen captiva compartiendo cosas rutinarias: haciendo mercado, jugando videojuegos, haciendo ejercicio.  Como afirma Burton, la tecnología ha democratizado la auto-creación, por lo que ya no es “acto narcisista de superioridad sino la manifestación de todo lo que tenemos en común. Todos tenemos la capacidad de contar nuestra historia de vida, y todos tememos que estas historias se pierdan en la multitud”.

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