Sak Tzevul es uno de los primeros grupos de rock que cantan en lengua tzotzil.

Los grupos indígenas que ponen a bailar a México

Los primeros acordes pueden ser de hip hop, reggae o tal vez rock. Hasta allí nada extraordinario. La sorpresa viene al escuchar la letra: los músicos cantan en lenguas indígenas como seri, tzotzil o náhuatl.

2015/01/13

Por Alberto Nájar. BBC Mundo


Se trata de una tendencia musical que ha cobrado fuerza en los últimos años en México. Los intérpretes provienen de comunidades indígenas quienes adoptaron ritmos distintos a su cultura, pero con letra en su lengua originaria.

En algunos casos los mezclan con su música tradicional. A primera vista parecen temas ajenos entre sí, pero no lo son, dice el poeta Mardonio Carballo. "Los pueblos indígenas, incluyendo sus manifestaciones culturales y artísticas, también responden al movimiento global", explica.

"Tenemos esa idea de pueblos con cierto grado de tradición, pero estamos hablando de grupos humanos que se mueven y que están, a través de los medios de comunicación, pendiente de lo que sucede en otros lares", añade.

Influencia zapatista

El rock en lengua indígena está lejos de ser una moda. Si bien la influencia externa en las comunidades de México es muy antigua, desde 1994 cobró auge tras la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El movimiento atrajo la atención de muchos sectoresSubcomandante Marcos del EZLN del país y obligó a las autoridades a aplicar políticas públicas hacia los pueblos originarios. Pero, sobre todo, en muchas comunidades despertó un proceso de reivindicación de sus derechos, cultura y lengua donde la música es un elemento importante. La tendencia se ha fortalecido en los últimos meses.

"Hay una efervescencia de artistas indígenas muy importante", explica Carballo, quien conduce el programa De Raíz Luna en el canal 22 de la televisión pública, especializado en la cultura y tradiciones indígenas. "No necesariamente es regla pero hay quienes intentan, a partir de su canto, reivindicar a su pueblo y su lengua", agrega.

Orgullo

Es el caso de Damián Martínez, fundador del grupo Sak Tzevul en Zinacantán, un pueblo tzotzil en la región de Los Altos de Chiapas.

En 1994, cuando estudiaba en la ciudad vecina de San Cristóbal de las Casas, "había mucha discriminación, se burlaban de quienes venían de las comunidades indígenas", cuenta. "Me enojaba muchísimo que los chavos (chicos) ocultaran su lengua, que no dijeran de dónde eran, ni siquiera imaginar hablar su lengua en el salón de clases".

Damián empezó la carrera de Derecho, pero luego la cambió por guitarra clásica. No pudo terminar los estudios por falta de dinero, pero completó su educación musical de manera autodidacta.

En 1996, cuando fundó su grupo, decidió escribir canciones en tzotzil pero cantarlas a ritmo de rock. "Mi objetivo era darle a los jóvenes algo nuevo de nuestra cultura y decir: lo que ahorita nos da vergüenza, ojalá que un día nos de orgullo", dice.


Cuesta arriba

El camino para los rockeros, hipoperos y reguetoneros indígenas no ha sido fácil, y mucho menos en sus comunidades.

Carballo cuenta que algunos, como el grupo Hamac Casiim de la etnia Seri, debió pedir permiso al Consejo de Ancianos del Pueblo Comca'c de Sonora para formarse. También necesitaron su autorización para interpretar a ritmo de rock las canciones tradicionales de la comunidad. En otros casos, además de conseguir el permiso, los jóvenes debieron vencer la resistencia de comunidades conservadoras y muy apegadas a sus costumbres.

Así ocurrió con Julio Lunez Pérez, fundador en San Juan Chamula, Chiapas, del grupo de hip hop Slajem K'op.

El pueblo tzotzil es muy apegado a sus tradiciones. En los años 90 una parte de sus habitantes fue expulsada por no profesar la religión católica, mayoritaria en la comunidad.

Escándalo

Así, la aparición en 2009 de un grupo de adolescentes que cantaba canciones tzotziles a ritmo de hip hop, fue un escándalo en la comunidad.

Pero después los aceptaron, dice Julio Lunez. "Cuando empezamos no había apoyo de la gente; nos veían raro, pero con el paso de los años la gente a le empezó a encantar". Ahora se siente orgulloso cuando escucha sus canciones en comunidades lejanas a San Juan. "Grabamos nuestras canciones, las subimos a la redes y de allí se expande", dice.

"Llegan a las comunidades o vienen al pueblo, ven discos, lo ponen, les gusta y lo compran. A veces en otros municipios o pueblos me ando escuchando", festeja.


La otra historia

Pero no todo es optimismo. Algunos ven a los grupos de rock indígena como una expresión "curiosa". Otros insisten en que esos ritmos no son para las comunidades indígenas, y en algunos casos la actitud se acerca a la discriminación, asegura Damián Martínez.

"Ya es como un género nuevo en el país, pero como siempre existe la discriminación hacia lo indígena, no hemos podido estar en el ámbito comercial, porque institucionalmente se maneja lo indígena como un apoyo", se queja.

"No hemos sido valorados como profesionales de la música. En nuestro estado tenemos que lidiar para romper la estigmatización que no es decir 'ya no seré más indígena', sino porque lo soy me dan un trato diferenciado al de otro artista, cuando trabaja igual que yo".

En cambio, Mardonio Carballo cree que el fenómeno puede ayudar a una mejor comprensión de lo que es el país. "Podemos crecer juntos en este camino accidentado que es el de la inclusión, de la justicia", señala. "México empieza a reconocer a sus pueblos y los pueblos hacen lo propio para hacerse conocer en muchas de sus facetas, incluida la música, tan importante en la sensibilización del otro", puntualiza.

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