Maloka abrió sus puertas en 1998.

Maloka, una crisis y una oportunidad

En su más reciente columna en El Tiempo, Moisés Wasserman trajo a colación la ‘injusta crisis’ que atraviesa el parque temático de ciencia y tecnología más importante del país. Es hora de que el sector público y el privado aúnen esfuerzos para apoyar a un centro que, de la mano de pocos, ha hecho tanto por el país.

2016/08/05

Por Redacción Arcadia

Maloka nunca la ha tenido fácil. Su fundación, en 1998, coincidió con una complicada coyuntura: el país atravesaba una de sus peores crisis económicas y sociales. A pesar de que los esfuerzos del gobierno estaban en otros frentes, en combatir la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico, un grupo de investigadores decidió apostarle a las ciencias y a la tecnología en la capital. Sin recursos o capital de trabajo, la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia, con un apoyo puntual del Gobierno, del Distrito y de Colciencias, logró montar Maloka en apenas 20 meses.

El parque temático no tardó en convertirse en un referente tanto nacional e internacional. Como escribe Moisés Wasserman en su más reciente columna en El Tiempo, en “sus 18 años de operación continua ha tenido más de 22 millones de visitas. Lideró la apropiación de la ciencia por la cultura. Llevó sus actividades y sus clubes de ciencia a todos los rincones del país. Se proyectó, y proyectó a Colombia internacionalmente y en la web. Inspiró nuevas formas de enseñanza y participó en la formación de niños y maestros”. Ha recibido, además, un sinfín de premios y reconocimientos.

Hoy, sin embargo, el centro atraviesa una difícil situación financiera. En 2012, según la Contraloría de Bogotá, tenía un saldo en rojo de 23.000 millones de pesos. De hecho, según esas mismas cifras, y con la excepción de 1999, todos los años Maloka ha registrado pérdidas, que han oscilado entre los 60 y los 3.000 millones anuales. Y aunque hay quienes han achacado la responsabilidad a su administración, la realidad es que Maloka nunca ha recibido el apoyo permanente del sector público, a diferencia de otros proyectos de similar envergadura en el país y a nivel internacional.  

“Maloka es una entidad privada sin ánimo de lucro que no cuenta con ningún tipo de recurso externo permanente para operar -explica Nohora Elizabeth Hoyos, su presidenta ejecutiva, quien ha estado al frente del proyecto desde su fundación-. Además, con lo que tiene debe cubrir su inversión, mantenimiento, operación e innovación. Esto es un reto, pues nosotros cumplimos una función de responsabilidad social, y en ese sentido se necesita de ciertos apoyos para funcionar”. Según explica, Maloka se financia a punta de entradas, proyectos a la medida y patrocinios, más allá de las puntuales contribuciones del sector público (al que a menudo se le dificulta aportar por culpa de la naturaleza jurídica del parque temático).

Y esa es quizá la mayor diferencia entre Maloka y el Parque Explora, en Medellín, que se inspiró en el centro tecnológico bogotano. Fundado en 2007, desde un inicio el proyecto antioqueño ha contado con el apoyo de la alcaldía de Medellín. Para Wasserman, existe una diferencia fundamental entre estos. Mientras que el Parque Explora se trató de “una decisión política para sacar adelante un centro científico, y que ha contado con el respaldo continuo de varias alcaldías”, en Bogotá ocurrió lo contrario: “en la capital todo esfuerzo cultural es heroico. Al repasar la prensa uno se reencuentra con héroes locales que han hecho cosas increíbles, como el Teatro de la Candelaria, el Museo de Arte Moderno o Maloka”.

Bernardo Recamán, matemático colombiano que trabajó para el Ministerio de Educación como director de Calidad en 2001, conoció de primera mano las dificultades económicas que ya desde ese año presentaba Maloka. Allí “todo se ha hecho con las uñas”, dice. El Estado solo invierte en ciencia un 0.2% del PIB, y a pesar de eso, para Recamán son muy valiosos los aportes que ha hecho Maloka a la educación y difusión de la ciencia en Colombia. Según el matemático, “ha beneficiado a millones de niños” y es uno de los atractivos turísticos y formativos más importantes de la ciudad.

Recamán considera que en el país aún “no se ha descubierto el potencial que hay en los jóvenes, se debe sacar más provecho e invertir en ideas. Este es un país que mira a corto plazo. Invertir en ciencia es ver a largo plazo. Acá no se promueven los grandes proyectos, porque no dan frutos inmediatos”, expresa categóricamente. Hoyos concuerda: “ Estas iniciativas de difusión científica son de largo aliento, como se ha demostrado en países como Corea. Eso en Bogotá no lo tenemos. Aquí no existe un programa que articule al sector público y al privado, que trascienda las administraciones, que tome riesgos, que invierta los recursos necesarios. Así es imposible que haya una transformación”.

Como si todo esto fuera poco, en los más recientes años los patrocinadores se han alejado de Maloka por culpa de un escándalo a todas luces innecesario. En 2012, tras una visita fiscal, la Contraloría investigó al parque temático por utilizar con otros fines unos recursos destinados a la construcción de su segunda etapa. Se trataba de un dinero que entregó la Secretaría de Desarrollo Económico, unos 9.150 millones. “La desinformación sobre la desviación de recursos ya fue totalmente aclarada, con cero hallazgos, y ya concluyó la investigación -explica Hoyos, quien de todas formas lamenta lo ocurrido-. Ese episodio nos hizo un daño muy grave, porque vulneró nuestra credibilidad y transparencia. Llevó a que se suspendieran iniciativas que veníamos trabajando”.

*

Hay, sin embargo, un resquicio de luz. El presidente de la Junta Directiva de Maloka y miembro de la ACAC, Eduardo Posada, sabe que si bien se han tenido dificultades financieras en el pasado, esta situación ya está mejorando. En febrero de este año aprobaron un nuevo plan de negocios que está encaminado a lograr la autosuficiencia financiera de Maloka dentro de cinco años, con el presunto apoyo del Estado, tal como funcionan este tipo de parques temáticos en distintos países de Latinoamérica.

Por ahora, Maloka está invirtiendo parte del estímulo que le entregó la Secretaría de Desarrollo Económico en la modernización de las salas y las atracciones, con la remodelación del Cine Domo, que será único en su clase en Suramérica, enfatiza Posada. También se continuará con la consolidación de las visitas sistemáticas de colegios de Bogotá y Cundinamarca (para las que ya se tienen acuerdos), con la Maloka viajera, las actividades de formación y la optimización de los gastos operativos. Todo un paquete de acciones y estrategias que están pensadas para salvar a Maloka en un lustro. Posada es consciente de que la situación económica actual del país es compleja, pero el centro científico pretende fortalecer las alianzas con el sector privado.

Para el presidente de la junta, se vislumbra el fin de la crisis. Pero para ello se necesita, primero, el compromiso de la alcaldía. Como dice Hoyos, todavía hay que hacer “un llamado a los líderes para que nos apoyen”.

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