Mario Morales

Mario Morales: “Estamos hablando de un 'tercerito canalito' como paliativo a las enormes carencias en pluralismo que tiene el país”

Arcadia sigue el debate sobre el tercer canal. El docente de la Universidad Javeriana, columnista de El Espectador y analista de medios, Mario Morales, explica cómo entran en esta discusión plataformas como Netflix y Google.

2016/05/07

Por Laura Martínez Duque

¿Cuál es el fondo de la discusión sobre el tercer canal?

Desde el inicio de la televisión privada en Colombia, hace ya mas de tres lustros, se estableció como valor democrático y de participación ciudadana la apertura de por lo menos un nuevo canal privado que bien podrían ser dos. Este requerimiento debió haberse cumplido hace por lo menos una década pero los dos ganadores de la licitación inicial pidieron un tiempo para poder recuperarse de las pérdidas antes de que apareciera un nuevo competidor. Luego se amañaron en esa lógica de “tú ganas y yo gano” y en esa lógica se mantienen. La televisión colombiana tiene suficiente mercado y penetración como para permitir por lo menos cuatro jugadores, que eso vaya en detrimento de los ingresos particulares de cada canal, es otro asunto. 

La televisión en Colombia es elitista incluso para las  agencias de publicidad que se ven sometidas a las decisiones de los canales que solo dejan pautar en determinados horarios, a determinadas agencias y con determinados precios. Una parrilla más abierta significaría más televidentes con otras opciones, más posibilidades de anunciantes y nuevas participación de negocios para pequeñas y medianas empresas.

Entonces hay varios sectores que se beneficiarían de un tercer canal ¿A quién no le conviene?

Hay una especie de statu quo con el que no se quieren meter los gobiernos en pos de ganar favorabilidad para sus proyectos políticos y pensando en las percepciones a la hora de las encuestas, que es donde los canales privados resultan definitivos porque entre los dos suman el 92% de la audiencia. Colombia es un país tevecéntrico que se informa por televisión y eso hace que el poder de estos dos medios termine arrinconando incluso a los gobiernos.

Lo curioso  y paradójico del asunto es que entre los creativos de los dos canales se han encargado de estancar las audiencias. La televisión por cable hoy esta al mismo nivel de rating de los dos canales privados y en este momento hay un equilibrio, pero ese equilibrio no se va a mantener por mucho tiempo teniendo en cuenta el otro jugador que son las plataformas Over the top como Netflix o Google y todas las que se vienen encima porque encontraron una enorme oportunidad de negocio a raíz de su éxito.

Muchos piensan que es irrelevante hablar de más canales de televisión en la actualidad, cuando el público dispone de otras opciones de consumo por internet ¿Cómo entran las OTT en esta discusión?

Las plataformas como Netflix, Google o Hulu por mencionar algunos ejemplos, son un tema que hay que ver sobre el papel y en la realidad, o mejor, sobre el papel virtual y la pantalla. Desde el punto de vista narrativo y de consumo, las OTT han sorprendido porque están incorporando dinámicas que representan alternativas para el usuario común. No solo desde el punto de vista de la movilidad, acceso y disponibilidad, sino porque ofrecen una experiencia al usuario que puede decidir sobre el consumo y, en ese sentido, representan alternativas que la televisión tradicional no puede ofrecer y además ofrecen un contenido de altísima calidad en cuanto estética, narrativa y experimentación. Este es el nuevo ritual de consumo que traen las OTT visto en el papel virtual.

¿Y en la realidad o sobre la pantalla?

En países como el nuestro, para pensar las OTT hay que pasar a mirar la conectividad. Durante mucho tiempo se dijo que en Colombia teníamos banda ancha cuando en realidad no era banda ancha y tuvo que haber una regulación para determinar un rango de banda que solo llega a ciertos sectores de la población. Decir que el país esta interconectado porque llega una fibra óptica a un café internet por pueblo o en determinadas ciudades es una gran mentira. El gobierno puede decir “internet llega a todo el país” pero si solo llega una línea o una terminal de banda ancha a un pueblo, eso no significa que llegue a la población directamente. Eso solo es válido para las ciudades principales y en determinados estratos económicos.

Cuando hablamos de tecnología, usabilidad, penetración, conectividad y tendencia siempre lo hacemos desde la perspectiva de países del primer mundo, principalmente del centro de Europa y Estados Unidos, pero no tenemos en cuenta las condiciones reales de consumo en nuestro país, y en las regiones esto es una utopía. Por eso todo lo que hablamos de experiencia de usuario, calidad o convergencia no aplica por esa gran diferencia técnica en Colombia. Igual, yo no creo que el futuro este en las OTT ni en la televisión por cable, en este momento lo que vemos es una reconfiguración del negocio televisivo en el que seguramente habrá ganadores y perdedores como siempre.

¿Dónde ve usted el futuro?

Tenemos una legislación y una regulación del siglo pasado y lo absurdo del tema es que hay gente feliz con esas legislaciones y mercados del siglo pasado porque están derivando ganancias, pero el país esta requiriendo otras legislaciones y no es una ley de televisión y tampoco es una ley audiovisual o de medios. Hoy el paradigma son las comunicaciones y los contenidos.

¿Cómo cree usted que se debería legislar sobre ese tema?

Lo que esta pasando a raíz de la aparición de la ciber cultura tiene que ver con fenómenos de comunicación que sobrepasan esas estructuras o esos paradigmas que conocimos el siglo pasado. Hoy las grandes empresas no son empresas de televisión y no son empresas de medios, son empresas de comunicaciones. Aquí el secreto es pensar una legislación que tenga en cuenta la convergencia que se esta dando de manera natural en el mundo de los contenidos, inclusive yo preferiría hablar ya no del mundo de las comunicaciones para no quedarnos en lo exclusivamente instrumental, sino en la parte de contenidos, en circulación de contenidos. Y es ahí donde debería apuntar una legislación moderna, actual e incluyente.

¿Cómo sería esa legislación ideal?

Una que realmente se preguntara qué hacer con redes sociales, con Uber, con todas las aplicaciones. Todo eso hace parte de la generación de contenidos y creo que la perspectiva debe ser ésa. Y donde quiera que haya contenidos debe haber unos acuerdos, yo prefiero hablar en términos de acuerdos, porque hablar de regulaciones encarna un peligro pues ahí nos meten los goles que internet ha intentado mantener a raya a través de la neutralidad de la red. Entonces hablar de reglas de juego o de acuerdos, permite dirimir diferencias y optimizar la convergencia.

¿Cuál es la dificultad para legislar sobre esos temas?

No han podido con el tema de Uber y menos con los contenidos nuevos porque lo quieren encarar con la lógica analógica, valga la cacofonía. Y es que, pensando en el pasado, quieren amarrar el futuro. Yo pienso que de alguna manera debe haber algunas reglas de juego para las aplicaciones pero no son las reglas que imponen los jugadores de antaño. Esta dimensión de libertad, de horizontalidad, de pensar en el usuario, no la podemos amarrar a los intereses particulares de uno o dos personajes politiqueros y clientelistas que quieren mantener su negocio tal y como han hecho los canales privados con la televisión. Ahí es donde la legislación o la regulación no puede quedar amarrada pensando con normas del pasado.

El asunto no es de alcances de libertad de expresión sino de los intereses que hay debajo, y esos intereses van a primar. Yo soy pesimista, tanto con la posibilidad de un tercer canal como de que exista un interés por tener una legislación o unas reglas de juego que ayuden a entender el sector de la generación de contenidos y las comunicaciones.

Pero el cronograma de licitaciones para el tercer canal que se anunció la semana pasada, ¿no es una buena señal?

Es como lo que sucede en Bogotá con el metro: se abre la licitación para mantener la expectativa. Somos países subdesarrollados contando monedas, hablando de un “tercerito canalito” como paliativo a las enormes carencias en pluralismo que tiene el país particularmente en medios audiovisuales. Es vergonzoso que estemos hablando de un tercer canal cuando deberíamos estar discutiendo la apertura de parrillas y de canales nacionales, públicos, privados, regionales y locales. Es como montarnos en la maquina del tiempo e irnos al pasado. Eso no significa que no necesitamos más canales, los dos canales privados se distribuyen anualmente casi el 98% de la pauta que son dos billones de pesos anuales y cuando alguno pierde queda de segundo y no hay riesgo. Eso sí cambiaría con la entrada de nuevos jugadores.

¿Tendremos tercer canal?

Soy pesimista. Esta licitación se abre además muy estratégicamente cuando se aproxima la época electoral y cuando hay un jugador muy interesado en entrar, que siempre ha querido ser el tercer canal, que es la casa editorial El Tiempo hoy en poder del grupo Aval. Entonces ahí entrarán en tensión los poderes económicos frente a las urgencias políticas. La licitación sucederá entre 2017 y 2018 cuando comienzan a cocinarse las próximas elecciones presidenciales y ahí, como siempre ha sucedido, el tercer canal se vuelve moneda de pago para repartir favores, apoyos y castigos.

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El debate inició aquí:

Omar Rincón: "En este momento estamos secuestrados por RCN y Caracol"

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