Glenny y Collins.

“Los muros nunca serán un obstáculo para el crimen organizado”

El periodista Misha Glenny le ha dedicado su carrera al mercado global de bienes y servicios ilícitos. En el Hay Festival de Cartagena lo analizó junto al experto en drogas John Collins.

2017/01/28

Por Christopher Tibble

Durante buena parte de su infancia -y de su carrera como periodista- el británico Misha Glenny fue víctima del mismo chiste: por tener un nombre de origen ruso, algunos le decían que tenía ascendencia esclava, mientras que otros le afirmaban que trabajaba para los organismos de servicio secreto de Europa del Este. Aunque no era cierto, y su familia era originalmente de Escocia e Irlanda del Norte, sí existía una relación entre su nombre y los países eslavos. Su padre, Michael, un traductor de literatura rusa moderna (fue la primera persona en traducir al inglés El maestro y margarita de Mijaíl Bulgákov), quería darle a su hijo su mismo nombre, así que lo llamó Misha.

Ese vínculo con el Este de Europa marcó a Glenny de joven. “Mi papá nos cantaba de niños canciones en ruso, nos contaba historias de hadas rusas. Desde una muy temprana edad me atrajo esa cultura, la de los países del pacto de Varsovia. Fui a Polonia y a Rusia por primera vez a los 15 años, en plena Guerra Fría”, le comentó a John Collins, experto en política de drogas, durante la charla que ambos sostuvieron en el Hay Festival de Cartagena. Esos viajes le dieron la sensación de vivir en un mundo maniqueo, en un continente donde al tiempo existían grandes logros culturales y fuerzas políticas destructivas. Y fue allí, también, donde entró en contacto con el  mundo que marcaría su carrera como periodista: el crimen. De afiliación izquierdista, se dedicó al contrabando de libros para hacerles llegar a los partidos prodemocráticos de la región novelas, tratados y escritos censuradas por los gobiernos.

“Cuando llevaba libros a los grupos rebeldes, como Solidarity en Polonia, aprendí muchas cosas valiosas. Cuando hacía contacto por primera vez con ellos, no solo encontraba gente de izquierda, sino también católicos, nacionalistas anarquistas, conservadores. Todos tenían el mismo objetivo: querían que la democracia volviera a Europa del Este. Aprendí que, para que una democracia funcione, uno tiene que aprender a cooperar con gente que tiene miradas incompatibles con las de uno. Esto es clave y sigue siendo clave. Pienso hoy por ejemplo en lo de Colombia y las FARC. También fue importante en los procesos de paz en Irlanda del Norte y en Yugoslavia”.

El tráfico de libros le enseñó, también, lo fácil que es el contrabando. En esa época, solía destornillar las cisternas de los inodoros de los trenes para esconder las obras. “La lección más importante que aprendí es que cuando hay una barrera, siempre hay la forma de cruzarla. Para el crimen organizado, una frontera no es un obstáculo, es una oportunidad, por un argumento económico muy sencillo: las fronteras funcionan para subir los precios porque el consumidor, al otro lado, tiene que incluir en su desembolso el riesgo del cruce. Es, entonces, una oportunidad para hacer más plata, no un problema”, dijo Glenny, quien ha publicado más de un puñado de libros sobre crimen organizado, incluido el reciente Nemesis, sobre un capo de las favelas de Río de Janeiro.  

Glenny entró en contacto con el mundo del crimen organizado cubriendo la guerra de Yugoslavia a comienzos de los años noventa. Allí descubrió que la mayoría de los medios se habían equivocado en sus descripciones de qué motivaba la lucha entre las distintas facciones étnicas. “Entre los años cincuenta y finales de los ochenta, había muy buenas relaciones entre los croatas, serbios, musulmanes, entre otros. En Sarajevo, por ejemplo, había el número más alto de matrimonios interculturales de toda Europa. Lo que hizo que todo cambiara es que de repente, y de manera viciosa, empezaron a aparecer grupos de desconocidos -hombres, fuertes, grandes- que andaban con armas y con insignias nacionales, actuando como si fueran los dueños del lugar. Y lo peor es que estas bandas, que se mataban durante el día, por la noche cooperaban en una enorme red para llevar a Europa cocaína de Colombia, heroína de Afganistán, diamantes de sangre de África”.

Glenny, como el resto de los periodistas, tardaron años en entender la magnitud y el alcance de estas redes de crimen organizado. Hoy, después de haber analizado el fenómeno en profundidad, encuentra dos causas raíz: “lo primero fue el big bang del 86, cuando Ronald Reagan y Margaret Thatcher desregularizaron los mercados para que corporaciones pudieran invertir alrededor del mundo. Crearon todo tipo de incentivos en países como Brasil, Sudáfrica e Indonesia, que hasta el momento tenían economías protegidas. Lo otro fue el colapso de la Unión Soviética. En esos países, donde el estado había manejado la economía durante décadas, de repente desapareció el apoyo estatal, entró la economía del mercado y los gobiernos no tenían cómo regularlo. De ahí surgió el famoso capitalismo gangster que invadió a Rusia en los años noventa, que enriqueció a unos pocos y dejó a muchos en la miseria.

Hoy, según Glenny, el crimen organizado es responsable de un 15 por ciento del PIB mundial. Y aunque hoy el mundo atraviesa un periodo de rechazo a la globalización, como se evidencia con la victoria de Donald Trump, el británico no considera que esa cifra vaya a disminuir, en parte porque las redes de bienes y servicios ilícitos ya se han consolidado. Lo único nuevo, opina, será el precio de la droga. “Lo único que van a lograr los nuevos muros y controles en las fronteras es que la gente del crimen organizado pueda cobrar más. El muro entre México y Estados Unidos no va a disminuir el flujo de cocaína. Esa es una ilusión. Estos bienes y servicios ilícitos no son tanto necesidades básicas de la vida, como una nevera, sino productos conducidos por deseos irracionales y psicológicos, y la gente por lo general no está dispuesta a abandonar sus placeres. Para el crimen organizado, las fronteras son un reto, pero ese es su trabajo, y son muy buenos haciéndolo”.

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