Franklin Tejedor y Julián Salazar, integrantes de Mitú

Mitú hace su debut musical con Potro

Julián Salazar, guitarrista de Bomba Estéreo, y Franklin Tejedor, percusionista de San Basilio de Palenque, hablaron con Arcadia sobre su propuesta musical en la que combinan beats electrónicos con ritmos musicales palenqueros.

2013/02/26

Por Revista Arcadia

Potro es el disco debut de Mitú, agrupación conformada por Julián Salazar, guitarrista de Bomba Estéreo y Franklin Tejedor, percusionista de la población de San Basilio de Palenque. Se trata de  nueve canciones que fusionan beats electrónicos, producidos por sintetizadores análogos y cajas de ritmos, que se mezclan con tambores y ritmos folclóricos.

Aunque la combinación de electrónica y ritmos tradicionales ha sido explorada previamente por grupos como Bomba Estéreo, Sidestepper, o La mojarra eléctrica la propuesta de Mitú es innovadora por cuanto prescinde del computador para las mezclas de sonido. Julián Salazar hizo un viaje a la selva y quiso recrear sus sonidos. En este proyecto deja de lado la guitarra y se dedica exclusivamente a la producción de ritmos electrónicos al margen del computador.

Para él,  “la pantalla no es una fuente directa de sonido y no permite la sensación de que la música la estás produciendo tú mismo”. Su elección de los sintetizadores se debe a que cada uno de estos instrumentos ayuda a enfocar la producción, pues “como permite únicamente determinadas posibilidades, aprendes a manejarte muy bien con eso y sacarle más provecho”.

La propuesta de Mitú articula estos ritmos electrónicos con las cadencias de los tambores de Palenque. Después del Hay Festival de 2009, en donde Bomba Estéreo se presentó conjuntamente con Franklin Tejedor como invitado, Salazar y él decidieron reunirse para combinar tradición y tecnología. Para Tejedor, quien desde muy niño comenzó a tocar los tambores escuchando a su familia, la unión de ambos ritmos significa una posibilidad de intercambio y conservación cultural. “Al mezclar la música palenquera con otros géneros, más gente puede conocerla y se la da una mayor trascendencia. Además, es una posibilidad para que en Palenque se conozcan los ritmos electrónicos que hasta ahora se desconocen”.

Potro no solamente da a conocer los ritmos de Palenque, sino también el palenquero, la lengua nativa de San Basilio de Palenque, que combina el español con lenguas bantúes de África. “Las letras de las canciones tienen frases o palabras en palenquero, como chalua que se refiere a un ritmo rápido de baile o umano que significa hermano”, dice Tejedor.

Algunas de las canciones como Mercedes, incluyen igualmente experiencias personales de Tejedor. “Estaba enamorando a una chica, quería que me aceptara como novio y de ahí sale la letra “dime que sí Mercedes”, explica Tejedor y cuenta que es propio de la cultura de Palenque cantar las experiencias de la vida diaria. “En Palenque está presente la música todo el tiempo, entre los niños y  viejos.  El que no baila toca y el que no toca canta. Las palenqueras que están vendiendo dulces y cocadas van cantando”.

Pero la música de Palenque no se ha quedado en lo tradicional y existen cantantes de la comunidad que están haciendo actualmente reggeton, rap, champeta y reggae. “Se va perdiendo la tradición como tal, van llegando muchas influencias de otros lados y los viejos han muerto”, explica Tejedor. Para el percusionista, la propuesta de Mitú es una forma de salvaguardar los ritmos ancestrales palenqueros y motivarlos.  En un futuro, Tejedor quisiera hacer una escuela de música en Palenque para que “los pelaos sigan el arte y no olviden sus raíces”.

Además de rescatar lo tradicional e innovar, Potro se caracteriza por la espontaneidad. Los tres primeros temas del disco surgieron desde el primer ensayo, que tuvo una fluidez inesperada para ambos integrantes del grupo. Se ha intentado conservar la creación tal y como surgió en los primeros encuentros, pues como afirma Salazar “con la posproducción se puede llegar a perder el carisma inicial”. Sin embargo, las canciones de Mitú podrían nunca llegar a repetirse exactamente de la misma manera. “Los botones sufren cambios de posición y nunca tienen un mismo timbre y además están ahí para disposición del momento, para ser interpretados como lo estemos sintiendo y como lo esté sintiendo la gente”, explica Salazar.

"Podemos variar mucho la música que podemos hacer”, dice Salazar. Al descubrir las cadencias de los tambores palenqueros y encontrar cómo se fusionan con los beats de los sintetizadores análogos, Salazar y  Tejedor son quienes marcan el primer paso.  “No existe un referente previo de cómo alguien fusionó un ritmo palenquero como el jalao con electrónica” dice Salazar. 

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